Zhaojun: La princesa, el amor y la armonía entre pueblos

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Normalmente cuando hablamos o hacemos referencia al amor la mente nos remite a la pareja, tal vez al sentimiento filial, sin embargo, se puede amar a los seres humanos en general y con ello dar lugar a la armonía entre pueblos, contribuir a la paz por un largo periodo. Esto es posible, no es casualidad exista el Premio Nobel de la Paz.

Este es el tema central de la danza dramática  Zhaojun. La Princesa, proveniente de China, con toda la magnificencia del arte oriental; una historia de la vida real (año 333 A.C.) llevada a escena con una calidad estética sin parangón; corporalidad y gestualidad proyectan belleza; plasticidad impecable del maquillaje, vestuario y escenografía. La música envuelve lo espectacular, todo integrado en una manifestación artística venida del lejano oriente.

La dramaturgia de YuPing narra con capacidad de síntesis rodeada por agradar a los sentidos a través del dramatismo emanado de la heroicidad de la protagonista. Cito: “El gran corazón y buena voluntad de Wang Shaojun la hace superar obstáculos, enfermedades, idioma y cultura al enfrentar su misión política mediante una alianza matrimonial. Lo que demostró el gran sentimiento de amor y patriotismo hacia China, convirtiéndola en un símbolo de solidaridad y buena voluntad. La princesa Zhaojun finalizó su vida en esa tierra lejana“.

Contrario a lo que se pudiera pensar, la puesta se aparta de lo que estamos habituados a identificar con las artes escénicas orientales, en concreto con las chinas. La(s) coreografía(s) son una mezcla de danza contemporánea (al estilo occidental) y en menor grado con el folclore de esa lejana nación; lo mismo acontece con la música, nada que ver (escuchar) con el ‘sonsonete’ de sus instrumentos tradicionales. Kong Dexin, directora general y coreógrafa; compositor Zhang Qu. Impresionantes, de igual forma, el vestuario (Yang Donglin), la escenografía e iluminación (Ren Dongsheng) y el maquillaje (sin crédito en el programa de mano). Una superproducción: 72 artistas en escena, ocho telones de una belleza plástica fuera de serie y 700 piezas de vestuario, sólo por mencionar algunos números, sin embargo, cabe aclarar no se trata de cantidad sino de calidad.

Bailarines, hombres y mujeres, una muestra categórica de cómo combinar la fuerza y la gracia, técnica y naturalidad, prestancia y elegancia, porte y gallardía, garbo y flexibilidad. La escenografía va de lo espectacular a la sencillez del espacio vacío y viceversa, colores creados con ilusiones de luz, la escena se llena con la belleza corporal, con la energía de cada uno de los participantes.

La presentación, en el Auditorio Nacional de la Ciudad de México, de la compañía China National Opera & Dance Drama Theater, se enmarcó en la clausura del Año Cultural de la República Popular China en México, llevado a cabo en 2017. Con espectáculos como Zhaojun. La Princesa da gusto importar una producción china.

Por: Alejandro Laborie Elías | @filmeweb

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