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“Solsticio de invierno”: El neofascismo entre nosotros

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Jaime Rosales Domínguez.-

Conforme a su objetivo de traer a la escena mexicana nuevas propuestas de la dramaturgia contemporánea, Por Piedad Teatro escenifica “Solsticio de invierno”, del autor alemán Roland Schimmelpfennig (Gotinga, 1967), de cuya pluma se han montado en México “Noche árabe”, “El dragón dorado” (también de Por Piedad…) y “La mujer de antes” (Teatro Línea de Sombra).

Se trata de un prolífico y premiado autor europeo con más de 30 obras, quien en mayo de 2015 estuvo en nuestro país invitado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) a la Cátedra Bergman.

De Por Piedad Teatro vimos apenas el año pasado “Abismo”, de la también dramaturga alemana María Milisavljevic, una obra parecida a “Solsticio…” en el empleo de una estructura también narrativa, aunque el duro tema de la desaparición de personas tenía allí una causa más pasional que política, lo que debilitó el tratamiento del asunto.

Schimmelpfennig escribió “Solsticio de invierno” como una alerta ante el avance del populismo de derecha que parece enseñorearse en el mundo mediante un ropaje y una fachada ideológica amable y un discurso civilizatorio a su modo, que no es contenido a tiempo por quienes tienen capacidad de hacerlo.

El tema recuerda la metáfora de “El huevo de la serpiente”, la película (1977) de Ingmar Bergman ambientada en los años 20 en que se advertía sobre el advenimiento del nazismo alemán, un movimiento que parecía inofensivo como el reptil en gestación que puede distinguirse a través de la delgada membrana del cascarón, pero que una vez salido de éste muestra su poder destructor.

“Solsticio de invierno” se desarrolla entre la media tarde del sábado 24 de diciembre y la madrugada de la navidad. “Bettina” (Ana Graham) y “Albert” (Antonio Vega) forman una pareja de intelectuales europeos con una hija, “Marie”, de cinco años (Lorena Abril Martínez Urban, cuya voz se escucha en off, como la de otros personajes). Él es editor, escritor, sociólogo y ensayista; ella, bailarina, escenógrafa e ilustradora que ahora dirige sus propias películas.

La inopinada llegada de “Corina”, madre de Bettina, es seguida por el arribo de “Rudolph”, un enigmático doctor alemán a quien la recién llegada conoció en el tren y a quien se permitió invitar a pasar la Navidad con ellos.

Solsticio invierno 2

El extraño es una presencia que se adivina anómala y ominosa en aquella casa atravesada de por sí por secretos que se entrecruzan como ríos subterráneos a lo largo de todo el macrocosmos argumental. Queda así introducida en aquellas vidas (metáfora del cuerpo social) la pieza envenenada que vertebrará el conflicto.

La obra está sólidamente estructurada, cuenta una historia sin fisuras que llega al espectador mediante recursos que combinan el diálogo entre personajes, el monólogo interno, la descripción y la narración propias de la novela y hasta del cine con la simultaneidad de escenas y flashback.

Si en toda obra dramática el tiempo es un factor, en esta es casi un personaje, pues la historia se cuenta con sentido cronométrico (12:28 a.m. Conrad se levanta. Va a la cocina…; 12:33 a.m. Albert quiere decir algo…; 12:39 a.m. Conrad repentinamente avienta el vaso por encima de su cabeza).

Ese situar contantemente, y hacia el final de la obra casi cada minuto, lo que ocurre, le da al conjunto una dinámica que ensambla escena tras escena a un ritmo incesante que hace pasar inadvertido el hecho de que, si bien hay representación, la obra apenas si echa mano de lo que es consustancial al drama: la ejecución de acciones, que aquí más que físicas son verbales.

Esta preeminencia de la narración le da a “Solsticio de invierno” un tono menos ficticio que real, pues al contar las cosas que suceden en escena y proporcionar datos y datos que apelan a la razón sobre lo que está ocurriendo, Schimmelpfennig introduce una distancia respecto de la ficción y entonces la apuesta cambia: no se aspira tanto a conmover al espectador sino moverlo a la reflexión sobre el caso planteado: el riesgo de extremismos como el neofascismo que se introducen en nuestras vidas con una cara amable.

Además de dinamismo, este remarcar el paso de las horas produce el efecto casi relativista de un encogimiento del tiempo, como esa escena en que “Bettina” dice escuchar un ruido “como de vidrio estrellándose”, y más adelante, cuando adorna el árbol de navidad y busca una esfera sin encontrarla, uno entiende que lo que se escuchó antes fue la rotura de esa esfera. O la voz en off narrando en dos distintos momentos la escena de un hombre en overol y una mujer en traje sastre, prendas que en la segunda alusión estarán por el suelo.

Solsticio invierno 3

El aporte de Ana Graham y de Antonio Vega como protagonistas y directores de la obra, es un ejercicio cabal de lo que es el teatro como puesta en escena e interpretación creadora. La obra está escrita para siete personajes: los ya referidos esposos y su hija; “Corina”, la suegra y “Rudolph”, el extraño invitado. Pero además también están “Conrad”, un amigo de la familia y “Naomi”, compañera de “Albert” en la editorial.

En vez de eso Por Piedad Teatro nos ofrece solo a “Bettina” y a “Albert” quienes narran toda la historia con la adecuada velocidad de dicción que pide la sucesión y la simultaneidad a que aspiran algunas escenas. La interpretación del resto de los personajes queda a cargo de ellos mismos apoyados en un recurso bastante imaginativo: muñequitos, figuras articuladas de madera colocadas dentro del único elemento escenográfico: un departamento ‒la idea remite a una casa de muñecas‒ en un edificio de cuatro pisos que reproduce a escala el espacio donde se desarrolla este drama que así se convierte en un juego de posiciones (la del extremista de ultraderecha y la de los intelectuales liberales).

El dispositivo, diseñado como la iluminación por Víctor Zapatero, es giratorio y permite mostrar la fachada del conjunto o abrirlo para situarnos en el interior del departamento donde pueden verse la sala, la cocina y la recámara de la hija.

La obra tiene además un soundtrack con música de Chopin (Nocturno núm. 2 Op. 9) y los preludio y fuga números 17, 23, 24, 1, 16 y 8 del Clave bien temperado, de J.S. Bach, que Rudolph interpreta al piano. La alusión musical al temperamento bueno es, de nuevo, una advertencia de lo que se aproxima, pues para el extraño “la música es un orden glorioso. Cada quien tiene su lugar y cada quien debe saber el lugar que le corresponde, como en una orquesta en que no todos pueden ser el director”.

Puede decirse que “Solsticio de invierno” es un concepto teatral amplificado no sólo desde la estructura y la premisa construida por el dramaturgo sino por el modo imaginativo y actoralmente sólido en que Graham y Vega la han re-creado y resuelto en el escenario.

La traducción es de la propia Ana Graham y Antonio Vega junto con Stefanie Weiss; el diseño sonoro y la música original son de Cristóbal Maryan y Emil Rzajev. La temporada en el Teatro Orientación del Centro Cultural del Bosque, en la Ciudad de México, es del 27 de abril al 4 de junio, de jueves a domingo.

Fotografías: Jaime Rosales Domínguez

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