“Telegramas” o de cómo la vida se conjuga en pasado

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Jaime Rosales Domínguez.-

Telegramas”, la obra de Daniel de la O reestrenada en el Teatro La Capilla, lleva por título un anacronismo. En la era de las redes sociales y la comunicación instantánea vía teléfonos inteligentes, los telegramas -y cualquier forma de comunicación personal escrita, en realidad- han casi desaparecido.

Lo que sigue vigente y sostiene la obra, -un reencuentro, tras años de separación, entre dos hermanas, tratando de reconocerse en sus deseos y experiencias-, es el conflicto humano que arrastran y en el cual hay desconfianza, revelaciones, evocaciones y hasta provocaciones. Entre aquellas dos mujeres a las que sólo vemos sobre el escenario unos 50 minutos, hay un pasado que atisban desde lo que ya no son.

El tono evocador de la obra, de soledad y nostalgia interior lo ponen desde que el espectador entra a la sala donde ‘Ana’ (Jheraldy Palencia), sentada sobre un tapete en el piso, en medio de una oscuridad apenas matizada por una batería de luces colocada a ras de suelo, entona la letra de “Colores”, de la extraordinaria banda jalisciense, Aspersan.

Yo quisiera ser un ave

Yo quisiera ser el sol

Amarillo es el canario

Y rosita mi abuelita

Que daría la vida misma por tener otro color”.

Luego de eso el intercambio entre ‘Ana’ y ‘Maricarmen’ (Claudia Silki), deviene esgrima verbal mediante diálogos cortantes, (como el empleado en los telegramas), que revelan las tensiones familiares, en los que la primera parece llevar la iniciativa a partir de una postura vital penetrante y menos convencional frente al conservadurismo de la segunda, una mujer “felizmente casada” que aprendió que lo esencial del amor y el dinero es su valor de cambio.

El emerger los secretos de familia va dándole cohesión al drama, cuya acción avanza merced a una estructura paralela, en que las claves de lo que no sabemos está en los telegramas o mensajes que ambas cursaron entre sí y que De la O introduce en medio de la disputa en el escenario, mediante breves rompimientos (casi como un aparte), en que una dice de pronto “De Ana para Maricarmen” o “De Maricarmen para Ana”.

Como se trata de sólo dos personajes y una obra en que el conflicto ya existe previamente y no es resultado de un rompimiento al que se llegue gradualmente dentro del propio desarrollo, De la O recurre a la función diegética o narrativa del lenguaje que le permite complementar lo escenificado y dar al público la información que necesita para ponerse al corriente en los antecedentes de la trama.

Esa función está enmascarada mediante el recurso de las cartas y por lo que una a la otra se dicen (te lo digo personaje para que lo entiendas público).

Al final, lo que Daniel de la O ha tejido es una reflexión acerca del tiempo (la idea Nietzschiana del eterno retorno se cuela en lo que dice Ana: “Odio el pasado. El pasado siempre regresa disfrazado de presente, disfrazado de futuro. Nos hace creer que se va”), repetición también manifestada en la infinitud de las personas, pues somos los que nos antecedieron y los que vendrán: “…estamos hechos de mucha gente, no sólo de dos; gente que lleva años muerta, gente que ya nadie recuerda”.

Esta circularidad temporal queda subrayada por la repetición de la frase: “Llegastecuándo llegaste”, con la que ‘Ana’ parece recomenzar cada tanto la conversación con su hermana que a su vez repite: “El collar de mi mamá ¿Lo has visto?” O por el mismo título de la obra, “Telegramas”, otra reminiscencia del pasado.

La propia historia de la pieza, la disolución familiar, es una situación que se verifica una y otra vez en forma indefinida, lo que convierte a estos dos personajes en seres que buscan restañarse uno al otro para seguir en esa vorágine interminable, un poco más reconciliados consigo mismos.

El trabajo de Jheraldy Palencia y Claudia Silki crea con buen oficio actoral el ambiente de tensión y confrontación de caracteres que la pieza propone.

Esta reposición de “Telegramas”,  -la anterior se presentó en 2013 dirigida por Salvador Aguirre-, es producida por la Fundación Arte y Pasión y Fantasmas Teatro en colaboración con Sin Sonrisa Teatro.

Es el trabajo de maestría en dirección escénica de la Escuela Nacional de Arte Teatral, que presentó su autor asesorado por David Olguín, Gabriel Pascal, Ignacio Escárcega y Ricardo Díaz.

La actual temporada en el Teatro La Capilla tiene funciones los martes del 20 de junio al primero de agosto.