El teatro, peldaño importante para el éxito de Irma Lozano

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El teatro fue un peldaño importante hacia el éxito de la carrera de Irma Lozano, y también el cine, aunque gran parte del público se enfoca en su paso por la televisión, pues pareciera que las telenovelas, varias de ellas de gran éxito, cimentaron una trayectoria que merece ser valorada por quienes la recuerdan como una presencia fuera de serie en los escenarios teatrales.

Ante esto, sería justo que algún historiador del espectáculo teatral, rescatara las crónicas sobre sus triunfos escénicos.

Haciendo historia sobre esa parte de la carrera de la actriz, se comenta que su debut teatral ocurrió en el montaje de la comedia La luna es azul, en el Teatro de Los Insurgentes, como dama joven del legendario galán del cine mexicano Mauricio Garcés, en 1963.

Sin embargo, algo había ocurrido poco antes en ese mismo año en Monterrey, Nuevo León, que fue justamente lo que marcó el inicio su trayectoria.

En la capital neoleonesa, siempre ha existido un movimiento teatral de alto nivel profesional, y en la década del sesenta, todo un grupo de directores fomentaba la afición por el buen teatro, con el montaje de autores mexicanos.

El director teatral Luis Martín, poseedor también de larga carrera, narró que el detonador de la carrera de Irma Lozano en Monterrey, se dio con la obra Los huéspedes reales, de Luisa Josefina Hernández, haciendo el papel protagónico de este drama que Natalia Traven retomó hace algunos años en el Teatro la Capilla, en Coyoacán.

En esta obra Lozano interpretó a la hija de una madre posesiva que se niega a someterse a un matrimonio que le han arreglado. El montaje se hizo en el Teatro del Obispado en Monterrey, y además de fascinar con su interpretación, la actriz tenía el gran momento de la obra cuando se rebela contra su madre y en un gesto muy dramático, rompe un collar de perlas con el que querían convencerla de casarse con un hombre que no ama.

Era tan impactante cuando su personaje reventaba el collar de perlas para apoyar su rebelión contra la madre, que el público estallaba en aplausos creando esos momentos que en el teatro son irrepetibles. Pepe Valero, productor y director de la Ciudad de México, tuvo oportunidad de ver el trabajo de la actriz, y pronto la recomendó para que hiciera en la capital a otra jovencita rebelde, en La Luna es azul, con la cual Irma Lozano conquistó a su primera generación de admiradores.

Fue así que en sus cincuenta años de carrera, que cumplió poco antes de morir, el 21 de octubre de 2013, se hizo favorita de los directores de escena.

Alexandro Jodorowsky la llevó en su original adaptación de Así hablaba Zaratustra; igualmente Julio Castillo la llamó para hacer El Evangelio, y también Atlántida, la obra del autor mexicano Óscar Villegas; el actor, director y autor español Adolfo Marsillach vino a México a dirigirla en la comedia de la transición postfranquista Yo me bajo en la próxima, ¿y usted?, de exitosa temporada en el Teatro Lírico.

En el cine, Irma Lozano formó parte lo mismo de  comedias ligeras como Modisto de señoras, donde hizo nuevamente pareja con Mauricio Garcés, o melodramas como Yesenia o María Isabel; sin hacer a un lado a algún director que mostrara aún más su valor como actriz, como sucedió con Alberto Mariscal, que la dirigió en su western Todo por nada, protagonizada por Mario y Fernando Almada.

En su crónica del filme, Jorge Ayala Blanco destacó la brillante presencia de “la Pasoliniana Irma Lozano”, con lo cual le dio a la actriz una categoría que la acercaba a las heroínas del cine del director italiano Pier Paolo Pasolini. Era la confirmación del alcance de una presencia que trascendió la banalidad de géneros televisivos para ubicarse como una figura de trascendencia.

Por: Fabián de la Cruz Polanco | @fabiancpolanco