Soundtrack: Zatoichi, de Takeshi Kitano

abril 7, 2018

Por: Redacción

Mientras hace algunos años, estábamos en la espera de que Takeshis, en esos momentos el más reciente filme de Takeshi Kitano, se dignara llegar a México, tuvimos la oportunidad de volver a cualquiera de sus magníficos trabajos. Uno de ellos, precisamente el último que pudo verse en el país en ese entoces, es Zatoichi, filme dirigido, escrito y protagonizado de forma deliciosa por el propio Kitano.

Historia de época, ésta muestra a un ronin desterrado y mítico, pues su ceguera y gran destreza conjuntas le han creado una fama que, para muchas personas, no es otra cosa que una simple leyenda. No obstante, cuando su camino lo lleva a cruzar un feudo en el que se desarrollan distintas corruptelas y vicios del poder, su agilidad con la espada logra regresar cierto orden que, por supuesto, únicamente pudo suceder gracias a que quienes minaban el orden en aquel lugar se entrometieron con Zatoichi.

El filme, como nos ha acostumbrado en toda su filmografía este autor, se compone de historias envolventes, personajes increíbles, una serie de imágenes sorprendentes, un montaje sobresaliente, actuaciones muy peculiares, violencia cruda a ratos, mucho humor y un soundtrack inolvidable.

Las bandas sonoras, los soundtracks, en los filmes de Kitano han sobresalido casi en su mayoría por tratarse de sobresalientes ejecuciones de  jazz o arreglos orquestales delicados y contenidos a cargo de Joe Hisaishi (quien igualmente ha revestido magníficamente la obra de Hayao Miyasaki). No obstante, para Zatoichi el cineasta optó por un experimento interesante del músico Keiichi Suzuki quien, aunque posee poca experiencia en cine, ya había hecho el acompañamiento musical para el fabuloso filme de horror metafísico Uzumaki, realizado en 2000 por Higuchinsky.

Si bien, Susuki es prácticamente un neófito en la cuestión cinematográfica, le precede una amplia y célebre carrera como músico y productor de rock en Japón, desde su primer proyecto importante, Moon Riders (pionero del movimiento de rock en japonés), hasta su reciente desempeño como exitoso productor de Pop.

Toda esa experiencia puede notarse claramente en su trabajo para el filme de Kitano, pues aún cuando los sonidos y elementos que producen el acompañamiento musical no corresponden al lugar común de una historia de ‘época’, el saxofón, la trompeta y un universo de colores producidos por el teclado de Suzuki colocan el filme en la contemporaneidad sin perder su carácter histórico.

La aparente contradicción entre el mensaje de la imagen y la condición moderna de la música en este filme, en lugar de darse un encontronazo, realizan un admirable ejercicio de experimentación en el que se revisa la música tradicional japonesa, reproduciendo los sonidos del koto, el shamisen y algunas flautas, y en otras ocasiones revistiendo y dándole dimensión a la imagen con sonidos netamente electrónicos y sorprendentemente acordes a lo visto en pantalla.

Un momento sobresaliente, por ejemplo, es aquel en el que vemos una secuencia que en realidad más allá de color parece no tener otra función: vemos a unos agricultores arar la tierra mientras constructores trabajan en los cimientos de una casa, la lluvia comienza a caer sumándose así a una serie acciones y reacciones que crean una melodía de ritmos en la imagen y el sonido.

La ilustración del momento lograda por Kitano, Suzuki y todo el equipo es sobresaliente, pues trabaja a varios niveles: muestra el cuidado que el realizador pone en todos los elementos que conforman el mensaje fílmico, muestra que la música debe ir más allá que un simple acompañamiento y, sobre todo, la inteligencia para ofrecer varias lecturas en un mismo esfuerzo, pues dicha secuencia funciona como secuencia enlace, como secuencia para darle color y ritmo al filme, como momento para contextualizar de forma histórica e, igualmente, para ofrecer, simplemente, un espectáculo a los sentidos.

Como sea no dejen de ver esta película, y si tienen ocasión de conseguir el soundtrack (editado por MYA Records en Japón) no duden en adquirirlo.

Por: Mauricio Matamoros

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