Soundtrack: Suspiria/Alarido

julio 23, 2018

Por: Redacción

Es posible que varios de los lectores que estén leyendo esta información, recuerden las fabulosas campañas publicitarias que Carlos Amador le armaba a todo el cine de explotación europeo que gustaba distribuir en nuestro país durantes los años 80.

Comerciales en televisión y diversos anuncios en diarios hacían de aquellos filmes –a los cuales las grandes distribuidoras les hacían el feo- éxitos asegurados que hicieron de Amador una especie de Roger Corman mexicano. Entre mucho de aquel cine truculento que le encantaba traer, y que muchos gustábamos de ver, no faltaron algunas verdaderas obras clave del cine de horror y explotación.

Uno de esos sucesos mercadotécnicos extraños que a este productor y distribuidor de cine en México le gustaba hacer, por ejemplo, fue el reestreno de Alarido, a mediados de los años 80. Entonces, con cerca de una década de haber pasado por la cartelera del los cines del mundo, este filme italiano realizado por Dario Argento en 1977, logró permanecer durante varias semanas en cartelera, seguramente por el dato que en su publicidad hizo resaltar Amador: que Miguel Bosé formaba parte del elenco del filme. Y efectivamente el intérprete español aparece por primera vez en cine en este filme; aunque esta participación no pasa de ser algo muy breve.

En fin, el caso es que de muchas de esas cintas que explotaban sexo, sangre y otros ingredientes para pelar los ojos, Amador veía cómo, pero las convertía en éxitos de taquilla.

Alarido, de esa forma, fue recordada para una nueva generación de entusiastas del género de horror. Sexto filme en la sobresaliente filmografía de este italiano, Alarido o, llamémosle por su título original Suspiria, con el paso de los años creció a un filme realmente mítico, por su extraordinaria propuesta visual y por lo complicado que resultó verla en su versión original en varias partes del mundo.

El caso es que Suspiria abre, lo que hasta el momento continúa como, una trilogía truncada, y que en teoría en algunos meses será finalizada.

Como se comenta líneas arriba, Suspiria se trata de todo un logro visual en el que el espectador es enfrentado a un juego macabro de luces y sonidos. Para lograrlo, Argento a partir de la inspiración producida por el trabajo de pintores clásicos construyó su historia en base a frescos tridimensionales en los que el grand guinol llegó al paroxismo, en gran medida gracias al trabajo conjunto logrado con la banda sonora.

Esta película que se desarrolla en una escuela antigua de danza -en la que un grupo de brujas cuidan de la más antigua de ellas-, evoluciona a partir de una anécdota sencilla y, sobre todo, en una serie de sucesos increíbles y faltos en buena medida de lo que entendemos como lógica. Es así que el filme transita en una atmósfera harto surrealista, y la cual logra envolver absolutamente al espectador.

La banda sonora está compuesta por una banda italiana de rock progresivo que se conoció como Goblin, y que para este trabajo colaboró con el propio Argento en la composición. Ya en 1975 habían trabajado con este cineasta para la brillante Profundo Rosso, y su desempeño brilló igualmente y el cual bien puede ser discutido en otra entrega de esta columna. Con aquel trabajo, incluso, el grupo vendió alrededor de 5 millones de copias del soundtrack y realizó una gira realmente exitosa.

El caso es que este trabajo musical, y visual conjunto, es uno de los más extraordinarios encuentros de imagen y sonido en el cine de horror.

Podemos decir que este filme posee algunos de los momentos de shock y horror mejor construidos en la historia del cine, algunas de las secuencias de suspenso más elaboradas y una imagen plena de colores contrastantes producto de un depurado trabajo de conceptualización, así como de la utilización de una cámara y un proceso de revelado que ya se encontraban descatalogados. Pero tenemos que centrarnos en la música del filme (lo cual, por supuesto, es pretexto suficiente para que busquen este filme).

A partir de la inquietud y apertura hacia la experimentación a priori, implícita en una banda de rock progresivo, Goblin construye una serie de atmósferas y sonidos que surgen de la reverberación electrónica –guitarra, bajo, sintetizador y batería-, por supuesto, pero evolucionan y terminan en una orgía sonora que combina lo tribal con lo más moderno.

Es de esa forma que el filme arranca desde el inicio de los créditos con un encuentro entre percusiones y quejidos que ponen en alerta al espectador de golpe. Los sonidos y las imágenes crecen conforme inicia la acción de un aeropuerto a un viaje a través de un bosque en medio de una tormenta.

Y así como los sentidos son puestos al máximo en esa estresante secuencia inicial, la siguiente corta de tajo el ambiente previamente establecido proveyendo de una creciente tensión al espectador.

Esa es la línea que sigue el filme, sus imágenes y sonidos: una ruptura constante de ambientes a partir de una fabulosa manipulación camaleónica de los ambientes a través de los sonidos y las imágenes que estos resaltan.

Es así que diversos instrumentos de percusión, de cuerdas y la propia voz humana en distintos niveles crean un escenario audiovisual indescriptible.

El caso es que Suspiria significó uno de los puntos más altos en la relación profesional de realizador y músicos, lo que significó una nueva línea para construir scores e, incluso, rock y otras vertientes musicales.

Este soundatrack, por supuesto, nunca ha sido editado en el país; pero existen diversas ediciones italianas y japonesas que pueden localizarse a través de Internet o algunas tiendas de discos locales.

Por: Mauricio Matamoros | @MMatamorosD

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