Soundtrack: Rumble Fish

febrero 17, 2018

Por: Redacción

A estas alturas, todo aquel lector que esté más o menos empapado de la cultura del rock, sabrá que la prominente banda inglesa de rock ochentera The Police ha anunciado su reunión tras más de dos décadas de desbandarse entre diferencias de sus tres integrantes: Sting, Andy Summers y Stewart Copeland.

En 1983, un año antes de que terminara por rasgarse lar ropas con el resto de The Police, Copeland realizó su primera incursión y de manera realmente brillante, con el soundtrack a Rumble Fish (conocida en México como La ley de la calle) un filme extraño y delicioso dentro de la filmografía de Francis Ford Coppola, basado en la novela de S. E. Hinton.

Se trata de uno de esos filmes que han marcado a una generación de espectadores, tanto por la galería de personajes como por el look del filme. Vamos, en pocas palabras, se trata de un filme de culto.

Mickey Rourke interpreta a un bándalo sobre una motocicleta: mítico e inalcanzable, permanece como leyenda en el pueblo donde nació. Ahí, su hermano menor, interpretado por Matt Dillon, pelea con su entorno, sus deseos por lograr ser alguien, y la necesidad misma de parecerse a su hermano.

Es decir, la anécdota no es la más interesante; pero eso mismo frece lo necesario para que Coppola realice un sorprendente ejercicio de estilo en un blanco y negro muy trabajado en sus ángulos e iluminaciones, con ciertas sorpresivas tonalidades que le dan un nuevo sentido a la forma y el dispuso mismo de la historia.

Por supuesto que algo básico en el ambiente del filme es la partitura de Copeland, un trabajo que no es el obvio o esperado –tanto para la historia o para las características del músico, hasta entonces-, pues sutilmente va construyendo un mundo peculiar con una gran cantidad de ruidos y atmósferas sonoras, y que termina por incrustarse perfectamente sobre la película.

Once instrumentos son los que se cuentan entre los ejecutados por Copeland para este soundtrack, más cinco extras de músicos invitados. Como puede verse, entonces, se trata de una composición y ejecución casi personal, que por tanto se transforma en la opinión musical de una serie de imágenes (las del filme); un acompañamiento que resulta muy restringido en ese aspecto, pues reduce las posibilidades de variaciones en los distintos sonidos que componen dicha banda sonora.

Efectivamente, la composición en ese aspecto se escucha muy contenida, muy precisa a pesar de la cantidad de sonoridades que la componen, pero guiadas indudablemente –en mayor medida- por las percusiones, instrumento más que conquistado por Copeland.

Es ese aspecto de precisión que comúnmente implica a la batería el que se respira, y ese mismo beat el que parece dictar sobre el resto de los instrumentos en este trabajo, llámese piano, guitarra, banjo o, incluso, máquina de escribir.

Es en el track diez de este score, Hostile Bridge to Benny’s, en el que podemos escuchar un interesante encuentro entre máquina de escribir y batería, permitiéndonos escuchar esa peculiaridad mencionada que tan se agarra al filme.

Después de éste, Copeland ha trabajado en infinidad de películas, pero… triste o alegremente, sigue siendo muy bueno y el más célebre de sus trabajaos para cine.

Por: Mauricio Matamoros | @MMatamorosD

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