Soundtrack: Naranja Mecánica

0 Flares 0 Flares ×

Cuando en 1972 la opinión pública, y el mismo Anthony Burguess –autor de la novela en la que se basa el filme-, escucharon la música que acompañó A Clockwork Orange (Naranja Mecánica), de Stanley Kubrick, un rostro de aversión pareció dibujarse.

Entonces Walter Carlos (algunos años después, varias herramientas quirúrgicas lo transformarían en Wendy Carlos), compositor y ejecutante con estudios en Música y Física, ya había dado a conocerse con la celebrada y exitosa grabación Switched On-Bach (1968), en la que pudieron escucharse versiones electrónicas del músico alemán –tras su experiencia con Robert Moog, creador del celebrado órgano Moog. No obstante, cuando sus versiones a varias obras de Beethoven acompañaron el violento y colorido imaginario de Kubrick en A Clockwork Orange, pareció que la misma Técnica Ludovico que se le aplica al protagonista del filme (terapia de aversión que funciona a partir del hartazgo en los sentidos) había sido ejercida sobre el público mismo.

Por supuesto, ese simplemente fue uno de tantos problemas con los que el filme se encontró durante sus primeros años de existencia. Censuras y condenas hicieron de este uno difícil de ver en varias partes del mundo durante el 70 y el 80 y, por supuesto, esto no hizo más que reforzar el poder que el filme ya presentaba de manera implícita.

Es de esa forma, que el soundtrack de la misma ha generado su propia celebridad a partir de un sentimiento de aversión y placer entre sus seguidores.

La historia cuenta que un amigo obsequió a Carlos una copia de la novela de Burguess, y que el músico cayó hechizado por esta oscura ficción. De esa forma, la apreciación electrónica que entonces se encontraba realizando sobre el Movimiento Coral de la Novena Sinfonía de Beethoven comenzó a centrarse en las imágenes propuestas por la novela. Así, Timesteps, composición del propio Carlos que comenzó como una introducción a la pieza de Beethoven evolucionó hacia una “composición autónoma con una inexplicable afinidad hacia Clockwork”, según palabras del mismo compositor.

Cuando se supo que Stanley Kubrick estaba filmando una adaptación de la novela, el músico espero a que ésta finalizara para, entonces, proponerle su trabajo musical como acompañamiento de las imágenes. Kubrick aceptó.

The Ecstasy of Gold, de Ennio Morricone para Il Buono, il brutto, il cattivo, de Sergio Leone; el tema de The Godfather, de Nino Rota, para el filme del mismo título de Francis Ford Coppola; así como Also Sprach Zarathustra, de Richard Strauss, utilizada en 2001: Space Odissey y Timestep, ambas para filmes de Kubrick, se trata de piezas que ya han trazado toda una época evocando diversos ambientes y estados de ánimo, por lo cual no pocos han sido los músicos que las han utilizado para abrir sus conciertos.

El trabajo realizado por Carlos a partir de A Clockwork Orange fue parte importante de la evolución de la cultura Pop como voz predominante durante el cierre del siglo pasado. Aventurarse a interpretar piezas clásicas con herramientas modernas fue un acto artístico casi suicida y de aplomo, que permitió entender la ruptura de candados en el arte como juego necesario para la evolución hacia otro estado de inspiración.

El órgano y la utilización de voces transformadas en signos electrónicos hicieron de este trabajo una especie de señal sonora extraterrestre que trabajó de forma fenomenal con el filme para hacer de ambos, en conjunto y por separado, algo inolvidable, un mensaje indeleble de una época pasada.

La música de Carlos en A Clockwork Orange continúa siendo una experiencia enrarecida que, aunque estruja, fascina y seduce.

Por: Mauricio Matamoros | @MMatamorosD

Post relacionados