Soundtrack: La Maldición

abril 29, 2018

Por: Redacción

En 1987 un filme británico, de muy modesto presupuesto (ofrecido por la compañía estadounidense New World Pictures de Roger Corman), llegó para ofrecer nuevos caminos al cine de horror. Hellraiser (Puerta al Infierno) llevaba por título, y se trataba del filme debut del entonces joven novelista Clive Barker, quien en dicha producción adaptaba un cuento corto de su autoría, y cuya anécdota se construía en torno a los placeres extremos y lo que puede resultar cuando se encuentra la forma de alcanzarlos.

Hellraiser se trata de uno de esos filmes en el que las actuaciones, la puesta en escena, los efectos especiales y la música se confabulan rítmicamente para ofrecer una experiencia sin precedente.

En la actualidad, los Cenobitas –los demonios que ofrecen el placer extremo a cambio del alma en el filme- ya forman parte de la galería de monstruos clásicos, y la peculiaridad imaginativa de Barker ha creado ya toda una escuela.

Pero igualmente, de aquel esfuerzo creativo surgió Christopher Young, un compositor que rescató en su momento la telaraña orquestal para el género, y que había sido cambiada en gran medida por las posibilidades que ofrecían los sintetizadores a bajo costo.

Young no sólo logró un entramado de ambientes opresivos y desesperantes a partir de cientos de cuerdas y metales para el clásico de Barker, pues pudo darle igualmente al género un nuevo cariz al ganar en presencia y presentación, algo que poco a poco se había perdido ante la premura que este tipo de producciones sufrían con la falta de dinero y el ‘auxilio’ de los sonidos análogos.

Young, quien contaba con una maestría en Arte y Música, decidió estudiar composición para cine con David Raskin en la afamada UCLA bajo el hechizo sonoro de la obra de Bernard Hermann, compositor de buena parte de los scores en la filmografía de Alfred Hitchcock.

Y entonces podemos imaginarnos que la carrera de Young sería encaminada hacia historias que le permitieran construir ambientes e imágenes sonoras de pesadillas en mayor medida.

Así, hasta antes de su reciente trabajo en Spider Man 3 (al lado de Danny Elfman), Young creó el acompañamiento sonoro para The Grudge (La maldición), la reelaboración hollywoodense al ya clásico japonés de fantasmas Ju-On, dirigida por Takashi Shimizu, escritor y director de la saga completa tanto en EUA como en Japón.

La saga de Ju-On envuelve una historia de fantasmas que parece estar maldita en varios niveles, pues una dupla de fantasma (madre e hijo, a quien después se les une el padre, asesino de los dos primeros), se encarga de enloquecer hasta la extinción y maldición a los inquilinos, que corren con la mala suerte de habitar la casa que los vio morir. Se trata de un círculo vicioso que parece no concluir en momento alguno: van cuatro producciones japonesas, dos estadounidenses y está anunciada una tercera, y todas parecen repetir y reciclar varias ideas, momentos y situaciones, y todo esto sin que resulte aburrido… al menos para los que gustamos de todas estas historias.

El caso es que Young compuso una especie de sinfonía (de 49 minutos) para la primera entrega estadounidense de la saga y a la cual le dio el título de Ju-On. Se trata de una agobiante construcción sonora en base a cuerdas y metales, crispante a momentos y no menos que desesperante durante el resto. Pero esto se dice como un cumplido y no en detrimento de la obra.

Como el círculo maldito de la saga, esta obra musical se compone de distintos movimientos que finalmente no son otra cosa que partes de la descripción sonora de un terror, la maldición del título.

Young parece erigirse en estos últimos años como el vocero del suspenso terrorífico en cine y, el camino que construyó y que lo ha llevado a ese reconocimiento, muchos lo agradecemos. Sin duda.

Por: Mauricio Matamoros

Relacionados