“Sir KO”, una interrogante sobre y tras el escenario

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Jaime Rosales Domínguez.-

Está por concluir la temporada de “Sir KO” en el Teatro ‘Juan Ruiz de Alarcón’ de la UNAM. Se trata de una compleja puesta en escena, cuya notabilidad no se debe sólo a lo que ocurre en el escenario, (aunque en rigor sobre él ocurre muy poco), sino a los comentarios de molestia que ha suscitado en redes sociales.

La provocación escénica, creada y dirigida por Gerardo Trejoluna, ha concitado comentarios de un público poco dispuesto a la experimentación y a los nuevos lenguajes escénicos. Los cuestionamientos van desde el hecho de por qué la Universidad Nacional Autónoma de México, se gasta el dinero de los contribuyentes apoyando propuestas como la de “Sir KO”, a la que lo menos que se le reclama es que es un engaño ya que no es teatro.

En la función a la que se acudió vimos por lo menos a tres parejas abandonar la sala. Una reacción que no habíamos visto desde los ya lejanos años noventa, cuando en ese mismo teatro ‘Juan Ruiz de Alarcón’ se escenificó la excelente “El caballo asesinado”, del en ese entonces muy poco conocido Francisco Tario.

“Sir KO” es un drama que combina ambos lenguajes, el teatral y el cinematográfico, para interrogar e interrogarse acerca de la ficción, la vida y el propio quehacer escénico, pero que paradójicamente, ocurre fuera del escenario circense dispuesto sobre el foro. Allí casi no ocurre nada, porque todo lo miraremos a través de una pantalla que transmite las imágenes que una cámara capta de un actor-payaso en los camerinos del teatro.

La metáfora es doble: La vida convertida en ficción a través de las imágenes que nos inundan y la ocurrencia del fenómeno teatral en el escenario interno del actor, que de muchos modos es también el espectador mismo.

La fábula de Abraham Oceransky, impresa en el programa de mano, es una de las dos claves para no perderse en la aparente ininteligibilidad de la obra. Allí, un ministro pide al genio de la lámpara que devuelva al reino su antigua vitalidad; un alguien que hable sobre la crueldad de la vida y la muerte y sobre el amor.

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El genio le dice entonces que necesita un médico de almas, un narrador de historias de todos los tiempos, que hable del presente y del futuro, que soporte el dolor y anuncie el placer y con la experiencia para conmover el corazón endurecido del imperio.

Ambos coinciden entonces en que lo que se necesita es un actor, “alguien que se dé cuenta de que se da cuenta”. Lo que le entrega el genio, sin embargo, es un símbolo: un espejo. A cambio, el mago recibe como pago un Ave Fénix que al mirarla se convierte en llamas, una especie de alegoría del teatro, que al ocurrir se disuelve como el instante mismo.

Pero también se trata de una pieza cercana a un metateatro, no sólo en el sentido de que se abordan interrogantes cuassi ontológicas sobre el propio hecho teatral y actoral, sino porque en todo momento hay una aspiración no a la ficción sino al revés, a mostrar que se está mostrando una representación.

La otra clave referencial de “Sir KO” es el documental “Los payasos” de Federico Fellini. De hecho, durante la obra, –en lo que es la única escena a la vista de los espectadores—, se hace un remake, en el que el público presente hará las veces de los extras, sobre el funeral de los payasos, que es la parte final del citado documental.

Tanto en la fábula de Oceransky como en Fellini, el actor y el payaso son el espejo del hombre y la sociedad. Un poco de ese juego autoreferencial ocurre al principio de la obra cuando el técnico (Jazmín Maldonado), dirige la cámara hacia el público y éste se mira reflejado en la pantalla sobre la que luego se transmitirá toda la obra, que en realidad es una excelente producción cinematográfica dirigida por Yaride Rizk.

“Sir KO”  es una co-producción de Teatro UNAM, Membrana y Catatonia. La escenografía, videoarte e iluminación de Alain Kerriou y actúan Gerardo Trejoluna, Jazmín Maldonado, Yaride Rizk, Rubén Ortiz, Joaquín Herrera, Lorena Valdés Mejía, Fernanda Araceli Torres López, Erick Gonzalo Martínez, Adela patricia Ibarra y Emma Lolbé Echazarreta.

La obra tendrá sus últimas funciones del jueves 27 al domingo 30 de abril en el mencionado recinto del Centro Cultural Universitario.

Fotografías: Andrea López

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