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Sentimiento mexicano: Cantantes de ranchero en el cine

Fernando Díaz.-

Cantar y actuar no es cosa fácil, mucho menos cuando el intérprete en cuestión goza de una carrera privilegiada, y tiene la responsabilidad de convencer a los espectadores con sus dotes artísticas.

El caso de la música vernácula es excepcional, pues desde la Época Dorada del cine mexicano figuraron cantantes que, siendo multifacéticos, se les vio trabajar en ambas disciplinas, ganándose el respeto y la admiración del público.

El primer lugar lo ocupan, desde luego, Pedro Infante, Jorge Negrete y Luis Aguilar, quienes al ser pilares de la música tradicional mexicana, marcaron la pauta para que generaciones venideras de cantantes sorprendieran en pantalla grande con sus actuaciones, específicamente en dramas.

Lola Beltrán, por ejemplo, obtuvo fama y popularidad gracias a películas como “Al diablo las mujeres” (1955), “Una movida chueca” (1956), “Música en la noche” (1958) y la emblemática “Cucurrucucú paloma” (1965), donde fue dirigida por Miguel M. Delgado e interpretó la que es, quizá, la canción más conocida de su repertorio.

La lista no estaría completa sin Vicente Fernández, quien debutó en cine con el filme “Tacos al carbón” (1971), encarnando a un mujeriego dueño de varias taquerías, quien se ve envuelto en un problema de salubridad. Luego apareció en producciones como “El albañil” (1975), “El arracadas” (1978), “Una pura y dos con sal” (1983) y “Por tu maldito amor” (1990), en las que actuó y cantó.

Miguel Aceves Mejía, inconfundible por aquel mechón blanco en su cabellera, fue otra de las grandes estrellas del cine nacional. El llamado “Rey del Falsete” compartió pantalla con María Félix en “Camelia” (1953); y con Marga López en “Camino de la horca” (1961). Pero sería en “Música de siempre” (1956) que se reunió con Riz Ortolani, Katina Ranieri, Amalia Rodríguez, Ima Zumac y Edith Piaf.

Entre las mujeres también figura Rosita Quintana, que con más de 60 películas en su trayectoria fue musa de Luis Buñuel en “Susana, demonio y carne” (1951), e hizo gala de su voz en películas como “¡Cielito lindo!” (1957), “Cuando México canta” (1958) y “Serenata en México” (1956), en la que se le vio cantando con Luis Aguilar.

No menos importante fue la incursión de Lucha Villa en el cine. La intérprete de “Ya no me interesas” y “No discutamos” gozó de una prolífica carrera gracias a las películas “El mariachi canta” (1963), “Amanecí en tus brazos” (1976), “Lagunilla, mi barrio” (1981), “Mecánica nacional” (1972) y “El lugar sin límites” (1978), por la que ganó el Ariel al interpretar a “La Japonesa”.

En la década del 70 apareció una joven que hacía su debut en pantalla grande: Rosenda Bernal, quien se inició como intérprete de ranchero a los 10 años de edad, y apareció por primera vez en pantalla grande en la cinta “Me caí de la nube” (1974), a la que siguieron “Que te vaya bonito” (1978), “Contacto chicano” (1981) y “Rosita Alvirez, destino sangriento” (1982), entre otras.

Entre las cantantes de ranchero que también iniciaron su carrera en los escenarios musicales, para luego dar el salto al cine, figuran Beatriz Adriana, quien participó en “Caminos de Michoacán” (1979), con David Reynoso y Gerardo Reyes; o “El charro del misterio” (1980) y “La Coyota” (1987); así como Yolanda del Río, quien actuó en filmes populares y lacrimógenos como “La hija de nadie” (1979), “Las pobres ilegales” (1982) y “La india blanca” (1982).

Antonio Aguilar es otro intérprete que combinó su carrera de cantante con la de actor. Muestra de ello son las más de 100 películas en las que participó, entre ellas “Ahora soy rico” (1952), “El rayo justiciero” (1955), “El hijo de Gabino Barrera” (1965), “El caballo Bayo” (1969) y “Valente Quintero” (1973).

De hecho Flor Silvestre, su esposa y cantante de música tradicional mexicana, arribó a la pantalla grande gracias a filmes como “Primero soy mexicano” (1950), donde fue dirigida por Joaquín Pardavé; “Ánimas Trujano” (1962), “Caballo prieto azabache” (1968), en la que compartió créditos con Antonio Aguilar; y “La muerte de Pancho Villa” (1974).

Para deleite de las enamoradas y los hombres con poca suerte en el amor, los talentos de José Alfredo Jiménez y Javier Solís también saltaron de la música al cine. El primero lo hizo con “Pura vida” (1955), cinta en la que se interpretó a sí mismo; “Guitarras de media noche” (1958) y “Juana Gallo” (1961), entre otras.

Por su parte, el llamado “Rey del Bolero Ranchero”, participó en las películas “En cada feria un amor” (1961), “Un tipo a todo dar” (1963), “Campeón del barrio” (1964), y “Un callejón sin salida” (1965), por citar algunas.

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