“Rotterdam”, un humorístico drama sobre la búsqueda de uno mismo

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Jaime Rosales Domínguez.-

Cuando el público ingresa al Foro Shakespeare, la obra ya empezó. Mientras los espectadores buscan sus asientos, saludan a conocidos y platican animadamente inundando el inmueble con un murmullo sordo, sobre el escenario “Alice” (Pía Watson) escribe en silencio; duda, reflexiona, y vuelve a escribir en una laptop dispuesta sobre una mesa muy bajita.

Al fondo de la escena tres clósets de gran tamaño, colocados uno al centro y los otros en cada extremo del foro. En su momento, cada uno se abrirá y sorprenderá al convertirse ‒como en esos cuentos infantiles impresos con suajes en tercera dimensión‒ en una pequeña oficina, una recámara y un gran espejo en el que sugerentemente todos nos reflejaremos.

Además de escenográficos, esos tres muebles son en sí mismos una metáfora de lo oculto, de lo no revelado: “Tener uno cadáveres en el clóset” se dice para significar que se tienen asuntos impresentables de un pasado siempre presente. “Salir alguien del clóset” es revelar ante los otros la preferencia sexual hasta entonces inconfesada. Esto último es más cercano a lo que representan aquí esos tres armatostes.

Pero ahora pongamos atención porque “Alice” se incorpora de pronto…camina nerviosa, rodea la pequeña mesa en que trabaja y parece que toma la salida hacia el fondo del escenario. Indecisa, se detiene y regresa frente a la computadora a seguir tecleando.

Rotterdam 2

Al momento de la tercera llamada entra en escena “Fiona” (Valeria Vera) y “Alice” exclama: “¡Listo, terminé!”.

Estamos en “Rotterdam”. La obra toma el nombre de la ciudad en que se desarrolla la acción. Es sintomático: se trata de un nombre neutro, circunstancial, diríase que ascéptico; acaso para no inducir, desde el título, ninguna pista o prejuicio sobre los polémicos temas que trata: la identidad, el género, el amor. Una combinación explosiva que el autor inglés, Jon Brittain, resuelve mediante una pieza que expone el asunto con humor, pero sin desentenderse de la complejidad que entraña.

Roberto Cavazos, quien la tradujo y la dirige en México, realiza un trabajo riguroso para apartarla del tono realista en que parece escrita, para mejor llevarla hasta una forma de epicidad brechtiana, donde lo que importan no son los personajes sino lo que representan: las distintas experiencias, procesos y confusiones ante la transexualidad, la identidad y el género.

Si bien “Rotterdam” nos recuerda lo absurdo de las etiquetas sociales, cuando se habla de géneros, y de lo complejo de las reacciones humanas cuando se experimentan en carne propia procesos como los de los personajes, el asunto de la obra es cómo se adaptarán Alice y Fiona a la nueva situación detonada por la revelación que esta última le confía a quien hasta entonces era su novia. La revelación que detona el conflicto cambiará drásticamente el modo como se relacionan ambas mujeres y sembrará dudas acerca de quiénes son realmente.

La confusión de sentimientos y situaciones que se desatan tiene qué ver con la forma en que ambos personajes tratan de encontrar su propia identidad y qué hacer con el amor que sienten una por la otra ante la vuelta de tuerca que se produce.

El contrapunto de “Alice” y “Fiona”, son el hermano de ésta, “Josh” (Luis Romano) y “Lelani” (Fernanda Tosky), compañera de trabajo de aquella. Los primeros tres son roomies, cuyas familias viven en otro país, lo cual acentúa la dimensión de sus dilemas, pues deben enfrentarlos y resolverlos en una condición de aislamiento, en una ciudad y un idioma que no es el suyo, lo cual puede leerse como otra metáfora de la soledad en que se encuentran quienes deciden atender y seguir su propia voz.

Rotterdam 3

Hay que decir, sin embargo, que el desarrollo del tema parece prendido con alfileres a la verosimilitud, pues si bien el conflicto estalla desde la misma primera escena, el resto de la obra es posible merced a un comportamiento que no estoy seguro que pueda verificarse aun entre dos seres en busca de sí mismos. Toca al espectador decidir sobre si las decisiones y elecciones de los personajes resultan coherentes con lo que cada una dice y quiere ser.

El elenco está muy al tanto del esfuerzo que debe encarar en una pieza como esta y cumple, en el caso de Valeria Vera, con entregar el amplio registro que requiere la progresión de su papel desde “Fiona” hasta la evolución que experimenta; y en el caso de Pía Watson, para encontrar los estímulos desde los que su personaje debe emprender la tarea de encontrar su lugar en el mundo.

Luis Romano, bien en el papel del hermano comprensivo y sobreprotector que le permite mediar entre ambas mujeres, a despecho de sus sentimientos por “Alice”; y Fernanda Tosky aporta la energía de un personaje desenfadado y muy bien trazado que da mucho del toque de comedia que matiza el duro tema central.

El diseño de iluminación es de Isaías Martínez; el de sonido está a cargo de Brandon Torres; la escenografía descrita al principio con sus enormes clósets es de  Luly Garza, y el vestuario de María Constantino.

“Rotterdam” es una producción del Foro Shakespeare y La Chinchilla MX. Se representa en el propio Foro todos los miércoles, desde el 1 de febrero y hasta el 9 de agosto de este 2017.

Fotografías: Jaime Rosales Domínguez

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