Rompiendo paradigmas: Las talentosas directoras del cine mexicano

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Gustavo Ambrosio Bonilla.-

Aunque hace más de un siglo apareció el cine y revolucionó nuestras vidas, hasta el día de hoy la presencia femenina frente y tras las cámaras, en los roles de guionistas y directoras, se ha visto ensombrecida en todo el mundo por los lustrosos nombres masculinos que dominan la historia del séptimo arte.

El éxito de las féminas en la industria cinematográfica se ha reafirmado en estos últimos años. Vimos Kathryn Bigelow ganar  Mejor Directora en los Oscar del 2010 por su cinta “The Hurt Locker”; o a Sofía Coppola llevarse el León de Oro en Venecia por su cinta “Somewhere”, y así poco a poco han tomado el lugar que merecen.

En México, el creciente pero lento avance del cine ha permitido a muchos directores, pero sobre todo directoras realizar sus obras fílmicas, no sólo documentales o cortometrajes, sino largometrajes de ficción cuya calidad es inobjetable.

Mariana Chenillo, Patricia Riggen, María Novaro, Marisa Sistach o Matilde Landeta, por mencionar algunas, han logrado ocupar un importante lugar dentro de la filmografía mexicana, ganando premios nacionales e internacionales.

Vamos a conocer un poco a las realizadoras mexicanas, un poco de su historia y su exitosa filmografía, pues han estado y están presentes en el desarrollo del arte y la industria de hacer cine en México.

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LAS PIONERAS

Mimí Derba (1893-1953. Arriba en la imagen) es considerada la primera directora de cine mexicano.  Actriz de zarzuela en los teatros, creó en 1917 al lado del prestigiado camarógrafo, Enrique Rosas,  la primera compañía de cine en nuestro país, llamada Azteca Films, sembrando así la semilla de la ficción en tierras nacionales para producir nuestras propias historias.

En menos tiempo de lo esperado, esta casa productora realizó cinco películas, estelarizadas y escritas en su mayoría por la propia Derba. Pero no fue hasta 1917 cuando dirigió la cinta “La tigresa”, cinta silente impregnada del estilo del cine italiano de la época. Siendo así la primera mujer en dirigir una película en nuestro país.

Cándida Beltrán Rendón, por su parte fue la primera mujer en dirigir un largometraje con argumento, “El secreto de la abuela” (1928), la cual  fue filmada en la antigua Secretaría de Relaciones Exteriores, entonces ubicada en Avenida Juárez. También era silente.

La primera directora del cine silente mexicano fue Adela Sequeyro (abajo en la imagen); debutó en este ejercicio con la película “La mujer de nadie” (1937), la cual también actuó y escribió. Además fue de las primeras artistas en crear una cooperativa, Grupo Éxito, para financiar sus producciones. Otra de las películas de su autoría es “Diablillos del arrabal” (1938), después de la cual se retiraría definitivamente del ámbito cinematográfico.

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LA DIRECTORA DE LA ÉPOCA DORADA

Los inicios de Matilde Landeta (1913-1999. Abajo en la imagen) en el cine fueron como guionista y asistente de dirección al lado de directores famosos como Julio Bracho o EmilioEl IndioFernández.  Su primer trabajo de dirección se titula “Lola Casanova” (1948), cinta que le generó muchos problemas, pues tuvo que hipotecar su casa. En esos momentos ninguna productora quería financiar un proyecto al mando de una mujer, además de que su proyección fue casi nula.

“La negra angustias” y “Trotacalles”, sus siguientes películas, sufrieron inconvenientes similares, lo cual la dejaría sin poder dirigir alrededor de cuatro décadas. Regresó a la silla de dirección con “Nocturno a Rosario” (1991), luego de varios años de ser olvidada, posteriormente reconocida por el gremio y recibir un premio Ariel y el Premio de la Prensa Católica en el Festival de Berlín, ambos por Mejor Argumento, de la película “El camino de la vida” (1956). Ella es considerada la primera cineasta mexicana consolidada, pues no sólo dirigió, también escribió, editó y produjo sus propias películas.

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LOS NOVENTA, CUNA DE DIRECTORAS

Tras la crisis en la producción nacional, que incluso puso en peligro la existencia de una industria fílmica en México, los apoyos al cine se vieron reducidos a un nivel crítico, tano así, que ni siquiera directores de renombre podían costear sus proyectos. Sin embargo, pese a este contexto, a finales de los ochenta y todos los noventa se vio un surgimiento de autoras de cine mexicano, con historias frescas y estilos más intimistas, más minimalistas, adecuados a la crisis nacional del cine. Entre las hijas de esta década encontramos a Marcela Fernández Violante (abajo en la imagen), María Novaro, Dana Rotberg, Guita Schyfter, Marisa Sistach, Sabina Berman e Isabelle Tardán.

Varias de ellas ganaron reconocimiento por sus películas, como Marcela Fernández Violante y su arriesgada cinta “Cananea” (1976), María Novaro con “Lola” (1989)  y la icónica “Danzón” (1991), Sistach con “Los pasos de Ana” (1988), Schyfter con “Novia que te vea” (1993) o el dueto de Berman-Tardán con la exitosa “Entre Pancho villa y una mujer desnuda” (1995).

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Muchas de ellas siguen en activo o estrenaron a  principios del siglo pasado películas de gran revuelo. Por ejemplo: Sistach con “Perfume de violetas” (2000) reafirmó su talento tras las cámaras, incluso en 2002 fue seleccionada por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC) para competir por el Oscar de Mejor película extranjera.

En tanto María Novaro se convirtió en la directora con más largometrajes en la historia de nuestro país, al filmar “Las buenas hierbas” (2010), cinta intimista que explora la conexión de la vida con las plantas medicinales, protagonizada por Ofelia Medina (quien ganó el Ariel por su actuación en esta película) y Úrsula Pruneda. Su más reciente película “Tesoros” está dedicada al público infantil, y se exhibirá este marzo en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG).

LAS NUEVAS CINEASTAS

Mariana Chenillo y Patricia Riggen (abajo en la imagen) tal vez sean las más destacadas figuras de esta nueva ola de cineastas mujeres. La primera debutó en el 2009 con “Cinco días sin Nora”, una comedia negra con la cual triunfó en los premios Ariel de 2010; mientras que Riggen se ha dio a conocer en el extranjero gracias al éxito que tuvo su película sobre migración “La misma luna” (2007), considerada todo un éxito en taquilla. Entre sus más recientes trabajos figuran las cintas “Educando a mamá” (2012), que protagonizó Eva Mendes; “Milagros en el cielo” (2016) y “Los 33” (2015), basada en el caso real de los mineros chilenos atrapados en una mina.

En los últimos años, un grupo de realizadoras jóvenes también se ha puesto al mando de la cámara, con resultados que las ha llevado a recorrer el mundo en diversos festivales internacionales. Tal es el caso de Lucía Carreras, quien debutó como directora con el drama intimista “Nos vemos papá” (2011). Este mismo año estrenará su más reciente largometraje “Tamara y la catarina”.

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Y ni qué decir de Claudia Sainte-Luce (“Los insólitos peces gato”), Catalina Aguilar Mastretta (“Todos queremos a alguien”), Natalia Beristáin (“No quiero dormir sola”), Yulene Olaizola (“Epitafio); o las documentalistas Tatiana Huezo, que aunque salvadoreña de nacimiento adoptó la nacionalidad mexicana, y se ha abierto paso de manera exitosa gracias a largometrajes multipremiados como “El lugar más pequeño del mundo” (2011) y “Tempestad” (2016); y Lucía Gajá, cuyo más reciente filme “Batallas íntimas” (2016), en torno a la violencia hacia las mujeres se exhibirá este marzo en la doceava edición de Ambulante.

En pleno siglo XXI, en un mundo que presume de ser mucho más equitativo en cuestiones de género, el rol de las mujeres en la industria cinematográfica sigue opacado y sin ser del todo valorado. Ellas buscan un reconocimiento a su labor por parte del público, luchan por sus proyectos, trasgreden la normativa del género impuesto en un arte tan masivo como el cine. Ellas están presentes y creando nuevas historias para el celuloide.