Rockorfeón: Arlequín progresivo

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Chucho Tepepa.-

Después de la tempestad que significó el nacimiento del punk, llegó una aparente calma con esa marea llamada new wave, sin embargo, entre todo aquél oleaje un gigante volvía a despertar. Los progresivos se encontraban —quizá— bajo algún somnífero, pero desde Albión lanzaron otro grito de guerra.

Hace treinta años nacía Marillion con un álbum fabuloso, “Script For a Jester’s Tears”, o bien, “Guión para las lágrimas de un arlequín”, como dispongan llamarle. El orden de las palabras no cambia consecuencias.

Con el siempre enigmático FishDerek Dick en la pila bautizmal— en la voz, el arlequín del progresivo inició un camino pleno en laberintos mentales-sentimentales que a la primera oída parecían confusos, pues dentro de bellas tonadas melódicamente perfectas, se agazapaban lamentos, tristezas, protestas y denuncias de la vida proletaria en Inglaterra.

Cuando en mil novecientos sesenta y tres The Beatles solamente aspiraban a tomar la mano de su chava, dos décadas después Marillion exploraba mentes, espíritus, almas, corazones... Pero de una manera fatua o pueril, ellos prácticamente clamaban por aliviar un interior más que deteriorado.

Descendientes en línea recta de Moody Blues, Pink Floyd y desde lueguísimo Genesis de Mr. Peter Gabriel, los arlequines fueron capaces de fusionar experimentación, complejidad con accesibilidad, algo no muy sencillo de lograr, mucho menos en un rubro tan intrincado como el progresivo.

Lo muy personal de las letras, esa melodía tan hermosa, armonía semejando alguna pintura renacentista y ritmo subyugante sin ser letárgico, han llevado a estos británicos a continuar caminando a través de los cielos rockanroleros, paseando su enorme majestuosidad.

Cuando Fish se fue hace veinticinco años, se llegó a pensar en el final..., no obstante apareció Steve Hogarth para tomar la voz sin tratar de hacer olvidar el emblemático pez de Escocia —por cierto, cuenta una leyenda que antes fue leñador—, pues la intención era labrar su propia historia y vaya que lo ha logrado, pues mientras Mr. Derek permaneció cinco años, don Steve ya lleva dos décadas con un lustro.

Los senderos del rock serán siempre un viaje fascinante a través de lo inesperado…