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Ridley Scott: El gladiador que hizo resurgir el cine de Hollywood

El cineasta británico Ridley Scott, reconocido por haber dirigido películas icónicas como Alien, Blade Runner y Gladiador, cumplió 80 años de edad el pasado 30 de noviembre. El también realizador y productor nacido en South Shields, en el condado de Durham, puede jactarse de haber cosechado ocho décadas de gloria pública y amarguras privadas.

En estos días debió imaginárselo lidiando con el espinoso caso de su nueva película Todo el dinero del mundo, centrado en el secuestro de Paul Getty, nieto del homónimo empresario estadounidense fundador de la compañía Getty Oil, quien regateó hasta el último centavo de rescate con los secuestradores.

El estreno del filme en Estados Unidos está previsto para la próxima Navidad, a tiempo para la campaña de los premios Oscar. Pero tenía como protagonista a Kevin Spacey, acusado de abuso sexual, y en el actual clima de “caza de brujas” en Hollywood, donde se multiplicaron las denuncias de ese tipo en los últimos meses, su participación representaba un riesgo mortal.

Por lo tanto, rápidamente Scott tuvo que reemplazar las escenas de Spacey con otro actor (Christopher Plummer), para no perder de vista el objetivo final: la llegada del filme a las salas.

Pero Scott jamás le escapa a las empresas imposibles. Segundo de tres hijos, quería seguir los pasos del padre en la carrera militar, en la marina, pero fue justamente su progenitor quien lo animó a dedicarse al arte: lo inscribió en el curso de fotografía del London’s Royal College, donde el joven Ridley estudió hasta que se abrieron los cursos de cine.

Con facilidades para las cuestiones técnicas, muy hábil en el uso de la luz, Scott se abrió camino rápidamente en la televisión y la publicidad. La pequeña compañía de producción que fundo junto a su hermano menor, Tony, le garantizó fama y dinero. Pero fue el productor más emprendedor de entonces, David Puttman, quien le dio la gran oportunidad de su vida al financiarle su primer largometraje, Los duelistas (1977).

Inspirado en una novela breve de Joseph Conrad ambientada en la Europa napoleónica, que Scott reconstruyó con genial talento y pocos medios, el filme ganó el Gran Premio del Jurado del Festival de Cannes.

Hacía tiempo que el cine inglés no era galardonado en el exterior y Scott obtuvo sin inconvenientes un nuevo contrato: le confiaron un thriller de ciencia ficción, Alien (1979). Rodado en estudios cerca de Londres, y con el plus de una Sigourney Weaver intrépida y guerrera, el filme tuvo un suceso increíble y generó un nicho de excelencia en el género lo que, a su vez, le abrió a su autor las puertas de Hollywood.

Una vez allí aceptó otro gran desafío, una propuesta que navegaba entre la superproducción y el cine de autor, también inspirada en un relato breve del escritor Philip K. Dick. El resultado fue una película noir futurista: Blade Runner (1982), protagonizada por Harrison Ford y un inolvidable villano en la piel de Rutger Hauer.

Ese filme, uno de los más icónicos del siglo XX, fue la consagración del realizador británico. Sin embargo, sus películas posteriores no fueron muy exitosas, lo que lo hizo dudar sobre su futuro.

La gran ocasión llegó nueve años más tarde, después de tres filmes, entre ellos dos interesantes noir que fueron poco comprendidos, como Black Rain, con Michael Douglas. Fue con Thelma & Louise, con Geena Davis y Susan Sarandon, una road movie rodada en 1991 que cosechó éxitos en todo el mundo.

Muchos dicen que fue su talento para comprender a los personajes femeninos fuertes e inconformistas lo que le permitió brillar con esta historia. Sin embargo, Scott se calzó los zapatos de observador de la realidad estadounidense y comprendió a la perfección los mecanismos del cine de Hollywood. Y pasarán otros nueve años para que su talento sea premiado con un Oscar, esta vez con Gladiador, protagonizada por Russell Crowe.

A partir de ese momento, también productor exitoso, Scott tendrá resultados diferentes, pero siempre con la atención puesta sobre la crítica y el público.

Trabajará a menudo con Crowe; experimentará géneros y modalidades (incluido el filme-documento para YouTube La vida en un día, de 2011); hará series televisivas y volverá varias veces a sus géneros predilectos: el cine bélico (Black Hawk Dawn); el histórico (Las Cruzadas); la superproducción (Éxodo: Dioses y Reyes); el noir (American Gangster) y la ciencia ficción (Prometeus y The Martian).

Como productor también revisó su gran obra, Blade Runner, con la reciente secuela de Denis Villeneuve, que este año está en carrera para los premios Oscar. En su vida privada tuvo muchos dolores: tres matrimonios, de los cuales dos concluyeron de modo poco feliz; la muerte de sus dos hermanos (Tony se suicidó tras una larga batalla contra un tumor) y muchas dificultades de las que siempre renació.

Scott posee, indudablemente, un estilo. Pero le gusta enmascararlo con su habilidad técnica y su perfeccionismo que lo lleva a controlar personalmente cada detalle en un rodaje. Por eso, larga vida a Ridley Scott: con él resurge un cine de Hollywood cuyo molde se ha perdido.

Fuente: ANSA

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