Ricardo Montalbán, el primer mexicano que triunfó en Hollywood

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Hay un nombre entre los artistas ilustres del cine mexicano, que puede igualarse en éxito y personalidad a otros como Pedro Armendáriz y Arturo de Córdova, porque al igual que ellos encontró un nicho en la industria del entretenimiento de Estados Unidos, desde que era un joven veinteañero.

Él es Ricardo Gonzalo Pedro Montalbán y Merino, reconocido por su nombre artístico Ricardo Montalbán, nacido en la Ciudad de México y fallecido en Los Ángeles, California en 2009, quien pasó más de cincuenta años de su vida en Hollywood. El público lo recordará por su popular serie de televisión La Isla de la Fantasía, donde llevaba de compañero al liliputense Herve Villechaize, que se ha reeditado este año en video digital abarcando una selección de los mejores episodios que se trasmitieron hasta la mitad de la década del ochenta en las pantallas caseras de todo el mundo.

Pero hay algo más en la carrera de Ricardo Montalbán pues en ella se incluyen muchas películas, del cine mexicano y hollywoodense, una trayectoria en el teatro de Broadway, y también su actividad humanista como fundador del grupo Nosotros cuya finalidad ha sido proteger los derechos de los actores de origen latinoamericano en el vecino país.

También los más jóvenes lo vieron como el abuelo de los Spy Kids, en la serie de películas de niños dedicados como sus padres al espionaje, que produjo Roberto Rodríguez, con Antonio Banderas haciendo un personaje como los que Montalbán encarnó en el cine de aventuras de décadas pasadas. Rodríguez tuvo una predilección por el actor de origen mexicano pues se adaptó a sus precarias condiciones físicas y en la última aventura, participó en su silla de ruedas.

Ricardo Montalbán sufrió un viejo padecimiento en la columna vertebral que lo tuvo atado a la silla de ruedas, resultado de una caída de un caballo haciendo una escena de acción en una de sus famosas películas que filmó con la productora Metro Goldwyn Mayer, donde estuvo con un ventajoso contrato de exclusividad en la década del 50 en el siglo pasado.

Nacido en el Distrito Federal, el 27 de noviembre de 1920, Ricardo fue a vivir en su niñez a la ciudad norteña de Torreón, Coahuila, donde su padre se estableció con una sastrería, por ello se pensó mucho tiempo que había nacido allí. En la adolescencia mostró inclinación por el toreo y de hecho lo practicó de allí su figura esbelta que lució en las películas musicales al lado de Cyd Charisse y Esther Williams.

Su hermano mayor, Carlos Montalbán, lo llevó en la Ciudad de México a los foros cinematográficos donde comenzó una carrera muy breve como extra, porque debido a su gran personalidad y atractivo, pronto fue ofertado con pequeños papeles en las películas protagonizadas por Sara García y Andrés Soler.

En el cine mexicano conquistó un lugar envidiable gracias a películas como Héroes de la Naval, La Casa de la Troya (donde actuó al lado de la gran actriz Virginia Fábregas), y el melodrama Nosotros (con Emilia Guiú), cuya historia se basa en el bolero del mismo nombre.

El título de esta cinta sería emblemático en la carrera de Montalbán como lo prueba la creación del grupo humanista Nosotros en California, La Hora de la Verdad, Pepita Jiménez (con la actriz española Rosita Diaz Gimeno), esta segunda dirigida por Emilio Indio Fernández, le permitieron exhibir en pantalla su capacidad para la fiesta brava, así como ocurrió en la segunda versión de Santa, dirigida por Norman Foster, donde personificó al torero ‘El Jarameño’, que enamora a la trágica heroína que interpretó la inolvidable Esther Fernández.

Las películas que hizo Montalbán en el cine mexicano, fueron su mejor recomendación cuando llegó al cine de habla inglesa. Se había trasladado a Estados Unidos para seguir con sus estudios y aprender bien el idioma de Shakespeare, cuando conoció a Georgiana Young (hermana de la encantadora estrella del cine romántico Loretta Young), y se casaron.

Muchas cosas buenas le ocurrieron en su carrera al actor. Siempre se le veía como un histrión versátil capaz de bailar, cantar y actuar con gran convencimiento, por ello además de las películas en Hollywood, también fue llamado por los productores de Broadway (así que Eugenio Derbez y Jaime Camil no son los primeros mexicanos que han triunfado allí); largas temporadas en obras musicales como Jamaica, con Lena Horne, o Seventh Heaven, con Gloria de Haven, ratifican esa popularidad de Montalbán que se trasladó del cine al teatro en los Estados Unidos.

Pero no sólo era capaz de interpretar comedias ligeras como Fiesta, La Hija de Neptuno o En una isla contigo, al lado de la campeona de natación Esther Williams. Muchos otros directores también descubrieron que el mexicano tenía la vena para el drama como lo prueba la cinta Mercado Humano (Border Incident), filmada en 1949, bajo la dirección de Ricardo Montalbán y en la que por primera vez se abordó el drama de los trabajadores indocumentados que ingresan al territorio norteamericano.

Otra película dramática de Montalbán fue Que nadie escriba mi epitafio, de 1961, con Shelley Winters, donde personificó a un traficante de drogas en Manhattan que se dedica a seducir amas de casa para empujarlas al vicio. Por este papel Montalbán obtuvo el Globo de Oro y estuvo entre los finalistas para la categoría del Oscar de co actuación de la Academia de Hollywood.

La imagen elegante del actor estuvo asociada con películas de gran producción y también se ha prestado para promover campañas publicitarias como la del automóvil Cordoba en los años que también triunfaba en la serie La Isla de la Fantasía.

Ningún homenaje es suficiente para Ricardo Montalbán quien, a pesar de su larga edad, tenía tarjeta vigente del sindicato de actores que le sirvió como decíamos para intervenir en las películas de Robert Rodríguez. Es bueno reiterarlo como uno de los triunfadores mexicanos en Hollywood que nunca pudo ser superado por ninguno de sus colegas jóvenes. Al lado de Lupita Tovar, Montalbán fue uno de nuestros artistas que se mantuvo en primer lugar, junto con otros más jóvenes como Salma Hayek, Ana de la Reguera, Elpidia Carrillo, quienes van a intentar seguirle los pasos porque todavía, en este tiempo, el cine hollywoodense sigue siendo el sueño acariciado por todos los latinoamericanos.

Por: Fabián de la Cruz Polanco