Reflexionan en Guanajuato sobre la preservación fílmica

agosto 19, 2018

Por: Redacción

Parte de la memoria audiovisual del Festival Internacional de Cine Guanajuato (GIFF), se perdió a causa de los soportes digitales en las que se conservaba la historia del encuentro. Con esa preocupación fue que este año su directora Sarah Hoch organizó un panel sobre resguardo de archivo fílmico en el que participaron el Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE), la Cineteca Nacional, la Filmoteca de la UNAM y la Cineteca del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG).

En la mesa también estuvo presente el cineasta Amat Escalante, quien confesó no  haberse preocupado hasta ahora por la preservación de su obra. Sus primeras dos películas, Sangre (2005) y Los bastardos (2008) fueron realizadas en soporte fílmico y actualmente no se cuenta con alguna copia en digital para su reproducción en plataformas digitales o formatos como Blu-ray. El director de La región salvaje, trabajo que fue producido en digital, compartió el deseo de que su nueva cinta sea filmada en 35mm, algo que han hecho directores como Joaquín del Paso (Maquinaria panamericana, 2016).

La preservación es la cuarta etapa de la industria cinematográfica”, dijo en su oportunidad el director del Festival Internacional de Cine de Guadalajara,  Iván Trujillo, ante la preocupación de que –al igual que Amat Escalante– muchos cineastas mexicanos no han sido conscientes de la importancia de asegurar la vida de sus películas. Guadalupe Ferrer, ex directora de la Filmoteca de la UNAM y actual consejera de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC), coincidió con Trujillo al aseverar que “los archivos fílmicos son la historia audiovisual de un país”.

Durante la conversación surgió la inquietud sobre cuál era la mejor protección del cine, si en formato digital o análogo. Por lo que hasta ahora se sabe, una película en soporte fílmico puede llegar a durar por más de 100 años, mientras que los constantes cambios en los formatos digitales y su prácticamente reciente existencia impiden comprobar la durabilidad de un material de este tipo.

Aunque la mejor idea podría ser pasar del digital al fotoquímico, Édgar Torres de la Cineteca Nacional reconoció que el valor del color se altera durante el proceso; sin embargo, dijo que lo fílmico es el formato de más durabilidad y confiable para que la película sobreviva en el tiempo.

Aunque el formato digital ha propiciado la democratización en la producción cinematográfica y al mismo tiempo que se han abaratado costos en la industria, hay películas que corren el riesgo de perderse si no se tiene por lo menos una copia fotoquímica que le permita sobrevivir por muchos años.

Héctor Ramírez Williams, subdirector de acervo y circuitos culturales del IMCINE, señaló que hay conocimiento de que varios filmes independientes producidos en este ciclo de manera digital se han perdido por daños en el soporte en el que es guardado.

Iván Trujillo  compartió que más del 90 por ciento del cine mexicano silente se perdió durante la transición al cine sonoro, un fenómeno que podría repetirse en la era del cine digital. El IMCINE posee copias digitales de todas las películas que reciben financiamiento a través de fondos y estímulos, y en conjunto con la Cineteca Nacional, uno de los trabajos que realiza el Instituto es precisamente el rescate y preservación de las películas.

Desde el momento en que se crea una obra cinematográfica se debe tener conciencia  de lo que va a pasar con ella en el futuro, fue una de las conclusiones del panel sobre resguardo de archivo fílmico del GIFF.

Fuente y fotografía: IMCINE

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