Recordando a Sara Montiel, de las pocas divas del cine español

septiembre 1, 2019

Escrito por: Fabián de la Cruz Polanco | @fabiancpolanco

Las divas son algo indispensable en el cine. Claro, las que existieron en el pasado tienen un sabor más acentuado de leyenda: Greta Garbo, Marlene Dietrich, y Gloria Swanson de Hollywood; María Félix y Dolores del Río en el cine mexicano. Sophia Loren y Gina Lollobrigida, en el cine italiano. Todas ellas forman parte de esa mitología de la magia de la gran pantalla y de cierta forma, han sido inspiración para las nuevas como Angelina Jolie, Penélope Cruz o Nicole Kidman.

La muerte de Sara Montiel, sucedida el 8 de abril de 2013, vino a confirmar que ella era una de las pocas del cine español que merecía el título, y que gracias a su longevidad logró enlazar a generaciones diversas; además la amplia difusión de lo que fue su muerte a los 85 años, nos hicieron voltear en su momento a lo que fue su paso tan relevante y memorable por el cine.

Aun cuando no se ha soslayado la relevancia que tuvo la participación de la Montiel en el cine mexicano, las crónicas de lo que fue su trayectoria le dan enorme importancia al salto que dio entre sus comienzos en el cine de su país, y su llegada a Hollywood, pero hay que puntualizar que su integración a la industria fílmica mexicana fue en realidad el verdadero puente que la actriz y cantante cruzó para llegar a las ligas mayores en el cine de Estados Unidos.

En su primer crédito para Hollywood, la película Veracruz, de Robert Aldrich en 1954, al lado de Burt Lancaster y Gary Cooper, siguió conservando el ‘Sarita’ en los créditos en pantalla, y una reseña del Semanario Variety sobre la película, la mencionan como “una adquisición de Hollywood que llegó a través de la industria fílmica de México”. Quiere decir que en ese filme ya se la veía técnicamente como mexicana, pues para entonces había la nacionalidad, sin olvidar sus antecedentes hispanos.

Seguramente que su participación en la película mencionada se la ganó en forma legítima, pero teniendo como base su trabajo en las cintas mexicanas, eran su más inmediata carta de presentación porque en todas tenía un crédito estelar. Lo que había filmado antes en el cine de España era parte de su historial un tanto remoto. La experiencia hollywoodense fue muy provechosa para la Montiel, ya que después de Veracruz, siguió el melodrama musical Serenata, en 1956, con el cantante operístico Mario Lanza y Joan Fontaine.

Serenata fue también una película talismán para la Montiel, porque su realizador fue Anthony Mann, con el que llegaría a intimar hasta convertirse en su esposa. Ella dijo en su entrevista de despedida en el canal Televisión Española, que en realidad la relación fue como de padre e hija. A lo mejor Anthony no diría lo mismo ahora, pues en ese momento el esplendor físico de Sara a los 28 años, era impresionante como lo podemos ver en las fotografías de ese periodo, que también reseñan su amistad con otros famosos como Marlon Brando y James Dean.

La experiencia de Hollywood no tuvo mucha duración porque a hubo para la actriz algún contrato de exclusividad con una productora importante, pero no importó. Esa situación la encaminó de nuevo hacia a España, donde filmaría El último cuplé, en 1957, para saltar en forma definitiva a su consagración como leyenda. Dice la estrella que la realización dirigida por Juan de Orduña fue un milagro, porque en aquellos años nadie quería saber del cuplé y la historia de una de sus divas.

Pedro Almodóvar pretendió incorporarla a una de sus películas, pero ella declinó la oferta porque ya había decidido su retiro del cine en 1971. Sin embargo, el director inventó una forma muy original de homenajearla y tenerla presente en La mala educación, donde el personaje interpretado por Gael García Bernal hace una caracterización que es copia de Sara Montiel con una de su canciones emblemáticas.

La cinta de Almodóvar también hace referencia a Esa mujer, 1969, que es para muchos el auténtico canto del cisne de Sara Montiel en el cine, y que le dirigió Mario Camus, cineasta que después ha sido justamente revalorado e incluso premiado en festivales. Sin embargo, al hacer la historia mencionada con Montiel, se le veía únicamente como un obrero de los melodramas españoles que seguían siendo de gran atractivo en la taquilla.

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