¡Qué poca!… Las madres crueles del cine

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Gustavo Ambrosio Bonilla.-

Para muchas mujeres, ser madre es la culminación de su feminidad. Junto con las nuevas responsabilidades que esto implica, se desprende el orgullo de ver crecer a sus hijos, cuidarlos, protegerlos y amarlos hasta el último día de su vida, sin embargo, no todas consideran un privilegio tener descendencia, por ello el cine ha retratado a las mujeres que, más que maternales, resultan amenazantes y terroríficas.

Recientemente, Tilda Swinton dio muestra de las consecuencias de una maternidad no deseada en “We Need to Talk About Kevin” (2011), donde el odio de Eva por su primogénito, trajo resultados fatales para ella y su entorno.

Otro caso es el de las madres obsesionadas con su trabajo, quienes diluyen la autoestima de sus hijos y los controlan como juguetes. Por ejemplo, las interpretaciones de Ingrid Bergman y Annette Bening en “Sonata de otoño” (1978) y “American Beauty” (1999), respectivamente.

Otra es la maquiavélica Eleanor Iselin, interpretada por Angela Lansbury en “El mensajero del miedo” (1962); así como el personaje de Meryl Streep en la versión más reciente de este largometraje, realizado en 2004, ya que controla a su hijo en pos de sus intereses políticos.

Y cómo olvidar a aquellas locas que crean psicópatas, como la madre de Norman Bates (Anthony Perkins) en “Psicosis” (1960), que desde el más allá no deja de torturarlo; o Margaret White (Piper Laurie), la ultra católica madre de “Carrie” (1976), quien persigue a su hija con un cuchillo por creerla diabólica.

También han sido retratadas en el celuloide las féminas que descargan sus iras, odios y frustraciones contra sus vástagos, como Mary, interpretada por Mo’nique, la cruel madre de “Precious” (2009), una ex reclusa que mira la televisión sin cesar y somete a su primogénita a los más denigrantes abusos.

Incluso destacan la mítica actriz Joan Crawford, encarnada por Faye Dunaway en “Querida Mamita” (1981), donde se muestra cómo maltrata a su hija adoptiva; la madre de Nina Sayers (Natalie Portman) en “El cisne negro” (2010), quien oprime a ésta hasta la locura con tal de que sea la mejor bailarina; así como la madre de Erika en “La pianista” (2001), que le impone un severo cerco sexual.

Otras que simplemente no tienen el interés de ser madres y se sienten atrapadas en un agujero se han visto en “Little Children” (2006), protagonizada por Kate Winslet; la desapegada mujer de “Los Olvidados” (1950), que a través de Stella Inda priva de amor a sus hijos, en especial a Pedro (Alfonso Mejía); la libertina mamá de “Fish Tank” (2009); o Laura (Julianne Moore) de “Las Horas” (Julianne Moore) fémina de lesbianismo reprimido que abandona a sus hijos cuando son pequeños.

Pero el cine también ha dado madres que fingen cuidar a sus retoños cuando en realidad están muy lejos de hacerlo, como Annette Bening en “Running With Scissors” (2006), cuya adicción a los antidepresivos la lleva a dejar a su hijo en una casa de locos.

O la australiana Jackie Weaver, como Janine Cody, que construye una camada de criminales en “Animal Kingdom” (2010); o la desdeñable madre interpretada por Melissa Leo en “The Figther” (2010), pues se aprovecha de sus hijos boxeadores para obtener dinero.

La maternidad no es un fin o un estado que muchas mujeres agradezcan; el cine lo retrata a la perfección. Los variados personajes femeninos que han desfilado ante las pantallas nos recuerdan que hay mujeres sin la disposición de afrontar las responsabilidades de ser madre o dar cariño a sus hijos.

Mujeres muy comunes en la vida real que están ahí, incluso rebasando la ficción, las cuales  dejan secuelas y consecuencias tan destructivas y nocivas como una bomba, pues el mal, la desesperación y la violencia siempre tienen un origen.

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