“Puras cosas maravillosas”: Celebración de la vida ante la depresión

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Jaime Rosales Domínguez.-

Hoy escribiremos de “Puras cosas maravillosas”. No es que hayamos amanecido convertidos en miembros del Club del Optimismo. Se trata en realidad del título del monólogo que escenifica Pablo Perroni en el Foro Lucerna de la Ciudad de México, y que es una adaptación de la obra “Every Brilliant Thing”, del escritor inglés Duncan Macmillan.

El personaje, del cual nunca se sabe el nombre, narra su vida a partir de los siete años cuando su papá se presenta por él a la escuela. Dado que la madre es siempre quien lo recoge, de inmediato “sabe” que algo malo ha sucedido.

Como se trata de un niño muy perceptivo dice que “cuando algo malo sucede tu cuerpo lo sabe antes que tu mente”, y en tales casos lo único que queda por hacer, dice, es luchar o huir o quedarse tan quieto como uno pueda.

Ésta última recomendación se convertirá en el leit motiv de su conducta, pues más tarde, ya de adolescente o adulto, la recordará cada vez que esté a punto de vivir un suceso culminante. De camino al hospital lo único que aquel niño escuchará de su silencioso padre es: “Tu mamá hizo algo estúpido”, una frase en la que el chico no alcanza a distinguir si se trata de una explicación al motivo del internamiento, o de un reproche hacia la esposa.

El espectador es introducido de este modo al ambiente enrarecido de aquella familia en la que a través de la mirada infantil sabemos que las cosas no van bien, y que la madre intentó suicidarse porque, en realidad, no encuentra razones para seguir viviendo.

El tema de la depresión asoma entonces y sin que apenas lo notemos se empieza a manifestar en la actitud introvertida, y en la infelicidad que preside todos los pensamientos y acciones del joven en que ahora se ha convertido el personaje del monólogo, pues han pasado diez años desde el episodio aquel de su madre en el hospital.

La visión de Macmillan sobre la depresión es, a un tiempo, descarnada, pero vitalista en el sentido de que lo que se impone es una apuesta por la vida a partir de una sencilla estrategia: enlistar y recordar todas las cosas maravillosas que uno puede ser capaz de experimentar a lo largo de la vida.

Y eso es lo que empieza a hacer aquel niño: una lista con “Puras cosas maravillosas” ‒de ahí el título de la obra‒ en las que una condición es que nada de lo que en ella se incluya sean cosas materiales: por ejemplo: naranjas muy jugosas…que el postre sea el platillo principal…enterarse de que Beyoncé es prima lejana de Gustav Malher…el track número siete de todo buen disco…

La lista es inicialmente un intento del niño por hacer que su madre recobre la alegría de vivir, aunque con el transcurso de los años aquel listado adquiere las dimensiones de una compulsión, y entonces asistimos a la transformación del personaje.

Cosas maravillosas 2

Credibilidad actoral

Hay que agradecer a Pablo Perroni que haya traído a la escena mexicana un texto que es muchas cosas a la vez: profundo, pero divertido; alegre y conmovedor, deprimente a ratos y jubiloso en otros pasajes. Un intento por celebrar la vida, pero sin aires panfleteros o con tintes de autoayuda. Y en este punto hay que destacar la fina dirección de Sebastián Sánchez Amunátegui, quien consigue mantener bien delimitada la no siempre perceptible frontera entre el sentimiento y el sentimentalismo.

El trabajo de Perroni es bastante sobrio y convincente, lo que consigue merced a un trabajo vocal, corporal y gestual que hacen que el personaje conecte rápido y se vuelva empático con el público. Con este trabajo ganará seguramente mucha credibilidad como actor de teatro más allá de su ubicación como actor de televisión.

Si no consignamos nada sobre la escenografía es porque el desenvolvimiento actoral de Perroni transcurre sobre un escenario vacío, salvo una silla que el personaje utiliza de cuando en cuando. Todo lo demás se trabaja sobre un escenario a negros con iluminación de Isaías Martínez centrada en el personaje, la cual se acentúa o se hace más suave conforme la mayor o menor intensidad del pasaje que se esté relatando.

Del autor Duncan Macmillan, poco conocido por el público mexicano, pues es la primera vez que una obra suya se escenifica aquí, hay que decir que es autor, además, de una muy aclamada adaptación de “1984”, el libro de George Orwell que habla de los extremos a que puede conducir la manipulación informativa, la vigilancia gubernamental sobre los ciudadanos y la represión política.

Otra de sus piezas es “Pulmones”, en la que una joven pareja deseosa de tener un hijo se pregunta por las razones correctas para traerlo a un mundo acuciado por la ansiedad global, el terrorismo, el cambio climático y la agitación política.

Se trata como se ve de un autor preocupado o por lo menos al tanto de los debates que vive el mundo de nuestros días, y que quiere participar en ellos porque, como dijo en una entrevista con The Guardian, le interesa decir algunas cosas que no están siendo dichas.

Así, escribió “Every Brilliant Thing”, porque sentía que hasta ahora nadie estaba discutiendo el tema de la depresión suicida de un modo útil y riguroso.

Quizá uno pueda formarse una idea más acabada del talante de este autor que ahora conocemos en México gracias al trabajo de Pablo Perroni, cuando lo escuchamos decir cosas como la siguiente:

La cuestión es: ¿qué le está sucediendo a nuestro planeta y cuál es nuestro papel en ello? Y no es lo bastante simple como escribir un manifiesto con intensiones salvadoras. Es un poco más complicado que eso”.

Con esa misma perspectiva, en la obra “Puras cosas maravillosas” nos colca frente al tema de la depresión con una visión franca y abierta, pero además bastante apelativa, pues Macmillan apuesta por un teatro intervencionista. Esto no lo explicaré, pues de ello sabrán quienes asistan al Foro Lucerna donde se presenta esta obra todos los martes de marzo, abril y mayo.

Fotografías: Jaime Rosales Domínguez

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