Ray Zubiri

Porto, de Gabe Klinger llega a la 64 Muestra Internacional de Cine

Una de las dos películas de directores brasileños en la 64 Muestra Internacional de Cine, la minimalista Porto (2016, de Gabe Klinger), es un fugaz romance entre ‘Mati’ (Luci Lucas), una mujer francesa y ‘Jake’ (Anton Yelchin), un hombre estadounidense a quien los vientos han recalado en la ciudad portuguesa del título.

Narrada en tres segmentos, los dos primeros con el nombre de cada protagonista y el tercero con los de ambos, complementan en lo acontecido una noche venturosa. La estructura es un pequeño rompecabezas con tres posibilidades para sacudir la depresiva normalidad diaria en que moraba Jake, una de ellas para enmendar y compensarle.

Con ecos de la Nueva Ola Francesa y el cine de los 60, en encuadres, la fotografía, en la utilización de material de cine super 8, más visible en las escenas que acompañan los créditos finales, y en ciertos diálogos y comentarios, es el imprevisible encuentro de dos seres aislados, que tienen ante sí una oportunidad para recomenzar, para enmendar lo que el futuro les tiene habilitado.

Que Porto sea el escenario es incidental (podría registrarse en otras ciudades europeas), pero se respira sentimiento de la saudade portuguesa, sin defensas turísticas a la vista; apenas se camina por algunas calles, hay panorámicas nocturnas y del río Duero, unas escenas dentro de la estación del tren y de éste cruzando el puente; con la cafetería de manivela donde sobreviene la conversación definitoria, la cual se alterna en fragmentos, para capturar lo previo a lo visto.

La figura y rostro de Anton Yelchin, deteriorado para la edad que tenía, 26 años, él y su personaje, son apropiados, lo hacen ver endeble o en racha de recuperación alcohólica; un extranjero con reducidas expectativas en un país lejano, anclado un tanto por rebeldía familiar. La expansividad y alegría de ‘Mati’, su rostro, su deseo de libertad, le inspiran aires limpios, de dicha, por ello en uno de los capítulos arrostra la angustia de perderla.

El guion de Gabe Klinger y Larry Gross admite afinidades con la trilogía de Antes de…, de Richard Linklater, normal si se recuerda el documental primerizo de Klinger: Double play: James Benning and Richard Linklater (2013) acerca de la amistad entre estos dos cinéfilos/cineastas. Las secuencias en el café y el departamento resguardan autenticidad y armonía en la fase optimista, retirados y contrastados al duro drama del segundo episodio,

La sencillez y naturalidad de la puesta en escena, del discurrir de ‘Jake’, pequeños plano secuencia, de los momentos de más candor (la presentación de él ante ‘Mati’), o el ir y venir cargando las cajas de ella, tienen cercanía con el cine de Jim Jarmusch (quien es productor ejecutivo).

El orden de los segmentos en Porto progresa en las experiencias y huellas de una noche, de un encuentro, y cualquiera sea la definitiva es incontestable que ha valido la pena vivirla, pasar días amargos para tocar ese instante de felicidad.

Porto está dedicada a Anton Yelchin, fue su último largometraje; aquí lo tenemos en una caracterización sensitiva, a través de sus ojos, sus manos, sutilezas que podría conseguir (con trazos percibidos en Amantes de 5 a 7).

En su primer trabajo de ficción, Gabe Klinger le llega al espectador con una historia natural y real, escindiendo expectativas, ilusiones y tristezas.

Por: Leopoldo Villarelo Cervantes

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