Placeres culpables: “Mame” y su fallido regreso a la escena mexicana

Fabián Polanco.-

Hay musicales y personajes que no se deben de tocar bajo ninguna circunstancia. Y si existe alguien que lo haga, debe estar consciente de que se enfrenta a un gran reto, debiendo entregar un trabajo con mucha calidad que si no provocará que nos olvidemos de su antecesor, nos convenza de ubicarlo al mismo nivel a pesar de tratarse de un montaje con más de 41 años de historia en los escenarios mexicanos como en este caso.

El nombre de este montaje es “Mame”, original de Jerome Lawrence y Robert E. Lee, con música de Jerry Herman, basada en el libro “Auntie Mame” de Patrick Dennis. Estrenado en México en 1973 en el Teatro Insurgentes, se convirtió en la consagración de Silvia Pinal en este género teatral después de haber debutado en él con “¡Ring, ring! Llama el amor”; seguido de “Irma la dulce” y “Annie es un tiro”.

En 2011 y tras 13 años de ausencia de este título en la cartelera, Daniela Romo y Tina Galindo anunciaron que habían adquirido los derechos para montar de nueva cuenta en “Mame”. Romo dijo que  deseaba trabajarlo para la Pinal.

Más adelante, a mediados de 2014 se hizo el anuncio que un nuevo productor teatral, Ricardo Ortega, adquirió los derechos para llevar a escena esta comedia musical y los medios voltearon su mirada a la tía “Mame” pues su protagonista sería Verónica Castro, creando mucha expectativa, al mismo tiempo que confianza pues una estrella consagrada a nivel nacional e internacional tomaría las riendas para interpretar a este singular personaje sin ningún problema.

No obstante, a tan sólo unas semanas de haber hecho este anuncio, la actriz de “Rosa Salvaje” renunció por completo al proyecto y tras ella lo hizo el resto del elenco estelar, dejando a la expectativa el regreso de “Mame” a la cartelera nacional.

Ante esta situación, la cual era más que un indicativo de dejar las cosas por la paz, Ortega no se detuvo e incorporó como protagonista a Itatí Cantoral, quien es mucho más joven para poder dar vida a “Mame Dennis”.

No obstante el problema no está en esta actriz, quien ha formado parte de musicales de todo tipo como “Cabaret”, “Aventurera” y “Sugar”, entre otros; sino en la maquinaria que está a su alrededor y que debe conformar una producción de Teatro Musical, que ser precisa y exacta.

Lo más visible es que no hay una dirección de escena precisa y directa; esto tras la salida del proyecto de José Solé, quedando en manos de Álvaro Flores, además de no existir una calidad musical como se debe, responsabilidad de José Domenech y de Alberto Sánchez en el diseño del audio, el cual es pésimo al grado de impedir que se escuchen los diálogos y las letras de las canciones, saturando por completo la sala con el sonido de la orquesta.

Gran falla también es el haber realizado una nueva traducción del texto y las letras, las cuales ahora fue realizada por Ricardo Ortega y adaptada por Gabriela Ruffo y Miguel Garza. Tal vez si hubieran comprado el trabajo hecho años atrás por José Luis Ibáñez y Bertha Maldonado, usado en las versiones anteriores, tal vez hubieran tenido un intento de apoyo, aunque no por ello resolverían el resto de las fallas.

Mención aparte merece la falta de gracia y precisión en las coreografías, a cargo de Stephane Boko las cuales deslucen por completo el espectáculo, grave error al tratarse de un género como este. Es tal su falta que en uno de los números cumbre de esta obra, en lugar de hacer danzar a la estrella al lado del cuadro de bailarines, optó por “volarla” haciendo un arriesgado baile de telas sin ningún tipo de protección, lo cual es muy peligroso tanto para ella como para el resto del elenco y el público.

Algo más que desluce el espectáculo, que tiene una duración de tres horas, es la “escenografía” la cual es inexistente y llevada al mundo digital con animaciones, sustituyendo los telares y demás elementos mágicos del teatro siendo una enorme pantalla, a la que más le vale no fallar en ninguna de las funciones, la responsable de llevarnos al Nueva York de la década del 20 del siglo pasado.

Además de algunos sillones, sillas y mesas como apoyos físicos en escena, destaca una enorme escalera que corona la “mansión” principal de la historia, siendo el “juguete” principal de la puesta incluyendo la despedida de la protagonista al momento de dar las “gracias” al final de la obra, ocasionando con ello que toda la compañía deba de moverse hacia el lado derecho del escenario para el mayor lucimiento de este artefacto.

“Mame” es un clásico dentro de la historia del Teatro Musical en nuestro país y al retomarse en esta ocasión tenía que hacerse con mucha delicadeza y sutileza. En su historia por México, además de Silvia Pinal, en su equipo desfilaron enormes figuras de la actuación y del quehacer escénico. ¿Entonces, para qué arriesgarse?

En esta nueva “Mame” participan también: Dalilah Polanco, Víctor Noriega, Lorena Velázquez, Marta Zamora y Juan Antonio Edwards. Sin embargo, los únicos que valen la pena son María Filippini y los niños Eddy Valenzuela y Franco Meneses.

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