Placeres culpables: La perfección llega al teatro para lograr que salga mal

febrero 22, 2019

Escrito por: Fabián de la Cruz Polanco

Después de concluir una exitosa primera temporada de seis meses de duración en el Teatro Helénico, hace unos días recibí la invitación del estimado Ramsés López y el resto del equipo Pin Point Comunicación para presenciar el reestreno de La obra que sale mal, de los británicos Henry Lewis, Jonathan Sayer y Henry Shields, siendo en verdad una experiencia extraordinaria de disfrutar una puesta en escena muy peculiar.

Estrenada en 2012 en el Teatro Old Red Lion en Londres, Inglaterra, la llegada de The play that goes wrong, su título original en inglés, es la primera que se realiza en nuestro idioma, siendo dirigida por el inglés Mark Bell, ahora asentándose en el teatro 2 del Centro Cultural (antes Telmex), después de triunfar en el West End británico, además de Broadway, en Nueva York.

A pesar de ser una obra que sale mal, fue ganadora como Mejor comedia del año en los Premios Olivier 2015; Mejor escenografía en los Tony Awards 2017 y como Mejor Obra Broadway Audience Choice Award, dando muestra de que, cuando se quiere alcanzar la perfección, con un buen equipo y muchos deseos de realizarlo, todo buen propósito se puede alcanzar.

Interpretada por Juan Carlos Medellín, Artús Chávez, Iván Carbajal, Daniel Haddad, Adrián Vázquez, Majo Pérez, José Luis Rodríguez Guana’, Ari Alabarrán, Daniel Bretón, Daniel Ortiz y Ana Sofía Gatica, La obra que sale mal tiene como peculiaridad que el error premeditado es llevado al máximo límite de la perfección, esto para provocar la risa y el asombro del público.

De tal manera que para cada representación de esta producción de Próspero Teatro y Lemon Studiosm bajo acuerdo con Mischief Worldwide LTD, quienes presentan la producción de Mischief Theatre, se requiere que cada uno de los mecanismos de este aparato escénico funcione a la perfección y en el momento justo, para lograr impactar a los presentes.

Incluso, los actores se unen a este juego de forma magistral, que parecen también víctimas de las circunstancias, cuando realmente se trata de los que más precisión deben tener durante la función, pues son ellos quienes dan la cara al público; aunque no hay que hacer a un lado al equipo de tramoya y técnico del teatro.

Ver una de las funciones de obra que sale mal obliga al espectador a recordar montajes teatrales y televisivos británicos, como Monthy Python y Benny Hill, cuyas acciones inesperadas y sorpresivas de inmediato provoca las carcajadas entre los presentes.

La versión para México de La obra que sale mal nos sitúa en el montaje que un grupo estudiantil hace de Asesinato en la mansión Haversham, thriller situado en las primeras décadas del siglo XX dentro de una aristócrata familia inglesa.

Desde el momento en que se da la tercera llamada, todo lo que sucede sobre y detrás del escenario sale mal, yendo de mal en peor; mostrando el deficiente trabajo del equipo técnico, incapaz de montar de forma correcta la escenografía, hasta el no entrar a tiempo con los efectos de sonido e iluminación, por parte del Stage Manager, concluyendo con el nefasto desempeño del reparto.

Sin contar también los errores al momento de decir sus diálogos, la mala realización de las coreografías, generando con ello infinidad de accidentes y tropiezos en el escenario, provocando un final impactante e hilarante.

La producción ejecutiva es de Pepe Valdés, joven talento en la realización teatral, a quien hemos tenido la oportunidad de seguir y de conocer desde que hizo su incursión en la producción y montaje de teatro musical siendo muy joven y que hoy día, después de perfeccionarse tanto en México como en Nueva York y Londres, se ha convertido en un profesional en el ramo.

En verdad sería un error no ver La obra que sale mal, la cual recomendamos presenciar para entender y conocer el nivel de perfección que ha alcanzado el teatro en el país, y que es realizado por profesionales que, lejos de no pertenece a las grandes empresas que encabezan la cartelera, dejan en claro su pasión y respeto por las tablas. Sin duda alguna.

Por: Fabián de la Cruz Polanco | @fabiancpolanco

Relacionados