Placeres Culpables: “La Chilindrina” y sus memorias

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Fabián de la Cruz Polanco.-

Recuerdo que hace muchos años, en la última década del noventa, Roberto Gómez Bolaños “Chespirito” hizo el anuncio tajante que, después de varios lustros de presencia en la televisión y después de convertirse en un fenómeno de masas en México, Estados Unidos, Latinoamérica y parte de Europa, “El Chavo del ocho” y los personajes que habitaban esa “bonita vecindad” dejarían de aparecer en su programa semanal.

La razón era más que lógica y aplaudible en su decisión para el también cineasta y compositor: simple y sencillamente no quería provocar mal aspecto en pantalla al darle vida a los personajes principales de la serie, todos ellos niños menores de diez años los cuales, al momento de su primera aparición en televisión, justo en el Canal 8, —de ahí el nombre—, fueron personificados por actores con una edad, hasta cierto punto, permitida para caracterizarlos.

Incluyéndolo a él, los demás actores tenían elasticidad y habilidad para realizar movimientos similares a los que llevan a cabo pequeños reales de esa edad.

Esta determinación fue aceptada por la mayoría de su elenco de actores, con excepción de una de ellas, María Antonieta de las Nieves, encargada de darle vida a “La Chilindrina”, esa chamaquita medio “gandalla” que se aprovechaba de la inocencia de “El Chavo” para su beneficio; situación en la que la realidad, para bien o para mal, superó a la ficción, según lo comentaron muchos en su momento.

De esta manera inició una de las batallas para obtener los derechos de propiedad de este personaje, similar a la llevada años atrás por Carlos Villagrán, intérprete de “Quico”, quien se apañó al personaje cambiándole las letras y el color de las tobilleras, convirtiéndolo en “Kiko” y emigrando a Perú, donde permaneció durante muchos años.

Por su parte, “La Chilindrina” tuvo un poco más de suerte y logró que “Chespirito” le diera permiso de seguir usando al personaje, realizando con él películas, discos y una serie de televisión llamada “Aquí está ‘La Chilindrina’”, en la que estuvo cobijada por un cuadro de primeras actrices como Lilí Inclán, Yolanda Mérida y Cecilia Romo, entre otras.

De hecho, de esta serie es de donde se da a conocer los temas musicales “Hay que hacer la meme” y el principal homónimo de la serie.

Sin embargo, años más tarde, algo ocurrió entre María Antonieta de las Nieves quien, al igual que el hijo de “Doña Florinda”, quiso apropiarse por completo de los derechos de su personaje, con el pretexto de que ella le dio vida y ciertas características a “La Chilindrina”, borrando por completo la creación del personaje por parte de Gómez Bolaños.

Para muchos, esta situación resultó algo ridícula y para otros viable, pues la actriz le dio personalidad a esta niña por muchos años y era “justo” que se quedara con ella. Pero sonaría como si, por ejemplo, María Rubio se hubiera querido apropiar de “Catalina Creel” por el hecho de darle un sello característico a este personaje, también icono de la cultura popular mexicana, haciendo a un lado el trabajo creativo de Carlos Olmos y Carlos Téllez.

Imagínense si esto hubiese ocurrido. Después de la maestría en hacer telenovelas que significó “Cuna de lobos”, hubiéramos tenido series, películas y hasta obras de teatro en los que veríamos distintas aventuras de “Catalina Creel” antes, durante y hasta después de su muerte en la historia original… Pero bueno, esa es otra historia.

Todo lo anterior vino a colación por la aparición, hace unas semanas, del libro “Había una vez una niña en una vecindad”, escrito por María Antonieta de las Nieves, bajo el sello editorial Planeta; en el cual, a lo largo de 350 páginas y 32 capítulos, tenemos la oportunidad de conocer más a detalle la vida profesional y en parte personal de esta actriz nacida en el barrio de La Lagunilla de la Ciudad de México, aunque por amor a sus padres se proclamó oriunda de Santiago Ixcuintla, Nayarit.

En esta biografía, que inició su creación en el año dos mil, podemos darnos cuenta que antes de hacer a “La Chilindrina”, la cual fue concebida por Gómez Bolaños y a la que la autora del libro le propuso ponerle uniforme y él “sólo le cambió el nombre” debido a las pecas de ella, María Antonieta de las Nieves era poseedora de una productiva carrera lo mismo como actriz joven de teatro y televisión, que como actriz de doblaje en la década del sesenta, prestando su voz para varias películas y caricaturas.

Por ejemplo, la también alumna de Andrés Soler “dobló” la voz del pequeño Juan Antonio Edwards en “Soy Ye-Yé”, entre muchas más.

“Había una vez una niña en una vecindad” puede servir para conocer mucho más del trabajo en el medio del espectáculo de María Antonieta de las Nieves y darnos cuenta de su talento y persistencia por continuar en el medio, pero también podría tomarse como una manera de preguntarnos el por qué no resignarse al paso del tiempo, y guardar a esos personajes para recordarlos en su mejor momento, tal y como lo decidió “Chespirito” en su momento.

Él era un artista y, como tal, veía las cosas con delicadeza considerando de mal gusto ver a sus personajes de niños, interpretados por personas muy mayores. Creo que ese fue el motivo principal por guardar a “La vecindad de El Chavo”; pero eso sólo él lo sabía.

Y lo mismo ocurre tanto con “Quico”, hoy “Kiko” y hasta “Chabelo”, los cuales ya no tienen la fuerza física y tal vez de impacto entre el público; pero repito, esas son otras historias.

Sería muy gratificante que “La Chilindrina” nos dijera que se va a ir a vivir con su “Biscabuela” y, de esta manera, nos permitiera seguir disfrutando del trabajo maduro de María Antonieta de las Nieves, la primera actriz en la que se ha convertido durante más de cincuenta años de trabajo en el medio del espectáculo.

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