Placeres Culpables: El encuentro con Arturo Vega, el último de The Ramones

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Fabián de la Cruz Polanco.-

Muchas de las veces que iba a casa de mi padre profesional y entrañable amigo Mauricio Peña, veía una foto que tenía en su sitio de los recuerdos y que estaba muy cerca de la que conservaba, en la que estábamos él, Fernando Díaz y quien esto firma, misma que fue tomada durante la realización de la octava realización del Festival Internacional de Cine de Acapulco, en 2012; el último al que acudió.

Cuando la veía, me llamaba mucho la atención la presencia del protagonista de la imagen, un chico muy atractivo en lo físico y con una presencia que obligaba voltearlo a ver. Después de preguntarle a Mauricio, supe que la imagen pertenecía a Arturo Vega, originario de Chihuahua y entrañable amigo de Peña a quien, al igual que mí, pero desde muchos años atrás, había “adoptado” también como hijo suyo.

La revelación de la identidad de la fotografía fue muy impactante, pues años atrás yo había tenido la oportunidad de conocer a Arturo Vega, cuando Mauricio me lo presentó y me pidió ser su gerente de prensa para la inauguración de una importante exposición, la cual lo devolvió a la vida pública en el país, teniendo como pretexto la presentación de “Lie, Cheat, Steal” (Mentir, engañar, robar), exposición que Arturo montó en la galería El52, ubicada en la Plaza Río de Janeiro, en la colonia Roma.

Fue en ese entonces cuando conocí a fondo el trabajo y presencia en el mundo del punk rock de Arturo Vega, además de la presencia e injerencia que tenía en la vida cultural de Nueva York, formando parte del equipo de trabajo de la banda The Ramones, llegando a ser considerado como “El quinto Ramon”.

Y más fuerte fue, en ese momento, enterarme por Mauricio Peña de la muerte de Arturo, ocurrida en Nueva York el ocho de junio de 2013; siendo uno de los momentos más dolorosos en la vida de Mauricio quien, meses más adelante lo alcanzaría para recordar todas esas vivencias que tuvieron durante los muchos años que fueron amigos y familia.

Su pasión por el rock fue la que llevó a Arturo Vega a ser el director artístico del mencionado grupo punk, de 1974 a 1996, y para el que diseñó su primer telón de fondo y su logotipo, esto debido a la realización de un concierto con los Heartbreakers, un conjunto rival.

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Aunque ese telón no se incluyó en la exposición arriba mencionada sí se exhibió el que se diseñó y se empezó a usar en 1978 para una gira en Inglaterra de The Ramones. Es alusivo al tercer álbum, “Rocket to Rusia”: El águila tiene dos cohetes en las garras, el fondo es negro con todo el detalle en blanco.

Arturo recordaba que usaron ese telón durante 18 años y que cada dos o tres años le hacía algo para que se viera diferente. Johnny Ramone, no quería gastar dinero, Vega decía que era muy práctico. Entonces se las ingeniaba para cambiarlo.

Durante y después de los veinticinco años que vivió con The Ramones, Arturo Vega se dedicó a hacer aún más grande la proyección de la música que hacía la banda; de ahí su interés por realizar exposiciones y dar clases magistrales en las que hablaba del camino recorrido junto con ellos.

Cabe mencionar también une etapa en la que Arturo Vega se proyectaba también como actor; siendo estudiante de la escuela de teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes, donde fue compañero de Arturo Beristáin y del dramaturgo Carlos Olmos, los dos también amigos entrañables de Mauricio Peña.

Vega debutó en el Teatro de los Insurgentes en la comedia “Sigue tu onda”, producida por Armando Cuspinera, alternando con Héctor Suárez, Virma González, Raymundo Capetillo y la neoyorkina Priscilla López, ganadora del Tony por el musical “A Chorus Line. En el cine mexicano, Arturo trabajó en la película de Salomón Laiter, “Las puertas del paraíso”, con Jorge Luke y Jacqueline Andere.

Sin duda alguna, y de acuerdo a lo que Mauricio Peña nos platicaba, la personalidad de Arturo Vega estaba asociada con aquellos happenings de los setenta del siglo pasado en la Ciudad de México y los practicaba con mucha frecuencia en las fiestas que abundaban en esos tiempos. Incluso, Carlos Monsiváis bautizó a Arturo como “la leyenda de la Zona Rosa”, porque cada paso que daba para alegrar la vie boheme de aquellos años, tenía un espíritu más que festivo.

Mauricio nos contaba que Arturo Vega lo mismo podía ofrecer una sesión de danza con su look tipo Bob Dylan, que aparecer en Bellas Artes en un número coreográfico en homenaje a las travestis de San Francisco, “The Cocketes”.

Cabe mencionar que el director Eduardo Ruiz Saviñón lo incorporó a su montaje del musical “Tommy”, una versión libre de la ópera rock del grupo británico The Who, en la que Arturo Vega usó también su gran imaginación para hacer la coreografía y vestuario, con ambientación de la estética sicodélica del setenta.

Este montaje fue estrenado en el Festival Rock y Ruedas en Avándaro y en medio de la tremolina que significó aquel encuentro de grupo de rock en el lugar, se pudo filmar algo que ha estado presente en algunos documentales.

Cabe mencionar que el esfuerzo del director Ruiz Saviñón y sus actores, se vio coronado con una temporada en el teatro “Jiménez Rueda” en la Ciudad de México en 1970.

Después de esa experiencia, el artista tomó la decisión de marcharse a Nueva York, donde evolucionó como artista hasta convertirse en un icono de la vida cultural del “lower East village” neoyorkino y el loft donde vivió cuarenta años, cerca del CBGBs, nos decía Mauricio Peña, que cada año acudía a verlo en su viaje anual a esa ciudad, fue emblema del movimiento del punk rock en donde hicieron historia The Ramones y Arturo Vega.

Aunque su prioridad era la pintura, Arturo Vega dejó varios proyectos inconclusos; entre ellos el patrocinio de un grupo de rock con músicos mexicanos, bautizados por él como “Animo”, además de una comedia musical de rock, la cual hablaba sobre la marginación sexual en nuestro tiempo.

Siempre que veíamos la película del musical “Rent”, de Jonathan Larsen, Mauricio Peña recordaba el estilo de vida que llevó Arturo Vega en Nueva York. Los hombres y mujeres de esta obra, tan diversos y versátiles, le recordaban mucho la personalidad de este su gran amigo, que tenía una gran vitalidad y entusiasmo por la actividad artística.

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