Placeres Culpables: 10 clásicos del cine mexicano cumplen 58 años

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Fabián de la Cruz Polanco.-

Más de medio siglo es una medida razonable para referirnos a la vigencia de las películas mexicanas y es un gusto el poder presumir que si podemos tener filmes con la etiqueta de clásicos que han pasado ya a la historia, por sus virtudes artísticas, porque son fieles exponentes de los géneros en los cuales estaban especializados nuestros mejores cineastas.

La siguiente selección puede ser arbitraria, pero es de un gusto totalmente personal esperando que sea bien recibida en Filmeweb, tanto por los que se asoman a nuestra página, como también por la gente que ha sobrevivido al paso del tiempo y que podrán estar de acuerdo con nosotros de que se trata de una decena de películas fuera de serie que se dieron a conocer en 1957.

El orden del uno al diez, se debe al turno que tuvieron de su estreno durante el año, pero no es de ninguna forma una calificación, ya que sólo el público conocedor podrá otorgárselo.

= “LAS AVENTURAS DE PITO PÉREZ”. Aquí tenemos una comedia que hace evidente, una vez más el talento cómico de Germán Valdés “Tin Tan”, quien le ganó la batalla al legendario personaje del escritor michoacano J. Rubén Romero, al ofrecer una actuación que no se parece a ninguna otra de la carrera del actor, pero ninguno de los fanáticos de sus cintas la ha descubierto y resaltado como merece, y por supuesto no está en las flamantes colecciones que ahora se editan en DVD con películas de “Tin Tan”.

Es fiel al espíritu del personaje creado por Romero, pero al mismo tiempo nunca se disminuye como actor para alcanzar alturas de gran comedia.

La película la dirigió Juan Bustillo Oro, quien creía que no se merecía ni al personaje y tampoco a “Tin Tan”, y así lo manifestó en su libro de memorias, tal vez porque había una primera versión de la historia, que filmó Miguel Contreras Torres, con Manuel Medel, en 1943. Sin embargo el artista que recreaba a “Pito Pérez”, se sobrepone al escepticismo del director y llega hasta nuestro tiempo con su inspiración cómica.

Placeres culpables 2

= “LA MUERTE EN ESTE JARDÍN”. Esta película de Luis Buñuel ya estaba anunciando que el celebre cineasta habría de dejar en pocos años el cine mexicano, para retomar en Europa una carrera que la Guerra Civil de España y la II Guerra Mundial había dejado incompleta, obligándolo a emigrar primero a Estados Unidos y posteriormente al cine mexicano.

Es una coproducción de Francia y México, y en ella aparecen en los roles estelares actores galos de gran valía: Simone Signoret, Georges Marchal, Charles Vanel, pero Buñuel también le hizo sitio a los intérpretes mexicanos, algunos de los que ya habían trabajado bajo sus órdenes en películas anteriores, Tito Junco, Luis Aceves Castañeda, Francisco Reiguera, Manuel Dondé, Raúl Ramírez, quienes tenían papeles por encima de otros histriones de Francia que llegarían a ser grandes figuras como Michel Piccoli.

La historia de un grupo de mineros que se rebelan y son reprimidos por sus patrones, viene de la novela de José Andrés Lacour, y fue adaptada para el cine por el propio Buñuel con la colaboración de uno de sus mejores alumnos, Luis Alcoriza que llegaría a ser también autor de sus propias cintas, y Raymond Queneau, literato europeo que le daba brillo a esta película que se estrenó en versión en español, aunque fue filmada en francés, en las bellas locaciones del estado de Veracruz.

Placeres culpables 11

= “LOS AMANTES”. Se trata de un melodrama que tiene aureola de maldito porque es probable que su negativo haya sido destruido. Su director es Benito Alazraki, y sus protagonistas Yolanda Varela y Carlos Baena, nombres ahora olvidados pero que sin embargo fueron en la década del 50, garantía de taquilla por esta y otras películas.

Yolanda hizo “La Torre de Marfil” y “¿Con Quien Andan Nuestras Hijas?”, antes de esta historia que cuenta la aventura erótica de una mujer de la vida alegre, que compra los favores de un atractivo estudiante de medicina que sufre porque ella tiene muchas obligaciones derivadas de su oficio.

El relato es de una crudeza poco usual para el cine mexicano de esos años y provocó la  furia de una censura que la condenó a la clasificación “C” en la fecha de su estreno, pero se mantuvo siete semanas en el céntrico cine Arcadia en las calles de Balderas, y su actriz principal fue recompensada con una nominación al Ariel de Mejor actriz.

Aunque orgullosa de su trabajo, Yolanda Varela dio un giro a su carrera y se casó con el productor Fernando de Fuentes, quien veinte años más tarde adquirió los derechos de la película y  la retiró de circulación, y otra versión asegura que la destruyó en forma definitiva y por tanto la imagen que acompaña esta nota puede ser lo único que permanece de  esta película fuera de serie.

Placeres culpables 3

= “LA DULCE ENEMIGA”. Una atrevida comedia teatral francesa, es la base argumental de esta película de Tito Davison, que es uno de los triunfos grandes de su estrella, Silvia Pinal, quien conquistó al público con su encarnación de una mujer que tiene la mala suerte de perder a sus sucesivos maridos, la noche de bodas. El tono es de picardía como debió haber sido el original que otro director, el austriaco Max Ophuls, ya había filmado en 1936.

La película estaba diseñada para el lucimiento de su estrella femenina que estaba muy bien acompañada por los atractivos galanes de moda, Joaquín Cordero y el argentino Alberto de Mendoza, acompañada también por otros actores de carácter, Carlos Riquelme y Miguel Manzano.

En cada encuentro amoroso, se ponía en evidencia el esplendor y encanto de la rubia artista que ya dominaba la comedia al grado de situarse por encima de sus compañeros actores, quienes no tenían oportunidad de competir con ella durante toda la duración de la película, porque sus personajes eran realmente episódicos.

Davison contó con una buena producción y se dio el lujo de hacer efectos especiales, como en aquella secuencia en que la protagonista se hace presente en el escritorio de uno de sus enamorados, quien está leyendo su carta y ve con sorpresa que la mujer es una diminuta figura que lo inquieta sexualmente.

Placeres culpables 4

= “BAMBALINAS”. No hay duda que Libertad Lamarque estaba segura de que su público la aceptaba en cualquier historia, porque no hay otra explicación de la razón por la cual hizo esta película donde encarna a una cantante que luego de llegar a la cumbre también conoce el fondo del abismo cuando pasa la edad límite y es sustituida por una nueva figura, al igual que ella lo hizo con la artista decadente a la que le quitó su primer contrato.

El director Tulio Demichelli mexicanizó de alguna manera un asunto que ya habíamos visto en “Lágrimas de Triunfo”, la vida de la actriz del cine mudo que protagonizó la rubia lavanda Kim Novak, y que también parcialmente se había recreado en “La Malvada” (All About Eve), con Bette Davis y Ann Baxter.

En fin, todo se vale en el cine mexicano, pero no hay duda que esta cinta dejó huella por la interpretación de Libertad Lamarque y sus creaciones musicales, así como la presencia de la joven Sonia Furió, quien encarna en la historia a la cruel competidora de la artista veterana que verá bajar sus bonos en el teatro donde el público ya no quiere canciones románticas sino los bailes provocativos que les ofrece la nueva bailarina, quien apenas le permite a su veterana competidora despedirse del público en una escena memorable sin duda en el cine nacional: doña Libertad termina su canción luciendo todavía el traje de famoso diseñador e inmediatamente aparece su rival, con un traje de los llamados “payasito” que deja poco a la imaginación haciendo contoneos eróticos y cantando “ni soy muy ni tan tan, sino simplemente tonta”.

Placeres culpables 5

= “UNA CITA DE AMOR”. En varios momentos de su carrera, Silvia Pinal se atrevió a desafiar el cliché de la estrella rubia para hacer películas como esta donde fue dirigida por Emilio “Indio” Fernández. Diez años después volvería a sacrificar su imagen para hacer “La Soldadera”, bajo la dirección de un talento malogrado, el cineasta José Bolaños. Entonces en “Una cita de amor”, la Pinal se atrevía a aparecer con la cabellera negra y luciendo trajes campiranos, además de estar acompañada de dos actores excelentes que nada tenían de galanes, Carlos López Moctezuma y Jaime Fernández.

Mauricio Magdaleno, fiel guionista de Fernández, se inspiró en la novela “El niño de la bola” de Pedro Antonio de Alarcón para contar el vía crucis de una mujer bien nacida que es arrastrada por la violencia de la Revolución Mexicana. Era la hija de un hacendado que se enamora de un hombre humilde desafiando a su familia de clase y con desastrosos resultado.

El melodrama está a todo lo que da y la Pinal sale airosa en su trabajo tanto en las escenas en que pierde a su pareja amorosa como en aquellas otras en las que se defiende como una mujer del pueblo en una secuencia memorable donde interpreta la canción de Tomás Méndez, “A los Cuatro Vientos”, haciendo dueto nada menos que con Amalia Mendoza “La Tariacuri”.

Placeres culpables 6

= “TIZOC”. La reunión de dos grandes estrellas del cine mexicano, María Félix y Pedro Infante, fue un capricho del gran director Ismael Rodríguez, quien los convenció a los dos de que debían presentarse ante el público que los venía apoyando en el pasado, con una historia que todavía ningún otro realizador se ha atrevido a repetir: el caso de un indio mixteco que se enamora de la hija de un hacendado sólo porque su rostro le recuerda el de la Virgen.

Desde el principio esa relación amorosa está condenada al fracaso y a la tragedia, porque ambos pertenecen a mundos distintos, aunque en cierto momento, la mujer con la altivez propia de su clase llega a conmoverse con el amor que le profesa el indio Tizoc.

Está bien pensado por el director aprovechar la presencia de “La Doña”, sin tener que obligarla a mostrar su afecto por el personaje que encarnaba un actor que veía por encima del hombro, y eso se nota a lo largo de toda la película.

Pero es una curiosidad que seguramente veremos pronto en versión restaurada digital, para rescatar esos colores chillantes del sistema fotográfico Eastman Color, muy de moda en la década del cincuenta en nuestro cine. La recompensa para la humildad que imprime Infante a su personaje, se la dieron al año siguiente en el Festival Internacional de Cine de Berlín, donde ganó el Oso de Plata como Mejor actor.

Placeres culpables 7

= “TORERO”. Aunque en la fiesta brava han triunfado muchos mexicanos, muy pocos han merecido como Luis Procuna una película como esta, que le hace justicia a su brillante trayectoria, lo más insólito es que es el propio matador quien se interpreta a sí mismo en pantalla bajo la dirección de Carlos Velo, un cineasta español adoptado por México y quien hizo la segunda parte de la carrera que había comenzado en su país y que interrumpió en forma miserable la Guerra Civil.

El procedimiento para contar la vida de Luis Procuna que tiene la fotografía original de Ramón Muñoz, alternada con noticieros y documentales, tiene la sencillez que gustó al público que la sostuvo cuatro semanas de exhibiciones en el Cine Chapultepec.

Procuna cuenta frente a la cámara toda su experiencia del día de una corrida y del miedo que experimentó y del cual ni él o ninguno de sus compañeros puede liberar fácilmente. La familia del torero aparece tal cual, y también otros toreros con los que pudo alternar en sus tardes de gloria, Luis Castro “El Soldado”, Manolo Dos Santos, Lorenzo Garza, Carlos Arruza.

Hay un poco de ficción que se mezcla con la historia de Luis Procuna, pero el ensamblaje está bien logrado por ello “Torero” se puede considerar también como una película digna de pasar a la historia del cine mexicano.

Placeres culpables 8

= “ESCUELA DE RATEROS”. La asociación de Pedro Infante con el director Rogelio A. González, nueve películas en seis años, empezó con “El Gavilán Pollero” y terminó con “Escuela de Rateros”. Todo funciona en forma admirable en esta comedia, ultima película del ídolo que permaneció doce semanas en las salas Roble, Orfeón y Ariel, ubicadas en forma estratégica en la ciudad de México donde se rendía homenaje a la memoria de Infante, que no pudo ver el estreno de su trabajo de despedida.

El bien dotado guionistas Luis Alcoriza hizo la adaptación de la pieza del autor Carlos Llópis y el director llevó a buen ritmo la trama y dio pruebas de su ingenio e inventiva al otorgarle un doble papel a Pedro Infante, quien luce como histrión completo en la pantalla, exhibiendo una capacidad más amplia para parodiar incluso a un personaje argentino.

Lo mejor de la industria fílmica mexicana, el fotógrafo Alex Phillips, el editor Rafael Ceballos y actores de carácter como Eduardo Alcaraz, Carlos Muzquiz, Luis Aragón, así como las estrellas femeninas Yolanda Varela y Bárbara Gil, están al servicio de Infante quien a lo largo de su carrera tuvo una evolución que tiene de alguna manera culminación en esta cinta, que pudo continuar de no haber ocurrido su trágica muerte.

La película ha sido reeditada y restaurado su negativo original, y circula en el video digital para mayor beneplácito de los seguidores de la comedia mexicana y de Pedro Infante.

Placeres culpables 9

= “LADRÓN DE CADÁVERES”. En el cine mexicano han existido buenos directores de películas de terror y Fernando Méndez es uno de ellos, como lo prueba una serie de películas del género tan apreciado por el público como “El Vampiro”, y este “Ladrón de Cadáveres” que en muchas formas supera al anterior título pues es una película mucho más ambiciosa y sobre todo muy original en su propuesta de argumento, escrito por el propio Méndez y Alejandro Verbitzky, con la fotografía de Víctor Herrera y la escenografía de Gunther Gerszo, además de un elenco que incluye a Columba Domínguez, Crox Alvarado, Wolf Ruvinskis, y ese actor de carácter, especializado en los temas de terror, Yerye Beirute, que conforman todo un equipo que se deja dirigir por Méndez con gran entrega.

En la historia se mezcla el tema de la lucha libre para enmarcar las acciones de maldad de un científico que, al igual que “Frankenstein”, planea la creación de un ser perfecto a base de partes de cadáveres de seres humanos que hurtan de los cementerios. La aparición de ese monstruo fabricado por el científico desequilibrado, constituye la máxima sorpresa de la trama y allí donde el realizador hace gala de su manejo de la tensión que produce miedo y pánico en el espectador.

La combinación de dos géneros muy distintos, el deporte de la lucha libre y el terror, habrían de inspirar muchas otras películas en las décadas siguientes en el cine mexicano, sin embargo con ella, Fernando Méndez ofrece una visión totalizadora que ha pretendido ser imitada pero nunca igualada.

Placeres culpables 10

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