Personajes ayudan a autor a concebir “El crimen perfecto”

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Jaime Rosales Domínguez.-

“El crimen perfecto” aborda el tema de la creación literaria y, más específicamente, el de la relación entre el autor y sus personajes. Sobre esta estructura, el autor Juan Carlos Araujo ha montado una comedia dramática cuya ingeniosa anécdota mantiene al público de risa en risa hasta que se percata de que lo verdaderamente ingenioso es el artificio, el acto de ilusionismo que queda al descubierto hacia la mitad de la obra, y con el que el autor ha estado engañándonos para que entendamos cómo funciona aquello de la creación de personajes y de cómo éstos pueden independizarse de su creador.

Ya Susan Sontag había advertido sobre el hecho de que la convivencia del escritor con sus personajes es una esquizofrenia, la cual aquí es literal, pues la mente perturbada del autor lo conducirá a un mundo que se pretende ficticio, pero en el que si te matan te mueres de verdad.

Esta relación autor-personajes hace que la obra adquiera el carácter de una creación dentro de otra creación, cuyas varias capas el público debe ir retirando hasta llegar a la nuez de la representación. O quién sabe, porque si lo que se propone en este juego de espejos y de máscaras es que hay un autor que manipula los hilos de todos los destinos, quizá nosotros, espectadores, seamos a su vez la invención de alguien más.

Desde esta perspectiva la obra se inscribe dentro de un teatro de corte pirandeliano, sobre todo si se recuerda aquella obra de este autor italiano ‒Luigi Pirandello‒ titulada “Seis personajes en busca de su autor”, en la cual un escritor concibe una obra, pero por circunstancias personales se niega después a escribirla, pero los personajes acuden a un director para que haga realidad la obra y de este modo puedan expresar cada uno su tragedia.

En la obra que nos ocupa los personajes ya existen, ya han sido narrados, conocen a su autor, le ayudan a concebir el crimen perfecto y se asumen como parte de la regla de tres que se requiere para ello: el plan, la víctima y el victimario perfectos.

Crimen perfecto 2

Para una propuesta de este tipo el autor, Juan Carlos Araujo requería más que un director, un cómplice que encontró en Andrés Tena, quien ha dispuesto un desenvolvimiento actoral con movimientos marcadamente teatrales, lo que está acorde con la doble naturaleza ficticia de los personajes, pues aparecen en escena de esta pieza teatral, pero a la vez son personajes de otra obra, donde han cobrado tanta independencia de su creador, que éste recurre a ellos para fraguar el crimen perfecto.

El dispositivo escenográfico está a cargo de Salvador Núñez, quien hace una lectura correcta de las intenciones del contenido temático, mediante el sencillo pero eficaz recurso de deformar las puertas, la mesa y las sillas, únicos elementos sobre el escenario, en lo que parece una distorsión muy apropósito para seguir poniendo en duda la frontera entre realidad objetiva y subjetiva que propone la obra mediante el conflicto entre personajes y autor, es decir, el intercambio de papeles que pone al descubierto la falsedad de las relaciones humanas.

El grupo de actores tiene una actuación muy pareja y convincente. Marcela Morett, Miguel Romero, Beto Torres y Natalia Sosa dominan muy bien los tiempos de la comedia y las transiciones hacia los pasajes más dramáticos de la pieza.

Se trata, pues, de una puesta en escena humorística, entendido el humor no como una sucesión de chistes intrascendentes, sino como un juicio de la realidad vía el lado ridículo en que suele discurrir el actuar humano.

“El crimen perfecto” se presenta todos los lunes en el Foro Shakespeare, hasta el próximo 30 de mayo.

Fotografías: Jaime Rosales Domínguez