Odiseo Bichir y Alfonso Dosal discuten “Una noche en la playa”

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Jaime Rosales Domínguez.-

En esta comedia uno se divierte hasta que llega el inesperado final que te borra la sonrisa. Así es “Una noche en la playa”, una obra escrita por el español Javier Veiga, adaptada y dirigida por el dramaturgo, director y guionista mexicano Alejandro Ricaño.

El reparto lo conforman Odiseo Bichir y Alfonso Dosal, quienes interpretan a “Klaus” y a “Manu”, respectivamente, un gringo y un tendero de una palapa en Playa del Carmen. Dos personajes contrapuestos por su cultura y costumbres, pero cuya relación cliente-prestador de servicio entra en tensión cuando el turista le impide a Manu recoger la última silla de playa para cerrar el negocio e irse a casa.

A partir de entonces se establece entre ellos un diálogo que se convierte en esgrima verbal en el que poco a poco vamos conociendo las circunstancias que los han puesto a cada uno en aquel lugar, en medio de chispeantes y humorísticos intercambios en que salen a relucir personajes de la literatura como Francisco de Quevedo, del cine como Groucho Marx e Ingmar Bergman y hasta científicos como Albert Einstein.

El espectador disfruta de un humor muy fino en el que acaso lo único malsonante o fuera de lugar sean las consignas políticas disfrazadas de frases célebres un tanto moralizantes, como cuando el gringo dice al otro que el problema de los países del Sur es que nunca se responsabilizan de sus problemas, pues siempre culpan de éstos a los países del Norte.

Por lo demás estamos ante una comedia muy lograda por su estructura y por las dos sorprendentes vueltas de tuerca que conducen al desenlace, pero también por el muy solvente trabajo actoral de Bichir adecuadamente complementado por el de Dosal, pues es notorio  que la pareja de protagonistas se siente cómoda y disfruta su propio desempeño sobre el escenario.

En entrevista con Filmeweb, el director Alejandro Ricaño explicó que México es el primer país en el que “Una noche en la playa” es llevada a la escena, por lo que prácticamente estamos ante un estreno mundial.

Añadió que el proceso de adaptación consistió en trasladar la historia al medio mexicano, porque el texto original tiene como personajes a un español y a un sueco, países que expresan el choque cultural entre las naciones del Sur y las del Norte.

En nuestro caso ese choque cultural no es tanto con los europeos sino con Estados Unidos y de ahí el personaje norteamericano; también adaptamos el humor que en el original es claramente español, y una vez hecho esto vimos que la obra podía funcionar aquí, pues habla de nuestras preocupaciones y el público va a venir a confrontarse y a reflexionar sobre algunos problemas de nuestra sociedad, como nuestra falta de responsabilidad como individuos cívicos”.

Sobre el tema Ricaño acota: “También es importante decir que la solución a los males del país no es que nos hagamos responsables solo nosotros, sino sobre todo los políticos, pues como dice un texto que circuló en redes sociales dirigido a quienes piensan que el cambio está en uno mismo: ‘Cuando desaparezcan a una persona, que yo respete la luz del semáforo no hará que me la regresen’, pero el discurso que plantea la obra es un buen inicio para cambiar como sociedad”.

En relación con la escenografía y la iluminación, ambas a cargo de Patricia Gutiérrez, Alejandro Ricaño explicó que buscaron una paleta de colores muy cálida y “visualmente muy linda”, porque se trata de una comedia muy fina, aunque con un final bastante oscuro. Y para ello revisaron la dirección de arte de las películas de Wes Anderson (“El gran hotel Budapest”) y en particular el trabajo de este cineasta en la cinta Moonrise kingdom (Un reino bajo la luna) donde el mar es un referente.

En cuanto a iluminación no pretendíamos utilizar muchos artificios; se trata de una obra que debía contarse sola y sostenerse únicamente a partir del trabajo de los actores y del propio texto, y por ello no hay muchos cambios salvo en la escena en que Manu va buceando, escena en que sí requeríamos crear, con el trabajo de luces, un ambiente más onírico”.

Por lo que toca al desempeño actoral, el director de Una noche en la playa señaló que lo primero que pide a los actores es que se diviertan, pues en una comedia si no lo hacen ellos tampoco el espectador lo conseguirá.

Lo que trabajo con ellos es mucha matemática porque la comedia es un género muy calculado y milimétrico donde, por ejemplo, está muy marcado dónde debe ir cada silencio. Lo que sigue es que los actores también tengan muy calculada su relación con el espectador, pues en la comedia éste es quien dicta el ritmo: deben estar atentos y saber leer todo el tiempo la reacción del público”, finalizó Ricaño.

“Una noche en la playa”, presentada por Producciones Fábregas y Tercera Llamada, tendrá una corta temporada en el Teatro Virginia Fábregas, en la Ciudad de México, con funciones de viernes a domingo.

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