“Octopia”: Meditación con música experimental en el Museo Tamayo

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Nadia Galaviz.-

Un concierto para meditar compuesto con música experimental, creada para hacer sentir mejor a quienes la escuchan, es lo que el artista argentino Eduardo Navarro presentó en el Museo Tamayo Arte Contemporáneo a propósito de su exposición “Octopia”, que mediante sensibilidad corporal busca comprender mejor a un animal marino como el pulpo y los movimientos de sus tentáculos.

En entrevista comentó que, como actividad paralela, se decidió organizar una sesión de yoga en la que “utilizamos sonidos ya conocidos, como los cuencos tibetanos, mismos que pasamos por un proceso electrónico para amplificar y extender las posibilidades del sonido emitidos por ese tipo de instrumentos”.

La música que estuvo a cargo de Daniel Lara Ballesteros, comenzó a sonar en punto de las nueve horas de la mañana, momento en el que decenas de personas se reunieron para realizar ejercicios, ya fuera acostados o sentados, en posición de loto o haciendo estiramientos, así como diversos movimientos preparativos para meditar.

Los asistentes disfrutaron de esta sesión gracias a dichos sonidos, que fueron percibidos como una buena inducción para los principiantes, en tanto que para los avanzados, les permitió lograr meditaciones más profundas.

Lara Ballesteros indicó que los beneficios de esta actividad son múltiples, entre ellos la “disminución de ansiedad, mayor lucidez mental, mejora nuestra inteligencia emocional y nos hace personas más conscientes, más inteligentes y nos hace personas más buenas y ya con eso, no te enfermas para nada”.

Yoga tamayo 2

Destacó, por lo anterior, la necesidad de seguir implementando iniciativas de este tipo en los museos, pues como precisó el encargado del proyecto Medicina del Sonido, a estos recintos “les toca estar al día con las cosas que la gente necesita y también porque esto es un trabajo estético, entonces tiene ese valor artístico, pero dirigido a un objetivo muy específico”.

Añadió que en la Ciudad de México ya existen antecedentes de ejercicios similares de sesiones de yoga realizados en la Casa del Lago, a la cual se suma esta experiencia en el Tamayo y que se extenderá ahora en el Museo de Arte Carrillo Gil.

Al mismo tiempo, la actividad sirvió de preámbulo para la última activación de “Octopia”, consistente en una instalación formada de una estructura en forma de pulpo la cual cobra vida gracias a la intervención de más de 80 personas. Coreógrafos y bailarines se unen mediante una transformación colectiva en la que pierden un poco su individualidad para tratar de entrar al estado natural de ese animal.

Para el creador argentino, “Octopia”, creado explícitamente para el Museo Tamayo, “es una especie de animal mitológico, mitad humano, mitad pulpo, pero está más que nada relacionado a crear una especie de sociomotricidad entre las personas, no es que ellos controlen al pulpo, sino que el pulpo los controla a ellos, como una situación holística, así que es como una especie de sociomotricidad, de coordinación”.

Las activaciones fungen como un estudio de expresión que omite el habla como medio principal de interacción. Así, la muestra brindan la oportunidad a los participantes de experimentar un ejemplo de comunicación integral en la que por medio de la cancelación de la individualidad y la investigación de la sociomotricidad se alcanza otra forma de conocer al mundo.

De este modo, la última activación de este pulpo gigante se llevó a cabo de manera exitosa, sin embargo, la instalación, conformada por arneses a manera de tentáculos, estará abierta al público para ser visitada hasta el próximo 3 de julio en el Museo Tamayo de Arte Contemporáneo, en la Ciudad de México.

Yoga tamayo 3

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