“Nuevas directrices…” o la utilidad del arte ante los horrores de la realidad

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Jaime Rosales Domínguez.-

“Nuevas directrices para los tiempos de paz”, la obra del autor brasileño Bosco Brasil, está de nuevo en temporada en La Teatrería (los miércoles del  8 de febrero al  5 de abril). En esta entrevista, su director Gabriel Figueroa Pacheco y el actor Julien Le Gargasson hablan acerca del estilo de la puesta en escena, del sentido del arte ante una realidad que ya no conmueve a nadie  y del trabajo del actor que como los gladiadores romanos, ha de enfrentar y dominar situaciones extremas.

- Gabriel, ¿cuál es el tema de “Nuevas directrices para los tiempos de paz”?

Son tres: uno es la migración, la otredad y el tercero y más importante, el que yo quise enfatizar: el de la importancia del arte en tiempos de crisis de la humanidad.

Se parte de una anécdota muy sencilla: un inmigrante polaco llega a Brasil en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial; viene huyendo del infierno de esa guerra pensando que va a encontrar un paraíso, pero son los tiempos del dictador Getulio Vargas en Brasil, cuando empiezan a disfrazar la dictadura hacia una etapa aparentemente democrática. Se da cuenta que el mal que puede provocar la humanidad no es exclusivo de Europa y que aquí en Latinoamérica estamos haciendo cosas peores.

Este inmigrante que dice ser agricultor y que viene a Brasil a prestar sus brazos para la labranza, en realidad es un actor que reniega de su profesión por considerarla inútil en tiempos de guerra; pero el fiscal de inmigración que lo detiene en esta oficina y que le niega el paso porque en un principio le pareció sospechoso, en realidad tampoco es quien dice ser; es un ex torturador del régimen de Getulio Vargas.

Después de que el migrante acaba revelando su verdadera profesión, el ex torturado le pone un reto: “usted que viene de la guerra ¿quiere quedarse en Brasil? Tiene 10 minutos antes que su barco zarpe de regreso. Tiene esos 10 minutos para hacerme llorar”. Pero la realidad ya no conmueve a nadie. Y este ex torturador, claro que no se conmueve de los horrores de la guerra. Él cometió horrores iguales o peores en su propio país.

La realidad, esta que vivimos nosotros en este 2017 tampoco ya no nos conmueve. Entonces, lo que nosotros enfatizamos en esta obra es la pertinencia del arte como posibilidad de formular una observación sobre esa realidad”.

- ¿Qué estilo o tipo de montaje elegiste para darle forma a un contenido como este?

En la primera lectura me percaté de que este texto no necesitaba más que un par de buenos actores. Si acaso un par de sillas, una mesa, algo que nos sugiriera ese ambiente de oficina…y entonces decidí que fuera un montaje minimalista, para que el espectador pudiera concentrarse en el juego actoral: dos seres humanos confrontándose, dándose cuenta de que no son ni mejores ni peores que el otro.

El estilo actoral es un estilo realista, así lo pide el texto. Es un espectáculo para salas pequeñas y necesitábamos que hubiera ese elemento de conexión inmediata con el espectador, ya que lo demás era una convención: cámara negra, dos sillas y una mesa claramente de utilería…que nunca es real como la realidad misma, siempre hay una síntesis de esta realidad, pero digamos que el tono sí es muy realista”.

- En la historia del teatro el realismo busca una reproducción exacta de la realidad, y hay quienes se inclinan por lo teatral porque apunta más a las verdades últimas. ¿Tú de cuál postura estás más cerca?

En cada montaje yo descubro la forma que voy a emplear. En este caso vi que no era necesaria una estilización neo expresionista o dadaísta. Toda forma es válida si eso permite resaltar eso que aparentemente no está en la historia, es decir, cómo logramos comunicar mejor nuestra historia. Otro director seguramente hubiera empleado otras formas. Yo descubrí que con esta estilización cercana al realismo era más que suficiente.

La historia de los estilos en el teatro y en el arte en general es muy similar a la historia de la jardinería, como bien apunta Jaumé Meléndez, un teórico español, que hacía esta analogía: el realismo muestra o pretende mostrar el arbusto tal como es, el surrealismo va a conectar unas ramas con otras como si lo vieses en un sueño; el dadaísmo va a promulgar que solo son posibles los arbustos en forma de cactus en el polo norte; es decir queremos hablar del árbol, pero la historia de qué tipo de árbol queremos contar, y en esta obra tenemos un árbol y decidí que fuera lo más parecido a lo que podemos ver en la realidad, pero le he quitado un montón de hojas y lo he podado de tal manera, que ya no tiene nada que ver con cualquier arbusto de aquí del parque”.

- ¿Por qué te interesó contar esta historia?

Siempre parto de textos que coincidan con mis obsesiones personales, con mis inquietudes. Cuando conocí este texto yo estaba en crisis profesional: no sabía si quería seguir haciendo teatro. Esto fue en 2013 cuando la estrenamos en el Centro Cultural del Bosque. ¿Qué sentido tiene hacer esto que hago en este país, en estos tiempos, para qué sirve, a quien le  sirve? Y encuentro esta obra que me da una respuesta y hasta el momento sigue vigente: cada función que veo encuentro esa respuesta: claro que tiene sentido el arte, el teatro en particular. Ahí viene la conexión.

El público se dirá: bueno ¿y yo que no soy teatrero? pero la pregunta es más amplia: ¿tiene sentido hacer lo que hacemos, es decir, ciencia, política, sociología, historia…?”.

- ¿Tu temperamento artístico cómo caza con una pieza como esta?

Si una obra me atrapa en realidad es porque me mete en más problemas. Me inquieta y entonces me interesa indagar más, indagar sobre la escena, es decir, qué descubro gracias a los actores y a la respuesta del público.

Definitivamente yo decidí hace mucho tiempo no llevar a escena nada que no me inquietara; eso no quiere decir que no acepte encargos, pues tengo un oficio, pero trato de encontrar un punto de conexión o que este punto sea la provocación en mí, porque entonces yo podré compartir esto que me provoca y que el espectador también salga inquieto, porque finalmente el teatro es para eso, para inquietar, no para aplacar el ánimo o los miedos, no, es para generar más miedo y más esperanzas”.

Nuevas directrices 2

EL ACTOR, UN GLADIADOR ROMANO: JULIEN LE GARGASSON

Actor francés radicado entre nosotros desde hace ocho años, Julien Le Gargasson interpreta junto con José Antonio Falconi, a los dos únicos personajes de “Nuevas directrices para los tiempos de paz”.

- Julien, ¿qué fue lo que te atrapó del texto?

El desarrollo dramático, el desarrollo de la acción, que al parecer en un principio es como muy común; es una situación que ya pensamos haber visto muchas veces, y nos logra atrapar poco a poco y nos va a meter a través del alma de los personajes, y finalmente se transforma en un viaje interno hasta el desenlace completamente inesperado que a mí me tocó mucho porque habla de trascendencia, habla de arte, y habla del teatro.

Habla del teatro justamente después de todo: después de la desesperanza, después de la destrucción, después de las traiciones, después de los miedos, después de todo lo que puede ser una vida humana, y parece ser una especie de puerta de salida si nos permite seguir viviendo el arte y el teatro en particular”.

- ¿Qué te exigió como actor esta puesta en escena?

Contacto, estar en contacto con lo que le ocurre al personaje, que de entrada nadie quiere estar ahí con la pérdida de tu familia, de tu país, de tu profesión. Hay un rechazo natural al dolor provocado por estas pérdidas y esto es lo que ha sido el reto de este personaje, estar en contacto con estas imágenes, con los recuerdos que muchas veces son atroces”.

- ¿Sientes que tienes control de tus emociones y que esto te permite entrar y salir del personajes?

No siempre. Las emociones es la resultante de un proceso muy complejo. Procuro tener control, pero no siempre; a veces se va el personaje, a veces se queda conmigo…pero para eso nos pagan, para que enfrentemos estas cosas, como los gladiadores romanos enfrentaban a los leones, nosotros enfrentamos estas situaciones extremas, dramáticas. “Entonces debo decir que a veces el cuerpo y la mente son falibles o no constantes y entonces el reto es volver siempre a que sea como si fuera la primera vez que estamos ahí. Es difícil mantener una impermeabilidad total entre lo que somos y el personaje. A eso me refiero”.

Fotografías: Jaime Rosales Domínguez