“Mi cena con André”: Confrontación sobre la vida, el arte y la libertad

0 Flares 0 Flares ×

Jaime Rosales Domínguez.-

Mi cena con André” es como una fórmula científica: sencilla y elegante en su forma, pero con una oculta complejidad interna. Como la relatividad, que con solo tres literales, un signo y un súper índice nos revela aspectos insospechados del mundo natural.

Así aquí. Dos amigos –“André Gregory” y “Wallace Shawn”‒ se reúnen para cenar en un restorán neoyorquino. Sencillo, ¿no? Sólo que su conversación nos irá arrastrando hacia las profundidades de las relaciones cotidianas, en las que poco reparamos, y en la que ambos personajes se batirán: uno (“André”) proponiendo la búsqueda de la realidad por sobre la fantasía en la que –dice—vivimos todos; el otro (“Wallace”) reivindicando los placeres sencillos: leer crítica teatral y autobiografías o cumplir con su lista de responsabilidades.

La idea es simple: sobre el escenario tenuemente iluminado, la mesa en que cenan ambos personajes, en realidad un dramaturgo y un director de teatro, y su conversación que todo lo llena. Los espectadores, sentados como ellos en mesitas redondas, hacemos las veces de personajes incidentales que completan el ambiente del restorán en que se despliega la obra, lo que reafirma el juego de ficción-realidad que toda representación impone.

Tras una primera parte en que “André” se adueña de la palabra detallando sus experiencias espirituales en distintos viajes y otras en compañía de su amigo “Jerzy Grotowski”, el creador del concepto de Laboratorio teatral, asistimos a un esgrima verbal entre dos personajes sobre la inutilidad de los afanes humanos, la vida cotidiana, el poder, el arte y la libertad.

Cena andre 2

Originalmente “Mi cena con André” es el guión de una película, creado a fines de los setenta por los propios  personajes (“André” y “Wallace”) y llevado al cine por Louis Malle en 1981. Traducida por Rodolfo Obregón, la obra es interpretada por Boris Schoemann (“André”) y por Manuel Ulloa Colonia (“Wally”), quienes además están a cargo de la codirección del montaje.

La conversión a la escena de este guión cinematográfico se antoja natural habida cuenta la profesión de sus autores. La teatralización del cine opera aquí mediante una contraposición: lo que vemos primero es un video de “Wally” deambulado por calles antes de ingresar al teatro que hace las veces de restorán.

El juego es sugerente: el video rompe la magia del teatro y luego la representación la recupera. En otro plano es lo que también nos transmite el diálogo entre ambos personajes: “Hoy día la gente representa su vida tan bien, que el teatro se vuelve superfluo y de alguna forma obsceno”, dice “André “en uno de sus parlamentos.

Cena andre 3

La obra se sostiene por un texto fina e inteligentemente estructurado, y con un conflicto hábilmente introducido desde la declarada renuencia inicial de “Wally” a reunirse con su antiguo amigo hasta llegar al punto donde las diferentes perspectivas de cada uno se tornan irreductibles e irresolubles, al grado de que el espectador sentirá por momentos el deseo de intervenir en tan interesante y sugerente intercambio, o de exasperarse ante este o aquel argumento.

Schoemann y Ulloa Colonia tienen un desempeño actoral muy preciso y cargado de sutilezas con el que logran entregarnos una obra reflexiva, intensa , divertida por momentos, pero que nos mantendrá atentos y conectados con la realidad y que, sobre todo, arrojará una luz que nos permite volver a mirarnos a nosotros mismos, como pretende André. Una cátedra de buen teatro, que el espectador disfrutará junto con la copa de vino y la degustación en la que se le ofrecen los mismos platillos que les sirven a nuestros personajes.

El diseño de escenografía es de Pilar Boliver, la asesoría artística de Daniel Bretón, la iluminación de Edgar Sánchez, y el asistente de dirección y mesero es Ignacio Rodríguez. La producción es de la Compañía Los Endebles y de Le Miror qui Fume.

“Mi cena con André”, estará en temporada en la Sala Novo, del Teatro La Capilla, todos los jueves del 9 de febrero al 4 de mayo.

Fotografías: Jaime Rosales Domínguez