Mainstream, Mainstream: La ‘mujer fatal’ en el cine mexicano

abril 28, 2019

Escrito por: Luis Miguel Romero | @LuisMiguelR01

Por alguna extraña razón, todas las cinematografías del mundo tienen a una “mujer fatal” entre sus símbolos más sagrados. Desde la ‘Lola Lola’ de El ángel azul del cine alemán, hasta la Naná del cine francés. Curiosamente, la imagen de la “femme fatal”, la prostituta, la “pecadora”, ha causado una fascinación muy especial, tanto en los guionistas y cineastas que la plasman en la gran pantalla, como en el público que lo percibe. Por supuesto el cine mexicano no ha sido la excepción. Desde los inicios de la cinematografía mexicana, la figura de la “mala mujer” ha jugado un papel fundamental.

Vayamos al inicio. El cine mudo. En la incipiente, pero interesante filmografía silente mexicana, se plasmó por primera vez a la mujer fatal como heroína. Se trata de Santa, la prostituta de la célebre novela de Federico Gamboa. La fascinación que este personaje ha causado en el público ha sido tal que el cine mexicano ha realizado cuatro versiones de su historia. La primera, en 1917 (la versión muda que se menciona líneas arriba), fue encarnada por Elena Sánchez Valenzuela. La segunda versión, en 1931, sirvió para darle la bienvenida al sonido en el cine mexicano, y fue encarnada por Lupita Tovar. Las otras actrices encargadas de interpretar a la heroína de Gamboa han sido Esther Fernández (1943) y Julissa (1969). En 1978 la actriz Tina Romero también la encarnó en un melodrama televisivo.

De Santa pasamos a Rosario, la prostituta trágica de La mujer del puerto. Esta heroína surge de una adaptación de la novela corta Le Port, del francés Guy de Maupassant. La versión de 1934, interpretada por Andrea Palma, es considerada hoy en día un mito del cine de Habla Hispana. Pero también María Antonieta Pons y Evangelina Sosa la han encarnado en versiones de 1949 y 1991 respectivamente.

Otros cineastas hicieron sus propias versiones de la pecadora. Emilio Fernández El Indio hizo un extraordinario retrato en Las abandonadas (1944), encarnando a la pecadora en la figura de Dolores del Río. En 1948, El Indio repetiría la fórmula en “Salón México”, con Marga López rompiendo por completo con su imagen de mujer sufrida y abnegada de la cinematografía nacional.

Luego llegó el Cine de Rumberas. Las mujeres fatales y pecadoras tomaron la batuta y se dieron el gusto de encabezar un género cinematográfico forjado para su lucimiento, con la música tropical y el baile como un perfecto marco para su esplendor. Meche Barba, Rosa Carmina, María Antonieta Pons, Amalia Aguilar y Ninón Sevilla fueron las figuras estelares que liderearon la producción cinematográfica de rumberas. Aventurera (1949), es considerada la pieza maestra de este género.

Y en la década de los 1970s, las “ficheras” tomaron la batuta de las rumberas. Pero ahora dejando la música de lado y despojándose de la ropa para deleite del espectador. A partir de Bellas de noche (1975), las cabareteras cinematográficas se apoderaron de la pantalla grande mexicana por casi una década. Sasha Montenegro, Angélica Chaín, Isela Vega y otras más, se convirtieron en modelos idóneos para representar a este nuevo tipo de “femme fatal”.

Y llega la década de los 1990s, y con ella el llamado “Nuevo Cine Mexicano”. Y la pecadora regresa con nuevos bríos a seguir entreteniendo al público con sus tragedias. Desde María Rojo en Salón México (1991), hasta Salma Hayek en El callejón de los milagros, la “mala mujer” sigue imponiendo su presencia en la cinematografía mexicana.

No en balde se le llama “el oficio más antiguo del mundo”. Décadas después la figura de estas mujeres fatales se mantiene vigente en el gusto del público. Otro tipo de heroínas cinematográficas han surgido en el cine nacional (la campesina, la mujer independiente, la madre abnegada, la profesionista etc.), pero las mujeres fatales siempre han estado a la vanguardia.

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