Luz Emilia Aguilar Zínser conduce experiencia teatral del público

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Jaime Rosales Domínguez.-

El teatro es un espectáculo complejo, que exige del espectador un amplio acervo de referentes, sin los cuales la experiencia resulta limitada. Ampliar esos horizontes es la intensión del programa “El espectador crítico”, que lleva a cabo el Teatro ‘La Capilla’, con la conducción de la maestra y crítica teatral Luz Emilia Aguilar Zínser.

Se trata de generar una visión más crítica e informada del teatro”, dice la investigadora, quien va a la raíz del problema de por qué resulta difícil apreciarlo. “No vemos lo que no tenemos registrado en nuestros códigos, ni podemos decodificar un lenguaje que no conocemos”, aseguró.

Y es que, dijo, el teatro es muy complejo, amplio y tiene muchas dimensiones de expresión. Es la conjugación de diversos lenguajes y posibilidades expresivas. Es un arte del tiempo y del espacio. Posee una larga tradición de búsquedas y posibilidades, que no podremos apreciar si no somos conscientes de todo ello.

La idea de “El espectador crítico”, subrayó, es ampliar los referentes del espectador. Acercarlo para que conozca el origen de las obras; prolongar la experiencia del teatro abriendo los entretelones y aproximar al espectador a mirar “cómo es toda esta cocina detrás de una obra de teatro”.

Aguilar Zínser reconoció que se trata de un primer paso para analizar cómo está armada una obra, a partir de conversaciones públicas con los propios creadores. Mediante estos intercambios, el público se va enterando de la trayectoria de los propios grupos, la historia de los creadores y directores, así como los conceptos que conducen su trabajo.

Tener criterio es poder discernir entre un compás de referentes. Mientras más amplios sean esos referentes, más se fortalece la posibilidad de formarse un criterio, porque nuestros juicios y nuestras opiniones las formamos a partir de comparar”, precisó.

En la medida en que el espectador presencia más obras, conoce y reflexiona acerca de cómo fueron construidas, qué se propusieron alcanzar y qué es lo que logran realmente. Ese, afirmó nuestra entrevistada, es el ejercicio que se emprende en las sesiones de “El espectador crítico”, que se realizan al final de las funciones del “Teatro La Capilla” y del laboratorio escénico “Sala Novo”.

¿Cómo puede un espectador evaluar y apreciar los elementos de una puesta en escena, como la dirección, la escenografía, la iluminación, el vestuario?

Lo apreciará entre más pueda comparar con otras obras, mientras más conozca la historia del teatro y la función que han tenido estos elementos dentro de una puesta en escena. Mientras más teatro vea podrá apreciar mejor el logro o las fallas en todos estos elementos de la representación”.

Sin embargo, advirtió contra la tentación de precipitar juicios sobre las obras sin conocer la intensión de los realizadores, “pues puede llevarnos a considerar defecto algo que se busca deliberadamente como un significante de la puesta en escena”.

Explicó: “O uno puede verse enfrentado, por ejemplo, a una representación totalmente anticonvencional de ‘Hamlet’ porque no siga el texto de Shakespeare, y no entender nada hasta enterarnos después que se trataba de una paráfrasis o una deconstrucción de esa obra. Conocer todos esos elementos enriquece la mirada del espectador”.

Respecto del papel de los críticos en la formación de nuevos públicos, la académica señaló que tienen la obligación de estar bien informados, conocer las obras y ser capaces de aportar más referentes para la comprensión de las puestas en escena. “Ejercemos un criterio y tenemos la responsabilidad de hacerlo con rigor”.

No obstante, aseveró que hay una gran falta de críticos actualmente, en parte porque a los medios de comunicación no les interesa. No existen, afirmó, plataformas para la formación de críticos: existen estudios de actuación, de dirección escénica, de escenografía, pero no de crítico. Y junto con programas de estudio, aboga por la existencia de nuevos soportes para el ejercicio de ese trabajo porque, se preguntó, “¿de qué vive un crítico si no tiene financiamiento?”.

Respecto del lenguaje a veces críptico empleado por los críticos en sus textos, la maestra Aguilar Zínser apuntó que existe un vocabulario muy preciso que debe emplearse en los textos de crítica porque “las palabras son comprimidos de significación”.

Y aunque reconoció que hay la necesidad de ser amenos, claros y sintéticos, también hay que pedirle al público y a los lectores un esfuerzo de comprensión: “porque ¿cómo escribir un análisis de buen nivel si se tiene que emplear un vocabulario limitado?”.

En la actual etapa del programa “El espectador crítico”, que se realiza cada quince días, se han realizado conversatorios sobre puestas en escena como “Seattle”, “Mi cena con André”, “Las musas huérfanas” y “El ensayo del titiritero”, entre otras.

La maestra Luz Emilia Aguilar Zínser afirmó que en esas conversaciones con los hacedores del teatro en las que ellos mismos explican cómo se fraguó cada obra y cuáles fueron los referentes para construirlas, se activa una posibilidad de analizar con mayor amplitud una puesta en escena. “No tengo duda de que definitivamente sí hay un enriquecimiento muy valioso de la mirada del espectador a partir de este ejercicio”.

En otra etapa –vislumbró-, podrían armarse seminarios con teoría y otro tipo de referentes, como la historia del teatro, las distintas poéticas que coexisten actualmente en los escenarios, todo lo cual ampliará la experiencia del espectador, finalizó.

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