Los cuatro lado del espectáculo: Una santa en el rancho grande

julio 1, 2016

Por: Redacción

Fabián de la Cruz Polanco.

Sin duda alguna la década del 30 fue una de las más importantes para la industria cinematográfica mexicana; esto gracias a la llegada a la pantalla de dos filmes que son considerados íconos en su historia. Además, cabe mencionar que en ellas los personajes femeninos lograron romper con muchos tabúes, dejando boquiabiertos a más de uno, tomando en cuenta que esto ocurrió en el México posrevolucionario, época en la que la mujer era considerada como objeto para satisfacer las necesidades domésticas y sexuales de los hombres.

La primera de ellas es “Santa”, filmada en 1931 bajo la dirección de Antonio Moreno, protagonizada por Lupita Tovar (primera estrella del cine mexicano), y Carlos Orellana. Esta segunda llegada de la novela de Federico Gamboa al cine mexicano, (las otras fueron en 1918 y en 1968, respectivamente), fue una adaptación que la convirtió en un melodrama romántico que presentaba a una muchacha que vive feliz con su familia, en el pequeño poblado de Chimalistac, hasta que un militar la seduce y abandona.

A partir de esta situación, la joven sufrirá la pena de ser expulsada de su hogar y condenada a la prostitución, luchando contra la ideología moral que existía en esos momentos.

El público respondió muy bien y “Santa” permaneció varias semanas en cartelera, convirtiéndose en el primer éxito de taquilla de la naciente industria de nuestro cine.

Fue la primera película mexicana que se filmó con sonido, razón principal por la que sus realizadores cuidaron muchos detalles. Entre ellos, la participación de Agustín Lara, quien compuso e interpretó el tema principal del mismo nombre.

Placeres culpables 2

Y llegó la rancherita

“Allá en el rancho grande”, filmada por Fernando de Fuentes en 1936 y protagonizada por Tito Guízar, René Cardona y Esther Fernández, es considerada por los críticos como parte aguas en el manejo del género del melodrama en la industria del cine, pues en ella se muestra una historia de amor en la que se ven involucrados los pretendientes, además de varios villanos que hacían lo imposible por destruir su amor.

De hecho se comenta que a Emma Roldán, actriz que encarnaba a la villana, debían de protegerla contra las agresiones del público, gracias a lo creíble de su actuación, siendo esto considerado como otro objetivo alcanzado dentro del naciente cine mexicano.

La trama de este filme nos muestra como la amistad entre el hacendado ‘Felipe’ y su caporal ‘Martín’ se ve amenazada por una serie de enredos y malentendidos alrededor de la virginidad de ‘Crucita’, una joven campesina de la que ‘Martín’ está enamorado. Estas equivocaciones se van resolviendo entre coplas, bailes y canciones.

Cabe mencionar que con “Allá en el rancho grande” el cine mexicano empezó a tener proyección internacional, permitiendo al mundo observar la cultura campirana mexicana que ha sido imborrable de nuestro país.

En 1938 ganó el premio a la Mejor fotografía del Festival de Venecia y se exhibió con subtítulos en inglés en los Estados Unidos; además de que fue el filme que encontró la fórmula comercial capaz de convertir al cine mexicano en verdadera industria.

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