Los cuatro lados del espectáculo: Recordando a Arturo Vega, el último de Los Ramones

junio 4, 2018

Por: Redacción

Muchas de las veces que iba a casa de mi mentor y entrañable amigo Mauricio Peña, veía una foto que tenía en su sitio de los recuerdos y que estaba muy cerca de la que conservaba, en la que estábamos él, Fernando Díaz y quien esto firma, misma que fue tomada durante la realización de la octava realización del Festival Internacional de Cine de Acapulco, en 2012; el último al que acudió.

Cuando la veía, me llamaba mucho la atención la presencia del protagonista de la imagen, un chico muy atractivo en lo físico y con una presencia que obligaba voltearlo a ver. Después de preguntarle a Mauricio, supe que la imagen pertenecía a Arturo Vega, originario de Chihuahua y entrañable amigo de Peña a quien, al igual que mí, pero desde muchos años atrás, había ‘adoptado’ también como hijo suyo, o sea que era como mi ‘hermano mayor’.

La revelación de la identidad de la fotografía fue muy impactante, pues años atrás yo había tenido la oportunidad de conocer a Vega, cuando Mauricio me lo presentó y me pidió ser su gerente de prensa para la inauguración de una importante exposición, la cual lo devolvió a la vida pública en el país, teniendo como pretexto la presentación de Lie, Cheat, Steal (Mentir, engañar, robar), exposición que Arturo montó en la galería Galería OMR, de Patricia Ortiz Monasterio y Jaime Riestra, también amigos suyos.

Fue en ese entonces cuando conocí a fondo el trabajo y relevancia en el mundo del punk rock de Arturo Vega, además de la presencia e injerencia que él tenía en la vida cultural de Nueva York, formando parte del equipo de trabajo de la banda Los Ramones, llegando a ser considerado como El quinto Ramón.

Y más fuerte fue en ese momento, enterarme por Mauricio Peña de la muerte de Arturo, ocurrida en Nueva York el ocho de junio de 2013; siendo ese uno de los momentos más dolorosos en la vida de Mauricio quien, meses más adelante lo alcanzaría para recordar todas esas vivencias que tuvieron durante los muchos años que fueron amigos y familia elegida.

Su pasión por el rock fue la que llevó a Arturo Vega a ser el director artístico del mencionado grupo punk, de 1974 a 1996, y para el que diseñó su primer telón de fondo y su logotipo, esto debido a la realización de un concierto con The Heartbreakers, un conjunto rival.

 

Aunque ese telón no se incluyó en la exposición arriba mencionada, sí se exhibió el que se diseñó y se empezó a usar en 1978 para una gira en Inglaterra de The Ramones. Es alusivo al tercer álbum, Rocket to Rusia, en el que el águila tiene dos cohetes en las garras, el fondo es negro con todo el detalle en blanco.

Arturo recordaba que usaron ese telón durante 18 años y que cada dos o tres años le hacía algo para que se viera diferente. Johnny Ramone, líder de The Ramones no quería gastar dinero y Vega decía que era muy práctico. Entonces se las ingeniaba para cambiarlo.

Durante y después de los veinticinco años que vivió con Los Ramones, Arturo Vega se dedicó a hacer aún más grande la proyección de la música que hacía la banda; de ahí su interés por realizar exposiciones y dar clases magistrales en las que hablaba del camino recorrido junto con ellos.

Cabe mencionar también una etapa en la que Arturo Vega se proyectó también como actor, siendo estudiante de la escuela de teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes, donde fue compañero de Arturo Beristáin y del dramaturgo Carlos Olmos, los dos también amigos entrañables de Mauricio Peña.

Vega debutó en el Teatro de Los Insurgentes en la comedia Sigue tu onda, producida por Armando Cuspinera, alternando con Héctor Suárez, Virma González, Raymundo Capetillo y la neoyorkina Priscilla López, ganadora del Tony por el musical A Chorus Line. En el cine mexicano, Arturo trabajó en la película de Salomón Laiter, “Las puertas del paraíso”, con Jorge Luke y Jacqueline Andere.

Sin duda alguna, y de acuerdo a lo que Mauricio Peña nos platicaba, la personalidad de Arturo Vega estaba asociada también con aquellos happenings de la década del setenta del siglo pasado en la Ciudad de México. Incluso, Carlos Monsiváis bautizó a Arturo como la leyenda de la Zona Rosa, porque cada paso que daba para alegrar la vie boheme de aquellos años, tenía un espíritu más que festivo.

 

Mauricio contaba que Arturo Vega lo mismo podía ofrecer una sesión de danza con su look tipo Bob Dylan, que aparecer en el Palacio de Bellas Artes en un número coreográfico en homenaje a las travestis de San Francisco The Cocketes.

Cabe mencionar que el director Eduardo Ruiz Saviñón lo incorporó a su montaje del musical Tommy, una versión libre de la ópera rock del grupo británico The Who, en la que Arturo Vega usó también su gran imaginación para hacer la coreografía y vestuario, con ambientación de la estética sicodélica del setenta.

Este montaje fue estrenado en el Festival Rock y Ruedas de Avándaro y en medio de la tremolina que significó aquel encuentro de grupo de rock en el lugar, se pudo filmar algo que quedó presente en algunos documentales.

Cabe mencionar que el esfuerzo del director Ruiz Saviñón y sus actores, se vio coronado con una temporada en el teatro Jiménez Rueda en la Ciudad de México, en 1970.

Después de esa experiencia, el artista tomó la decisión de marcharse a Nueva York, donde evolucionó como artista hasta convertirse en un icono de la vida cultural del lower East village neoyorkino y el loft donde vivió cuarenta años, cerca del CBGBs, nos decía Mauricio Peña, que cada año acudía a verlo en su viaje anual a esa ciudad, fue emblema del movimiento del punk rock en donde hicieron historia The Ramones y Arturo Vega, quien cabe mencionar también, se convirtió en mejor amigo y apoyo total de Debbie Harry, en sus inicios como cantante siendo vocalista del grupo Blondie.

Aunque su prioridad era la pintura, Arturo Vega dejó varios proyectos inconclusos; entre ellos el patrocinio de un grupo de rock con músicos mexicanos, bautizados por él como Ánimo, además de una comedia musical de rock, la cual hablaba sobre la marginación sexual en nuestro tiempo.

Siempre que veíamos la película del musical Rent, de Jonathan Larson, Mauricio Peña recordaba el estilo de vida que llevó Arturo Vega en Nueva York. Los hombres y mujeres de esta obra, tan diversos y versátiles, le recordaban mucho la personalidad de ese su gran amigo, que tenía una gran vitalidad y entusiasmo por la actividad artística.

Por: Fabián de la Cruz Polanco | @fabiancpolanco

Con más de 25 años de trabajo en la fuente de cine e industria del entretenimiento, ejerce los oficios de reportero, editor, jefe de información, periodista, productor radiofónico, productor de eventos y gerente de prensa. Trabajó en El Heraldo de México (versión original) y Playboy México, entre otros. Es autor de los libros Magia pura y total (Historia del Teatro Musical en la Ciudad de México 1952-2011) y Cine mexicano del 70: La Década Prodigiosa, ambos por SamSara Editores; además del libro colectivo Partículas de luz: El cine se encuentra en Guanajuato (Fundación Expresión en Corto A. C.). Fue director de contenidos del Festival Internacional de Cine Acapulco (FICA), en 2014 y Director adjunto del Noveno Festival Internacional de Cine Gay Exhibido en la UNAM. Dirige la revista electrónica Filmeweb (filmeweb.com.mx).

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