Los cuatro lados del espectáculo: Gal-Bár y la invasión a su intimidad

julio 23, 2018

Por: Redacción

Sin lugar a dudas, el tesoro más preciado con el que nace todo ser humano, sea cual sea su estatus social o económico, es la intimidad; un derecho y garantía en el que, como lo dice su significado, “los actos y sentimientos de cualquier persona se mantienen fuera del alcance del público, formando parte de la privacidad de una persona”.

No obstante, hoy día en estos tiempos en los que el destino ya nos ha alcanzado, este derecho ha desaparecido en todas sus vertientes, llevando de inmediato a sus víctimas a ser juzgados y condenados, sin posibilidad de defenderse, obteniendo la pena de muerte en lo moral.

Prueba de ello es lo que le sucedió al joven actor Nacho Gal-Bár, quien hace unas semanas fue agredido en ese sentido, en compañía de otra persona, quienes fueron grabados durante un momento intimo en un hotel de esta ciudad, lo cual provocó que el joven se convirtiera de forma abrupta en blanco de ofensas, críticas y acosos por parte de muchos que, seguro, tienen también mucha cola que les pisen, como todos nosotros, pero que han sido afortunados en no haber sido invadidos en su intimidad, cayendo todos en el mismo error de entrometerse y criticar.

Esto  nos trae a la memoria títulos presentados en el cine y la televisión, en los que la intimidad se ha irrumpido para gozo del público, ya sea de manera permisiva o no; recordando en primera instancia, en la pantalla de cristal, el experimento Big Brother, en el que varias personas permitían ser grabadas y exhibidas durante su convivencia, al ser aislados del mundo y compitiendo por un premio, despertando así sus instintos más ocultos con la esperanza de ser los vencedores.

Aunque nació como marca en 1997, cabe mencionar que un antecedente de este formato fue el creado por la cadena MTV con The Real World, que fue presentado en 1992 y en el que por primera vez, mostró el concepto de grabar a personas anónimas y desconocidas entre sí, conviviendo durante un largo periodo de tiempo.

Más adelante la idea fue modificándose, generando varios programas de este estilo, incluyendo también algunos que ofrecían presentaciones artísticas para propiciar la creación de estrellas, como en México sucedió con la primera emisión de La Academia, en donde sus participantes eran vigilados las 24 horas del día, generándoles también una gran carga emocional que se sumaba a sus deseos por ubicarse dentro del firmamento artístico nacional e internacional.

En el cine, se recordarán proyectos como Ed TV, cinta realizada en 1999 por Ron Howard, y protagonizada por Matthew McConaughey, Jenna Elfman y Woody Harrelson, en la que se mostraba un caso de invasión a la intimidad pero con el consentimiento de sus ‘protagonistas’, como sucedió también con los programas de televisión arriba mencionados.

Caso contrario se dio con Truman Show, estrenada un año antes, bajo la dirección de Peter Weir, presentando una faceta diferente del actor Jim Carrey, quien en esos momentos ya había sido aceptado por su participación en la comedia La Máscara.

A diferencia de Ed TV, en Truman Show la intimidad del protagonista es invadida prácticamente desde su nacimiento, pues el bebé fue elegido por un perverso productor de televisión, encarnado por Ed Harris, con la idea de ser exhibido en todo momento y durante toda su vida, la cual se desarrolla en un enorme set de televisión, que es una gran ciudad, en la que todos sus habitantes son actores, que tienen como instrucción provocar en el protagonista las reacciones que el productor deseaba.

Pero volviendo al track principal, en nuestro país la privacidad está protegida por la Constitución. Sin embargo, a pesar de que existe una garantía de seguridad jurídica, el castigo para quien vulnere o menoscabe ilegítimamente la intimidad de una persona, termina solo en el pago una sanción económica.

Por tal motivo, el fácil acceso a redes sociales a través de internet, poseer teléfonos celulares que cuentan con la función de cámara fotográfica, que en un inicio fueron creados para el beneficio de sus usuarios, por desgracia se han convertido en armas nucleares para destruir a cualquier tipo de persona, pues han caído en manos de otros individuos con una gran falta de valores y carencia de respeto hacia los demás, aprovechándose de ello también para obtener beneficios económicos, razón principal de la colocación de cámaras ocultas en lugares privados, como sucedió en el caso de nuestro amigo.

Lo que esas personas no saben, o se niegan a aceptar, es que esos actos son elementos importantes dentro del delito de violación al derecho a la intimidad o la privacidad, a lo cual se suma también las consecuencias jurídicas por explotar la imagen, tanto en fotografías como en videos íntimos, de cualquier persona sin su consentimiento y que estos sean publicados y distribuidos, en cuestión de segundos, en todo el mundo lastimando con ello la autoestima e integridad de quienes sean las víctimas.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación ha definido a la intimidad como “el derecho del individuo a no ser conocido por otros en ciertos aspectos de su vida y por ende, le concede el poder de decisión sobre la publicidad o información de datos relativos a su persona, familia, pensamientos o sentimientos. Este es el derecho que el más Alto Tribunal ha calificado de esencial para la condición humana.

El Código Civil Federal en su artículo 1916 protege el derecho a la intimidad con la figura de daño moral, el cual se determina cuando se vulnere o menoscabe ilegítimamente la libertad o la integridad física o psíquica de las personas”.

Aunque el derecho a la privacidad y la intimidad estén protegidas en nuestro país, aún hace falta que la sociedad considere los alcances que tiene el exhibir y compartir videos o fotografías intimas de cualquier persona; dejando en claro que a cualquiera nos puede pasar, lo cual no sería agradable, incluso para los mismos que lo realizan.

La invasión a la intimidad debe respetarse porque, a final de cuentas nadie somos quien para juzgar o criticar; y quien esté libre de pecado, que aviente la primera piedra.

Por: Fabián de la Cruz Polanco | @fabiancpolanco

Con más de 25 años de trabajo en la fuente de cine e industria del entretenimiento, ejerce los oficios de reportero, editor, jefe de información, periodista, productor radiofónico, productor de eventos y gerente de prensa. Trabajó en El Heraldo de México (versión original) y Playboy México, entre otros. Es autor de los libros Magia pura y total (Historia del Teatro Musical en la Ciudad de México 1952-2011) y Cine mexicano del 70: La Década Prodigiosa, ambos por SamSara Editores; además del libro colectivo Partículas de luz: El cine se encuentra en Guanajuato (Fundación Expresión en Corto A. C.). Fue director de contenidos del Festival Internacional de Cine Acapulco (FICA), en 2014 y Director adjunto del Noveno Festival Internacional de Cine Gay Exhibido en la UNAM. Dirige la revista electrónica Filmeweb (filmeweb.com.mx).

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