Los cuatro lados del espectáculo: La evolución del espectáculo fílmico

julio 2, 2018

Por: Redacción

La experiencia de meterse a un cine para ver una película de moda y de estreno es producto de la evolución que ha tenido el espectáculo fílmico en la actualidad. Hoy día, la  concepción de los complejos de salas nos lleva a buscar su oferta de títulos en los teléfonos móviles, que se han convertido ya en parte de nuestras vidas.

Con la paulatina desaparición de las carteleras impresas en los periódicos, sólo tenemos oportunidad de conocer la programación de esas películas ya sea a través de estos aparatos de comunicación, como en los apresurados trailers que trasmite la televisión y que también se pueden ver en las redes sociales.

También se pueden comprar las entradas para la sala y elegir nuestras butacas desde los celulares, además obviamente de pagar por ellos a través de los dispositivos electrónicos de los bancos nacionales.

La experiencia de asistir a una sala de cine en la Ciudad de México ha cambiado mucho en los últimos años, como lo mencionamos líneas arriba. En su momento, cuando se hicieron tan populares los reproductores de video, no falto algún despistado que dijera que esos lugares estaban condenados a desaparecer. Sin embargo, la existencia de las principales cadenas de exhibición en nuestro país, como Cinépolis y Cinemex, hecharon por tierra esa teoría de que habían desaparecido esos refugios para los cinéfilos.

Cuando surgieron las películas en video, los fatídicos decían que eso significaba la muerte del espectáculo de las películas en salas públicas. Se creía que a partir del momento en que comenzó el auge del sistema del video, iba a cambiar incluso los formatos, historias y las técnicas. Era novedoso y tenía su atractivo, pero no era lo mismo.

Puede ser que se extrañen aquellas salas gigantescas de exhibición de cine; uno de ellos, el Cine Internacional, que cayó con el terremoto de 1985, tenía un aforo para 4 mil espectadores. Pero se levantó el negocio cuando se descubrió que muchas películas, planeadas para ser lanzadas en el terreno del video, eran todo un fracaso; siendo estas las comedias, porque en familia a lo mejor los menores no podían echar el mismo relajo que en una sala cinematográfica de gran tamaño, pues estaban bajo la mirada de los padres.

Fue en ese momento, todavía en la década del 70 del siglo pasado, cuando nacieron las multisalas, o sea recintos muy pequeños con estrenos que iban de cuatro a ocho cada semana, ubicadas en centros comerciales que hoy día siguen siendo son los grandes promotores del negocio fílmico en la actualidad.

Con la presencia de varios formatos, que permiten al espectador formar parte de la película, sintiendo ‘en directo’ algunos hechos que ocurren dentro de la trama, como bruscos movimientos, ventarrones y hasta gotas de lluvia, hay que recordar que antes de su llegada, en las salas de cine se podían disfrutar grandes espectáculos cinematográficos con la llegada del Cinemascope, con sus variantes según la casa productora, ya sea el vista visión o el Mexiscope, para las cintas nacionales. Pero un día surgió en Estados Unidos el Cinerama.

El Cinerama es un formato tan antiguo, que se remonta al cine mudo y lo inventó Abel Gance para su obra monumental Napoleón, que se veía a través de tres proyectores en forma simultánea y que era muy costoso. Fue hasta en la década del 60 cuando renació en salas especiales. En México sólo hubo una que se llamó Hollywood Cinerama, ubicada frente al Toreo, y curiosamente sólo estrenó un documental sobre ese formato que se llamó Esto es Cinerama.

Esta fue la única película con el mencionado sistema, porque según consignan en su libro de Cartelera cinematográfica, de la década del 60, Jorge Ayala Blanco y María Luisa Amador, que se estrenó en aquel enorme cine Hollywood Cinerama. El cierre de esta exhibición ocurrió porque no se permitió que se cobraran por boleto más de ocho pesos (cuando el dólar valía en ese momento 12.50 pesos), que era el precio límite para cintas de estreno.

Lo que es una verdad irrefutable es que las películas son parte de un fenómeno colectivo, que no es igual verlas en un recinto con dos o diez personas, y que siempre van a desatar emociones más intensas cuando se ven en una pantalla grande. Mientras que se llega a un acuerdo si uno puede poseer los títulos favoritos en una computadora, las salas de esos circuitos aquí, nos han regresado el placer de disfrutar este espectáculo a toda plenitud.

Por: Fabián de la Cruz Polanco | @fabiancpolanco

Con más de 25 años de trabajo en la fuente de cine e industria del entretenimiento, ejerce los oficios de reportero, editor, jefe de información, periodista, productor radiofónico, productor de eventos y gerente de prensa. Trabajó en El Heraldo de México (versión original) y Playboy México, entre otros. Es autor de los libros Magia pura y total (Historia del Teatro Musical en la Ciudad de México 1952-2011) y Cine mexicano del 70: La Década Prodigiosa, ambos por SamSara Editores; además del libro colectivo Partículas de luz: El cine se encuentra en Guanajuato (Fundación Expresión en Corto A. C.). Fue director de contenidos del Festival Internacional de Cine Acapulco (FICA), en 2014 y Director adjunto del Noveno Festival Internacional de Cine Gay Exhibido en la UNAM. Dirige la revista electrónica Filmeweb (filmeweb.com.mx).

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