Los cuatro lados del espectáculo: El 30 aniversario de Gremlins

Conforme avanzan los años, aquella generación de pequeños que disfrutamos los primeros blockbusters que la cinematografía norteamericana nos enviaba —en aquel entonces con varios meses de retraso de su estreno en Estados Unidos— hemos ido aprendiendo y adquiriendo experiencias en nuestras vidas teniendo, en muchos casos, como puntos de referencia a aquellos personajes que cambiaban nuestras fantasías de manera vertiginosa.

Tal y como ocurrió con “E.T.”, de nueva cuenta Steven Spielberg, llamado en su momento “el Peter Pan del siglo 20”, ubicado en su faceta de productor, nos regaló en 1984 otra historia de seres fantásticos, pero con tintes de sarcasmo, ironía, humor negro y un poco de terror, pero sin hacer a un lado la ternura y calidez de seres inimaginables.

Esta aventura tiene como título “Gremlins” (1984) y, en su momento, llegó a romper todos los récords de taquilla, convirtiendo a sus protagonistas en los artículos de moda durante ese año.

Protagonizada por Zach Galligan y Phoebe Cates, bajo la dirección de Joe Dante sobre un guión de Chris Columbus, esta comedia narra la historia de una típica familia de un condado californiano, cuyo patriarca es un frustrado inventor de artículos para el hogar.

Dada su afición por lo exótico, no duda en ningún momento adquirir a como dé lugar una tierna “mascota” para su virginal y joven hijo “Billy” que sirviera como obsequio de Navidad. Sin embargo, viene acompañada por tres reglas que su propietario nunca debe de romper, pero que en este caso sucede, sino no hubiera película: no dejar que reciba luz intensa (porque moriría); tampoco lo debe de mojar (porque se multiplicaría); y lo más importante: “nunca, aunque te insista y lloriquee, nunca le des de comer después de la medianoche”.

A consecuencia de un “pequeño” error por parte de “Billy”, y de una trampa provocada por los nuevos mowais, se desata una terrible pesadilla navideña salpicada de muertes violentas pero manejadas con toques de comedia, persecuciones y aventuras al límite, encabezadas por el mismo Billy, su mejor amiga Kate y el tierno mowaiGizmo”.

Irónicamente, el atractivo de la cinta no era ver a “Gizmo” (el cándido mowai orejón), ni mucho menos a sus clones engendrados con agua, sino más bien lo era el observar a los Gremlins, aquellos pequeños y violentos seres producto de una digestión nocturna, quienes prácticamente hicieron las delicias de chicos y grandes con sus maldades, muy del tipo hooligan del fútbol inglés, teniendo como fondo musical la banda sonora de Jerry Goldsmith.

Aunado a esto, la cinta recurre a varios gags de la cultura popular norteamericana que arrancaron cientos de carcajadas, como todas las existentes en la secuencia del bar, en donde “Rayita” (nombre del líder Gremlin) y compañía bailan el ya olvidado breackedance ochentero, juegan póker con pistola, se travisten y demás.

Recordada es también aquella secuencia en la que “Billy” y “Kate”, en medio del pánico por terminar con esta raza desconocida, entran a una sala de cine y cuál es su sorpresa que, en lugar de encontrarse con un cuadro sanguinario, se tropiezan con una enorme manada de entretenidos Gremlins coreando a todo lo alto el “Ai hoo!” de “Blanca Nieves y los siete enanos”.

Igual y estas verdosas criaturas lo único que pedían era ser comprendidas y tratadas de manera normal, alcanzando con esto una sociedad Gremlis-Humanos, ¿no?

Incluso, “Gremlins” sirvió como parteaguas para la realización (o imitación) de otras cintas sobre seres malvados, como fueron los casos de “Critters”, que tuvo la osadía de tener también secuela; y “Ghoulies” que, como se puede apreciar, intentaron copiar hasta el nombre.

Años más tarde, a principios de los noventa, se estrenó una segunda parte de “Gremlins”, la cual no alcanzó el éxito esperado, aún con la pareja protagónica de la original y “Gizmo” con todo y sus cuates, tal vez porque en esta ocasión se hizo a un lado todo el misticismo de la primera convirtiéndose en un churro de pastelazo.

En fin, sin duda alguna, “Gremlins” marcó una época en el cine internacional y, como se dijo anteriormente, marcó una etapa generacional en su momento.

Este año se cumplen tres décadas de su llegada al cine. Habrá que esperar para saber qué decidirán sus productores para festejar esa irónica y divertida llegada de seres verduscos a las pantallas cinematográficas.

Por: Fabián de la Cruz Polanco | @fabiancpolanco

Con más de 25 años de trabajo en la fuente de cine e industria del entretenimiento, ejerce los oficios de reportero, editor, jefe de información, periodista, productor radiofónico, productor de eventos y gerente de prensa. Trabajó en El Heraldo de México (versión original) y Playboy México, entre otros. Es autor de los libros Magia pura y total (Historia del Teatro Musical en la Ciudad de México 1952-2011) y Cine mexicano del 70: La Década Prodigiosa, ambos por SamSara Editores; además del libro colectivo Partículas de luz: El cine se encuentra en Guanajuato (Fundación Expresión en Corto A. C.). Fue director de contenidos del Festival Internacional de Cine Acapulco (FICA), en 2014 y Director adjunto del Noveno Festival Internacional de Cine Gay Exhibido en la UNAM. Dirige la revista electrónica Filmeweb (filmeweb.com.mx).

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