Los cuatro lados del espectáculo: A 40 años del primer diluvio en México

marzo 4, 2018

Por: Redacción

El pasado primero de marzo se cumplieron décadas de la llegada del primer fenómeno en taquilla en la historia del teatro musical en la Ciudad de México, con el estreno de la comedia musical El diluvio que viene, producida y dirigida por Manolo Fábregas, siendo un fenómeno en la cartelera por varias cuestiones, siendo las principales su tema religioso, mas no mocho, lo espectacular de su montaje y la presencia en su elenco del galán de moda en las telenovelas, el cine y el teatro de ese entonces, Héctor Bonilla y la presentación protagónica de la hija de Fábregas, Mónica Sánchez Navarro, entre otros más.

El éxito que tuvo este primer diluvio la mantuvo en temporada durante dos años y medio, con llenos totales en funciones de martes a domingo, mencionando que viernes, sábados y domingos se realizaban dos funciones, haciendo de esta obra una de las más recordadas en la historia del género en México, lo cual también reposicionó a Manolo Fábregas como el Señor Teatro por excelencia en nuestro país, nombramiento que obtuvo tras la presentación en escenarios capitalinos de títulos hasta ese momento inalcanzables para el público, entre los que se pueden recordar Violinista en el tejado, El hombre de La Mancha y Mi bella dama, que marcó su debut como productor de musicales, además de varios otros en teatro de cámara.

Escrita por Pietro Garinei y Sandro Giovannini, con la colaboración de Iaia Fiastri, -trío de creativos de quienes en México anteriormente se dieron a conocer por el montaje de Aleluya brava gente, producida en 1973 por Roberto del Río y escenificada en el teatro de Los Insurgentes, con Julio Alemán y Mónica Miguel como protagonistas-, El diluvio que viene está inspirado en la novela After Me the Deluge (Después de mí el diluvio) de David Forrest, con música a Armando Trovaioli, una luminaria del jazz italiano, teniendo como argumento lo que sucede en una aldea imaginaria cuando Dios, a través de un peculiar cura, hace el anuncio de que la Tierra será reprendida con un nuevo Diluvio universal ante la saturación de pecados de la Humanidad.

De esta manera, los aldeanos tienen tres días para prepararse ante el gran torrente, teniendo que enfrentarse a varias tentaciones, entre ellas la llegada de una simpática y sensual mujer de la vida alegre y la avaricia del alcalde del lugar, quien además es ateo; todo esto acompañado de rítmicos temas musicales y vistosas coreografías, creadas por Gino Landi; además de una sencilla, pero sorprendente escenografía, siendo este espectáculo el primero en escenorama, cuya peculiaridad es unir en un mismo escenario dos discos giratorios, lo cual hace el montaje bastante cinematográfico, y varios momentos emotivos durante la representación, entre ellos la caída de billetes del techo del teatro, la construcción de la proa de un arca en escena en menos de dos minutos a cargo de todo el elenco y un final más que emotivo.

La creación de esta obra sucede gracias a la realización del Concilio Vaticano Segundo, concilio ecuménico de la Iglesia católica que fue convocado por el papa Juan XXIII, quien lo anunció en enero de 1959, siendo este uno de los eventos históricos que marcaron el siglo XX, teniendo como objetivo promover el desarrollo de la fe católica, lograr una renovación moral de la vida cristiana de los fieles, adaptar la disciplina eclesiástica a las necesidades y métodos de nuestro tiempo y  lograr la mejor interrelación con las demás religiones, principalmente las orientales.

De esta manera, durante la trama se hacen varios cuestionamientos eclesiásticos, entre ellos el celibato y la benevolencia de Dios, quien aparece en la historia sólo en audio y quien incluso también hace algunos cuestionamientos de los textos bíblicos, lo cual en todo momento ha provocado la sorpresa y diversión entre el público. Sin embargo, en todo momento se deja en claro que la religión es la forma inmediata para estar en paz y bien los unos con los otros, abriendo nuevos espacios para recibir a aquellos incrédulos y a las llamadas ‘ovejas descarriadas’ que se ausentaron del rebaño.

A mediados de la década del setenta, un amigo cercano de Manolo Fábregas le sugirió ir a España a conocer el montaje de una obra que estaba llamando la atención del público y la crítica, siendo originaria de España y que tenía que presentar en México. Manolo le hizo caso y viajó a España con su esposa y cómplice laboral, Fela Fábregas, para conocer la producción de El diluvio que viene, quedando impactado con el montaje y estando seguro de que sería la obra musical que el público mexicano debía de conocer.

Al acercarse a los propietarios de los derechos para adquirir la obra, le comentaron que la obra, debido al escenorama, debía ser montada en un teatro con todos los aditamentos necesarios para el montaje de la obra, además de la posibilidad de poder ser vista desde cualquier punto en su butaquería y que si cumplía con esas condiciones. Manolo Fábregas dijo que sí lo tenía, aunque él y su esposa sabían que no.

Ante esto y ya con los derechos de El diluvio que viene adquiridos, el productor volvió a arriesgar el todo por el todo y de regreso en México adquirió un terreno en la calle de Velázquez de León, muy cerca del teatro ‘Manolo Fábregas’, también de su propiedad e inició la construcción, como sucede en la obra con el tema Las hormigas mueven la montaña, del teatro San Rafael, en tributo a la colonia que lo alberga, contando con todas las comodidades existentes en su momento tanto para el público como para los actores y técnicos que en él laborarían, contando también con un amplio salón de ensayos para el montaje de El diluvio que viene.

No obstante, el inmueble fue inaugurado con la reposición de Mi bella dama, el primer musical que produjo en su momento Manolo Fábregas en 1959, contando con la participación y lanzamiento en teatro en esta reposición de la cantante Manoella Torres; esto para calentar motores, empezar a reunir capital invertido y preparar el lanzamiento en México de El diluvio que viene, obra estrenada justo el primero de marzo de 1977 e iniciando de esta manera un nuevo capítulo en la historia del teatro musical en México.

Además de Héctor Bonilla como protagonista, el primer montaje de El diluvio que viene contó con la participación de Macaria y Rosalía Valdés, alternando como protagonista, además de Patricio Castillo, Rebeca D´Vivar y Arturo García Tenorio; además de la participación de Eugenia Avendaño y Raquel Olmedo, cuyo personaje fue interpretado en la última etapa de esa primera temporada por Daniela Romo, siendo este también su lanzamiento estelar en teatro musical. Mónica Sánchez Navarro también se integró en la última etapa de la obra, siendo su ‘Clementina’ la más recordada y quien grabara el disco doble de la obra.

Patricia Thomas se integró también al final de la temporada de estreno, interpretando a ‘Consuelo’, la manzana de la tentación entre los aldeanos.

La dirección musical en México de El diluvio que viene corrió a cargo del maestro Adrián Oropeza, quien inició su camino profesional en las producciones de Manolo Fábregas en Mi bella dama y después de El diluvio…, hizo lo propio en la reposición de Violinista en el tejado, seguido de Barnum, Sor-Presas, El mago, Un tipo con suerte y las dos siguientes reposiciones de El diluvio que viene, aunque en la más reciente se sumaron a su trabajo Ramón y Antonio Riva.

En 1993, dieciséis años después, Manolo Fábregas decidió remontar El diluvio que viene, teniendo de nueva cuenta a Héctor Bonilla como protagonista, acompañado de Mariana Levy, Martha Resnikof, Gerardo González, Rosita Pelayo y Luis Couturier, teniendo de nuevo el teatro San Rafael como anfitrión del montaje, además de la participación del patriarca Fábregas en la voz de Dios, como en el primer montaje. En esta ocasión, se celebraron las 2 mil presentaciones en la historia de la obra en México, siendo el encargado de develar la placa el entonces Presidente del país, Carlos Salinas de Gortari.

En la misma, Héctor Bonilla salió del montaje siendo sustituido por Roberto Blandón, quien debutaba de forma estelar en el teatro musical, y después haría lo propio Mariana Levy quien cedió su lugar a Mónica Sánchez Navarro, quien regresó a interpretar a ‘Clementina’ para decirle adiós al personaje que encumbró su carrera.

Posteriormente, ya sin Manolo Fábregas en vida, Fela Fábregas decidió reponer la obra en 2007, ya como Producciones Fébregas, teniendo como protagonistas alternados a Jaime Camil, Ernesto D’Alessio y Manuel Pereyra, acompañados de María Inés y Gloria Aura, también alternadas; acompañados de Patricio Castillo, quien se reencontró con ‘Crispín’ 30 años después, Carmen Delgado, Enrique de la Riva y María Filippini, además de la presencia en audio de Manolo Fábregas, lo cual hizo más emotivo aún la llegada por tercera ocasión de El diluvio que viene a México.

En esta ocasión, la dirección escénica corrió a cargo de Héctor Bonilla y su hijo Fernando Bonilla y la coreografía utilizada en las dos temporadas anteriores, recreadas por Socorro Larrauri, fueron reestructuradas por José Posada, además de que la dirección musical fue digitalizada y supervisada, además del maestro Oropeza, como se mencionó líneas arriba, por Ramón y Antonio Riva.

Por desgracia, ninguna de las dos reposiciones anteriores igualaron en duración y demanda del público al primer Diluvio que viene. Sin embargo, la obra es y será una de las cartas fuertes en la historia del teatro musical en la Ciudad de México.

Quién sabe si más adelante, en algunos años, vuelva a la cartelera nacional tal vez ahora bajo la producción de otra empresa. Pero lo que sí es seguro es que siempre, todos los que la vivimos, en el caso de quien esto firma durante las tres temporadas, siendo mi primer encuentro con El diluvio que viene a los cinco años de edad en 1979; el segundo a los 19 años de edad, en 1993; y el más reciente a los 33 años de edad, en 2007 es que siempre tendremos un nuevo sitio dispuesto para un amigo más.

Por: Fabián de la Cruz Polanco | @fabiancpolanco

Con más de 25 años de trabajo en la fuente de cine e industria del entretenimiento, ejerce los oficios de reportero, editor, jefe de información, periodista, productor radiofónico, productor de eventos y gerente de prensa. Trabajó en El Heraldo de México (versión original) y Playboy México, entre otros. Es autor de los libros Magia pura y total (Historia del Teatro Musical en la Ciudad de México 1952-2011) y Cine mexicano del 70: La Década Prodigiosa, ambos por SamSara Editores; además del libro colectivo Partículas de luz: El cine se encuentra en Guanajuato (Fundación Expresión en Corto A. C.). Fue director de contenidos del Festival Internacional de Cine Acapulco (FICA), en 2014 y Director adjunto del Noveno Festival Internacional de Cine Gay Exhibido en la UNAM. Dirige la revista electrónica Filmeweb (filmeweb.com.mx).

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