Los cuatro lados del espectáculo: El cine mexicano ha dado trascendencia al trabajo de Jorge Ibargüengoitia

Entre los grandes nombres de la literatura mexicana, destaca el de Jorge Ibargüengoitia, quien tuvo una muerte temprana, el 27 de noviembre de 1983, en un accidente aéreo ocurrido en España, cuando se disponía a viajar con otros colegas ilustres a un congreso en Colombia. Nunca fue más lamentable una desaparición como la de este guanajuatense, que ya tenía un lugar bien ganado por sus novelas Maten al león, Dos crímenes y Estas ruinas que ves, que sería llevadas al cine para revelar las enormes posibilidades de su literatura.

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Se menciona erróneamente que en el avión en que viajaba Ibargüengoitia también había muerto la estrella del cine mexicano Fanny Cano, pero la fecha de la muerte de ella, igualmente en un ‘avionazo’, tuvo lugar en ese 1983, pero hasta el 7 de diciembre. Ocurrió cuando el avión en el que viajaría Fanny a India fue impactado en forma similar en el que murió el escritor, estando estacionado y en espera de señal de despegue.

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Las fechas se mezclan porque fue un periodo en que el aeropuerto de Barajas, en Madrid, sucedieron muchos percances a causa de la neblina. Eran dos aviones diferentes, aunque las causas se parecían mucho. El escritor viajaba desde París, con escala en Madrid, hacia Bogotá, Colombia; el avión en el que viajaba Fanny Cano salía de la capital española hacia Nueva Dehli, India, donde ella pasaría una temporada en un seminario de hinduismo, al cual estaba dedicada al retirarse del cine.

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Ibargüengoitia fue asimismo un autor teatral y cuentista que, a lo largo de 34 años desde su muerte, ha sido estudiado y analizado por jóvenes lectores que han descubierto su capacidad narrativa, con un humor fino y picante que le sirvieron para reflejar la realidad de nuestro país, que sigue todavía en conmoción como en aquellos años que le tocó juzgar con su obra al mencionado autor.

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Hay un aspecto que hay que destacar es esa lejanía que tuvo Ibargüengoitia con el mundo del cine y el teatro. Su individualismo no le ayudó a relacionarse con el medio cinematográfico, como lo lograron otros autores como Emilio Carballido, que adaptó sus historias para la pantalla grande, o como Ricardo Garibay, que realizó una labor excelente labor como guionista, llegando a entenderse con aquellos ‘tiburones’ de nuestra industria, para dejar huella en películas como La Cucaracha o Los hermanos del Hierro, las dos dirigidas por Ismael Rodríguez.

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En el libro compilatorio de las críticas teatrales que publicó Ibargüengoitia en la Revista de la Universidad, El libro de oro del teatro mexicano, prologado por Luis Mario Moncada, se encuentran algunas claves de la distancia que tuvo con un medio donde nunca fue aceptado del todo. Algunas de sus obras se llegaron a montar, pero todos conspiraban contra el joven escritor que él era en la década del 60, y terminaron en el fracaso. Eso lo desanimó hasta tomar la decisión de dejar el teatro en un segundo lugar entre sus intereses literarios.

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De los tres títulos que mencionamos arriba, hay que consignar que sus versiones cinematográficas le hacen justicia, tanto en el humor como en la forma en que se asoman al mundo que le tocó vivir. En primer lugar pondremos Dos crímenes, de Roberto Sneider, que es considerada por muchos como una obra de oro en la historia del cine mexicano. El humor, la forma de recrear una historia policiaca y las actuaciones de Damián Alcazar y Margarita Isabel, seguro le habrían gustado al escritor.

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Después viene Estas ruinas que ves, que dirigió Julián Pastor, con Pedro Armendáriz, Fernando Luján y Blanca Guerra como los tres amigos del pueblo de Cuevano, una invención de Ibargüengoitia, cuyo ambiente y personajes se parecen a su natal Guanajuato. Comedia costumbrista, esta cinta de Pastor es un fiel reflejo de los alcances de tuvo esa novela conmovió a más de uno.

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En tercer lugar ponemos Maten al león, dirigida por José Estrada, con David Reynoso, Marta Zamora y Jorge Rivero, que en su espíritu de farsa hace honor al original literario y lo supera gracias a los recursos de producción que se estilaban en el cine mexicano del periodo que auspició Rodolfo Echeverría, en el llamado por quien esto firma como La Década Prodigiosa.

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Sin duda alguna, el cine mexicano se ha encargado de dar trascendencia al trabajo literario de Jorge Ibargüengoitia, dejando abierta la posibilidad de que alguno de los nuevos directores de esta industria pueda llevar a la gran pantalla alguna otra de sus novelas. Pero eso sólo el tiempo lo dirá.

Por: Fabián de la Cruz Polanco | @fabiancpolanco

Con más de 25 años de trabajo en la fuente de cine e industria del entretenimiento, ejerce los oficios de reportero, editor, jefe de información, periodista, productor radiofónico, productor de eventos y gerente de prensa. Trabajó en El Heraldo de México (versión original) y Playboy México, entre otros. Es autor de los libros Magia pura y total (Historia del Teatro Musical en la Ciudad de México 1952-2011) y Cine mexicano del 70: La Década Prodigiosa, ambos por SamSara Editores; además del libro colectivo Partículas de luz: El cine se encuentra en Guanajuato (Fundación Expresión en Corto A. C.). Fue director de contenidos del Festival Internacional de Cine Acapulco (FICA), en 2014 y Director adjunto del Noveno Festival Internacional de Cine Gay Exhibido en la UNAM. Dirige la revista electrónica Filmeweb (filmeweb.com.mx).

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