“Lobos por corderos” vuelve con nueva temporada para conmocionar

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Jaime Rosales Domínguez.-

Dos “corderos” del colegio Schmidt fallecen en un accidente. Al camión en que viajaban con sus compañeritos le fallaron los frenos. Ahora sus padres reciben una propuesta indecorosa: dinero por su silencio.

En este punto toman la historia los espectadores de “Lobos por corderos”, la obra de Reynolds Robledo, cuyo éxito del año pasado seguramente se confirmará en las 10 semanas que ahora estarán en el Teatro Milán, en el que se presenta a partir del pasado 22 de junio.

La propuesta monetaria estalla en el centro del sistema de valores de los protagonistas “Sonia Nava” (Mariana Garza), de la pareja que conforman “Carlos” y “Regina Betancourt” (Alejandro de la Madrid y Fernanda Borches) y de la propia “Bárbara Moretti” (Mónica Huarte), directora del colegio y encargada de formular el envenenado ofrecimiento.

Una iluminación en tonos oscuros acentúa la densidad y espesura que provoca el triple conflicto que presenciamos: el de los personajes entre sí; el de ellos contra el entorno de corrupción y negligencia que condujo a la tragedia, y el de los cuatro contra su propia alma transida de dolor, pero compelida a cambiar eso por una ventajosa negociación.

“Lobos por corderos” conmociona y conmueve porque sobre ese rectángulo escénico las muertes de los pequeños Víctor y Saúl evocan, a partir de la ficción, las heridas abiertas de un país que un día incendió a 46 infantes en una guardería y que otro día desapareció a 43 jóvenes de una normal rural y que se está acostumbrando a contar sus muertos por decenas y en el que la justicia es una damnificada a la que alguien secuestró y escondió en ese laberinto que es la ley.

Evocan, dije, porque en el escenario todo se mantiene dentro de los límites de la narración y sus circunstancias, lo que sin duda es un acierto porque potencia la capacidad de esta representación para indignar o conmover, a partir de un profundo bosquejo de las historias personales de cada protagonista y de cómo éstos lo asumen frente al espectador.

Un librero delineado sobre la pared, un escritorio y tres sillas conforman los únicos elementos escenográficos propuestos, lo mismo que la iluminación, por Patricia Gutiérrez Arriaga. Lo demás ‒la historia, los sentimientos incontenidos y las emociones al límite‒quedan a cargo de la probada capacidad histriónica de estos cuatro actores que superan el desafío con notas sobresalientes.

Lobos corderos 2

Dos protagonistas

Si el teatro es como la tela de Penélope que se teje y se desteje para volver a empezar en cada función, en esta segunda temporada, el elenco de “Lobos por corderos” hizo varios hallazgos que, en algún sentido la hacen una obra diferente.

Mónica Huarte y Mariana Garza, en entrevistas por separado, destacan el trabajo de mesa y la asesoría escénica de Alejandra Ballina.  “El hecho de ir analizando casi palabra por palabra nos permitió encontrarle nuevos sentidos al texto”, destacó Huarte.

De su personaje Bárbara dice que, si bien sigue representando la institucionalidad del colegio, “en este montaje decidimos que en algún momento se empareje con los padres y empiece a empatizar con su dolor y que poco a poco esta persona que parece tan distante, vaya despojándose de su disfraz de lobo y sea un poco más humana. Siento que Bárbara es mucho más compleja y con más matices y colores”.

Para Mariana Garza el texto es el mismo, pero lo que cambió muchísimo fue la manera de entenderlo. Y lo atribuye al trabajo de mesa que hicieron con Reynolds Robledo y Alejandra Ballina: “Se replantearon muchas situaciones, se minimizaron algunos aspectos de la obra y se enfatizaron otros. Eso y el trazo hacia el proscenio hace que emocionalmente sea distinto y que las cosas se digan también de diferente manera”.

De Alejandra Ballina dice que tiene la escuela de la Compañía Nacional de Teatro en la que se analizan los antecedentes de los personajes, se les crea una historia y se indaga hacia dónde van, de modo que el personaje no sólo es lo que el público mira en escena.

Esa forma de construirlo hace que hasta tu manera de caminar sea distinta, te da una certeza sobre todo lo que estás diciendo, de modo que parezca que lo dices por primera vez. Hace que tus parlamentos suenen más sólidos y tengas más certeza de por qué estás diciendo lo que dices”.

Del escenario, ambas coincidieron en que los tres frentes ante los que se movían en El Círculo Teatral, y en el que había tal proximidad con el público que casi los oían respirar, permitió una tensión y una intimidad muy particular.

Este nuevo espacio –el Teatro Milán– te da oportunidad de tener otro ritmo y otra forma de respirar el texto; los trayectos son más amplios y eso permitió también modificar varios trazos”, aseguró Mónica Huarte.

“Lobos por corderos” ofrecerá funciones todos los miércoles en el teatro Milán, hasta el próximo 24 de agosto.

Fotografías: Jaime Rosales Domínguez

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