Llevan a escena la amarga realidad de la industria del chocolate

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Jaime Rosales Domínguez.-

Niños chocolate” no es, como el título evoca, un cuento edulcorado, sino una lacerante realidad. La obra de Jaime Chabaud, dirigida por Alberto Lomnitz, actualmente en temporada en el Foro Sor Juana Inés de la Cruz del Centro Cultural Universitario de la UNAM, es una recordación del duro trabajo infantil esclavizado que persiste en las grandes capitales del mundo, a despecho de las leyes internacionales que lo proscriben.

Las grandes chocolateras francesas, belgas, suizas, alemanas y norteamericanas…saben de esa esclavitud y voltean la mirada. La próxima vez que usted coma un Kit-Kat o algún otro chocolate de esas grandes compañías no debería olvidar que consume un producto elaborado con el dolor y el desarraigo de la mano de obra infantil esclava”, apunta el autor en el programa de mano.

La puesta en escena de Lomnitz, sin embargo, tiene lo que podría denominarse una poética visual que sin suavizar los filos de la realidad que describe, nos entrega una pieza con un elevado sentido artístico.

Ninos chocolate 2

La escenografía de Edyta Rzewuska, la iluminación de Patricia Gutiérrez y el vestuario de Estela Fagoaga, tienen el mérito de traducir estéticamente esta realidad oscura, en una atmósfera igualmente oscura que se cierne sobre niños de Burkina Faso y de otras partes de África (y del mundo, con sus variantes), entregados (vendidos) a veces por sus propios padres para que los lleven allá, a la pizca y recolecta de vainas de cacao para la fabricación del dulce que esos infantes jamás paladearán en su vida.

La escenografía, un campamento en condiciones miserables delimitado por sacos de cacao listos para la comercialización, la tenue iluminación de 10 lámparas a medio gas colocadas en lo más alto del Foro y una historia ‒la de “Niaaba Tiguia” (Marisol Castillo), una menor de nueve años empeñada en buscar a sus padres y regresar a la escuela, la de sus amigos “Fatao” (Teté Espinosa) y “Kuwame” (Fabrina Melóm, quien además hace al capataz Papá Gyan) y la de “Thomas” (Alejandro Morales) un periodista incómodo para los intereses comerciales de los esclavistas‒ dan forma a este drama de tono político, pero resuelto con fino sentido de la estética escénica.

Este grupo de actores conforma Mulato Teatro, agrupación empeñada en visibilizar la tercera raíz de la mexicanidad: la negritud, si bien también explora temas como la marginación, la intolerancia y la discriminación.

Aunque “Niños chocolate” contiene una historia que ocurre como hecho teatral en el escenario, hay también una ruptura de la ficción vía la interpelación al público mediante datos y estadísticas acerca del trabajo infantil que efectivamente se verifica más allá o más acá de la ficción teatral, aunque siempre más cerca de lo que podemos sospechar.

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El elenco funciona como un ensamble de tan acoplado que se muestra en cada una de las evoluciones: ora en cámara lenta, ora huyendo despavorido de las botas-terremoto que los persiguen en un intento de escapatoria de aquella esclavitud.

La historia la narran los propios personajes y el público al que le toca sentarse sobre los costales dispuestos alrededor del foro debe en un pasaje de la obra echarse a la espalda aquellos costales y participar en el embarque del producto. Dotados de una lamparita proporcionada por la producción, esos mismos espectadores podrán iluminar a los personajes cuando lo juzguen pertinente en medio de la casi oscuridad que envuelve esta puesta en escena.

Debemos a Alan Uribe el exacto y estético trazo del movimiento corporal de los actores, a Leonardo Soqui la música y la dirección musical, asistido por Tareké Ortiz y a los músicos Eduardo Castellanos y Guillermo Silicedo, la ejecución de la música africana que da vida a la obra mediante percusiones, marimba y tambores.

“Niños chocolate” se presenta en el Foro Sor Juana Inés de la Cruz, del Centro Cultural Universitario (UNAM), sábados y domingos a las 13:00 horas del 22 de abril al 25 de junio.

Fotografías: Jaime Rosales Domínguez

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