Llega Avril y su mundo extraordinario

enero 26, 2018

Avril y el mundo extraordinario (Avril et le monde truque; Christian Desmares, Franck Ekinci; 2016), es una distopia ubicada en un París con silueta de dos Torres Eiffel, hacia 1941, en que aún no habría Segunda Guerra Mundial (ni hubo primera), y el previo en 1931, sin atisbos del nazismo, pero con relumbres de un mundo donde no se habría inventado energía eléctrica, ni se dependería aún del petróleo; más lleno de contaminación que hoy día, sombrío, gris en su atmósfera debido al uso intensivo de carbón, reminiscente en sus callejuelas del Londres Dickensiano de la Revolución Industrial.

Pulida metáfora desolada de una Francia regida por descendientes de Napoleón, fruto de las ramificaciones de haber ganado o perdido un conflicto bélico contra Alemania en la segunda mitad el siglo XIX.

Brillante cine de animación -más que para niños-, con mentalidad ecológica, de a lo que conducen ciertos experimentos, o si sus resultados salen de control, se elaboran pociones químicas combinadas por accidente, se transfiguren animales o eleven su potencial cerebral.

Aleación en grado elocuente temas concernientes a la inmortalidad, a las consecuencias de un error o falla, a gobernantes controladores de los sabios; la habilidad de estos para salvar sus creaciones y llevarlos a buen fin.

Policial, ciencia-ficción intrigante, gesta de una niña separada de sus padres, a quienes tratará de localizar, sin más acompañamiento del de un viejo gato émulo del de Lewis Carroll, llamado apropiadamente ‘Darwin’, parlante e inteligente (y se constará, con más de siete vidas). Más la deleitable secuencia final agregando información mediante imágenes televisivas, y con retratos para saber qué fue de los protagonistas; en suplemento del patrón de noticiero en una fase al principio.

La trama envuelve el descubrimiento de una fórmula pensada para el bien de la humanidad; la desaparición, secuestro, de los más importantes científicos (Enrico Fermi, Albert Einstein, entre ellos), que en nuestro mundo fueron determinantes con sus descubrimientos y creen haber sido reunidos para salvar a la Tierra y sacarla de esa oscuridad. La necedad de un detective empecinado cuya única motivación es hallar a ‘Avril’ (con voz de Marion Cotillard); la suerte que han corrido los padres de ella, enfrascados y contrapuestos en sus ideales y posiciones.

Filme sólido de aventuras, relación filial (y romance intervenido), y salvamento; de un abuelo docto (‘Pops’, en voz de Jean Rochefort) que por un decenio supo esconderse y reordenar su laboratorio, sus investigaciones, dar luz a sus ideas, en un recinto disfrazado que le ha servido de escondite en plena calle y será útil de nave transportadora.

Desde la connotación de los créditos iniciales, entre ficheros y documentos, aflora la inventiva de Frank Ekinci, el guionista y codirector con Christian Desmares, la amplitud de la fantasía, la elaboración de las áreas e instalaciones, futuristas y retro, de las máquinas y escondrijos; de los villanos, bestias disfrazadas con armadura para cubrir sus imperfecciones y erigirse; la utilización de los colores en la ambientación, y del rojo en las vestimentas de los científicos reducidos a peones; la inquietante multiplicidad de los hijos de los lagartos, de ahí se les bautice por número en vez de nombre.

Y remarcado el renacimiento del mundo, la vuelta de la naturaleza, de las verdes plantas, de un ambiente puro, nítido, de un porvenir soleado (el que deberíamos tener), la plausible vuelta al orden del mundo tras haber encallado.

Por: Leopoldo Villarello Cervantes

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