Leni Riefenstahl, la cineasta al servicio del régimen nazi

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Fernando Díaz Juárez.-

A su término, la Segunda Guerra Mundial arrojó un sinfín de historias de quienes fueron parte activa de ella: víctimas, victimarios, testigos y hasta artistas que se vieron “obligados” a trabajar para un régimen tan deleznable como sanguinario.

Una de esas creadoras fue la directora alemana Leni Riefenstahl, cuyos novedosos recursos expresivos, plasmados en diversos documentales, sirvieron a la causa ideológica más aborrecida de la historia, el nazismo.

Bailarina y actriz ocasional, provenía de una familia acomodada y aprendió el oficio cinematográfico en los sets de filmación. Hecho relevante si se toma en cuenta que en esa época hacer cine era un privilegio casi exclusivo para los hombres.

Cuando finalmente se sintió preparada, produjo y dirigió su primera película: “La luz azul” (Das Blaue Licht, 1932), con una historia que ella misma protagonizó y coescribió con el comunista Béla Bálazs. En ella una joven vive apartada de su aldea; debido a su soledad y extrañeza la gente la considera bruja.

La cinta llamó poderosamente la atención de Adolfo Hitler —un empedernido amante del cine—, tanto que le encargó filmar la Quinta Convención del Partido Nazi, en Núremberg.

Así nació “El triunfo de la voluntad” (1934), considerada por muchos especialistas como la película de propaganda más grandiosa de todos los tiempos. Con este filme, Leni Riefenstahl se convirtió en la cineasta oficial del llamado Tercer Reich.

En años siguientes, la realizadora germana filmó “Olimpiada” (1936), documental sobre los Juegos Olímpicos de 1936, en Berlín.

Además, ya con la aprobación del régimen nazi, filmó su propia adaptación al cine de “Tierra baja” (Terra baixa), obra teatral escrita por el dramaturgo catalán Ángel Guimerá, a finales del siglo XIX.

Para esta cinta “contrató” a 120 gitanos confinados en campos de concentración, sin embargo, en su momento quedaría inconclusa, pues tras la caída del gobierno encabezado por Hitler las tropas francesas confiscaron el material filmado.

En 1952, luego de pasar cuatro años encerrada en prisión por su vínculo irrefutable con el régimen nazi, Riefenstahl recibió el indulto y con éste el permiso de terminar el largometraje.

A su decir, “yo no sabía de política, sólo la filmaba. Nunca pensé en las implicaciones políticas de mis documentales”, argumentó constantemente.

Tras este vergonzoso episodio en su vida quiso retomar la actividad cinematográfica, pero al ver fracasado su intento optó por la fotografía, que la llevó a distintos lugares del planeta.

En 2002, cuando tuvo 100 años de edad y la élite artística seguía juzgando su pasado nazi, estrenó el documental “Impressions Under Water”, con el que intentó redimirse y mostrar su pasión por la fotografía acuática.

Un año después, aquejada por los intensos dolores de espalda que controlaba con morfina, Leni Riefenstahl murió, dejando solo a su compañero sentimental Horst Kettner, 42 años más joven que ella.