“Las musas huérfanas”: Confrontación de seres marcados por el abandono

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Jaime Rosales Domínguez.-

Se hacen llamar “Los Cuatro Gatos Linklater” por ser los únicos en México que enseñan ese método del uso de la voz con autenticidad y convicción. Estos cuatro maestros (Llever Aiza, Tania González Jordán, Carmen Mastache e Indira Pensado) que han impartido esta técnica en escuelas de arte dramático como el Colegio de Literatura Dramática y Teatro (FFyL-UNAM), el Centro Universitario de Teatro (CUT), la Escuela Nacional de Arte Teatral (ENAT-INBA) y en el Centro de Estudios para el Uso de la Voz, se embarcan ahora en su primer proyecto escénico y lo hacen asumiendo riesgos.

Han elegido “Las musas huérfanas”, del escritor quebequense Michel-Marc Bouchard, una pieza preñada de emotividad que logran resolver a partir de una expresión genuina de los sentimientos, engaños y autoengaños, heridas y traumas que habitan sus personajes, a partir de la orfandad en que han vivido.

Boris Schoemann, quien dirige la puesta en escena, realiza un trabajo muy cuidadoso en cuanto a la forma en que se enuncian las palabras, pues en esta obra de Bouchard la palabra tiene una función dramática muy elocuente, ya que los personajes al decir hacen: se reclaman, se ofenden, se burlan, se lastiman, se engañan.

Resulta sugerentísimo cómo una de las tres hermanas, ‒”Isabel Tanguay”‒ afectada por algún grado de Síndrome de Down –algo que solo se indica, pero no se representa‒ escribe las palabras que no entiende de cualquier conversación y pide que le definan su significado, pues esa comprensión, que le resulta imprescindible, está más allá de la necesidad de comunicación y se acerca a un imperativo ético:

Cuando se sabe qué quieren decir las palabras y se sabe cómo usarlas, uno es más libre y está más cerca de la verdad”, dice en uno de sus parlamentos.

Musas huerfanas 2

Pero ese es apenas uno de los símbolos de los varios que están en la pieza. El eje de todos acaso sea, como lo sugiere el título de la obra el de la orfandad y el abandono de la madre y cómo eso afectó el ulterior desarrollo de cada personaje: “Luc”, el único hermano varón, no podría afirmarse que es gay, pero insiste en ataviarse con los vestidos a la usanza española que la madre dejó; “Katrine”, incapaz de sostener relaciones amorosas duraderas; “Martin” ingresó al ejército, está emplazada en Alemania y no oculta su orientación sexual por las mujeres, y la ya mencionada “Isabel”, puesta al cuidado de Katrine, y a cuya iniciativa se han reunido los cuatro hermanos, en plena Semana Santa, porque se les ha anunciado que la madre se reunirá con ellos, tras años de ausencia.

En el espacio de la espera se producen o salen a flote los agrios reclamos que cada uno tiene por los demás, el dolor no procesado de aquella pérdida materna que según se advierte dejó una profunda mutilación en cada uno de aquellos hermanos que ahora se ven enfrentados y obligados a desterrar así sea mediante otra impostura: el interminable libro que “Luc” por fin concluyó y que titula “Correspondencia de una reina de España a su hijo amado”, en el que pretende que la madre, le dedicó aquellas misivas.

Sin escenografía, apenas una mesa y unas sillas pues, como apuntamos, aquí rigurosamente el lenguaje, las palabras tienen una fuerza no únicamente sonora, sino visualmente expresiva.

“Los Cuatro Gatos Linklater” despliegan un pleno dominio escénico y una energía cuyo control mantienen en el justo tono para tejer la densa atmósfera en que vive atrapado aquél cuarteto de hermanos que, en un inesperado final, se encuentran con una revelación que en sus circunstancias de seres irredimidos resulta algo así como mentar la soga en la casa del ahorcado. El efecto dejará cimbrados a todos.

“Las musas huérfanas” es una joya en la que brillan el texto y un planteamiento que hurga en los quebrantos de carácter producidos por la pérdida del asidero materno, por el abandono.

Con este montaje Boris Schoemann completa la traducción y dirección en México de las obras de Michel Marc-Bouchard, pues antes hizo lo propio con “Los endebles”, “El camino de los pasos peligrosos”, “Tom en la granja” y “Bajo la mirada de las moscas”.

En “Las musas huérfanas” participan además Rodrigo Sosa, a cargo de escenografía y vestuario, y Edgar Sánchez, en la iluminación. Las funciones son los martes del 14 de febrero al 25 de abril en la Sala Novo del Teatro La capilla.

Fotografías: Jaime Rosales Domínguez