La visión de la sociedad iraní hecha cine en “Taxi Teherán”

agosto 18, 2016

Por: Redacción

Omar Villalpando.-

El cineasta Jafar Panahi maneja un taxi amarillo por las vibrantes calles de Teherán, recogiendo a un grupo diverso de pasajeros en un solo día. Cada hombre, mujer y niño que aborda el vehículo expresa abiertamente su propia visión del mundo, mientras es entrevistado por el director/conductor.

Su cámara, colocada en el tablero del auto, logra capturar un pedazo del espíritu de la sociedad iraní mientras explora la frontera entre la realidad y la ficción.

Este es el argumento de “Taxi Teherán” (2015), la tercera producción que el iraní realiza bajo el arresto artístico que le fue impuesto desde 2010, y que desde hace unos días puede verse en la Cineteca Nacional de la Ciudad de México.

Siguiendo los pasos del recién fallecido cineasta Abbas Kiarostami, Panahi realizó un sondeo de las calles de Teherán aprovechando la posición de chofer para ocultar su rol de documentalista.

Más de 20 años después de haber trabajado como asistente de dirección en “A través de los olivos” (1996), dirigida por Kiarostami, el iraní recurrió a la docuficción callejera que su mentor hizo famosa en “Ten” (2002), en donde los pasajeros del automóvil podrían ser ciudadanos incautos o actores no profesionales.

Taxi 2

Entre las personalidades que viajan en su taxi sobresale la sobrina del director, una niña que reflexiona sobre la incongruencia de los reglamentos de cinematografía en Irán, al realizar un proyecto escolar con la ayuda de su tío.

Asimismo figura la abogada y activista Nasrin Sotoudeh, quien viaja a una prisión para visitar a una mujer en huelga de hambre, haciendo referencia a la propia vida política de Panahi.

Hace seis años, el cineasta fue arrestado bajo el cargo de crear propaganda antigubernamental en contra de la República Islámica de Irán. La sentencia incluía una condena en prisión —que no tuvo que cumplir—, la imposibilidad de dejar el país y 20 años de prohibición sobre su labor cinematográfica.

Así, en total clandestinidad, filmó dos largometrajes: “Esto no es una película” (2011) y “Pardé” (2013), con las que mostró su carácter humanístico, y en el caso de “Taxi Teherán”, la división fílmica del gobierno iraní, conocida como Cinema Organisation, celebró públicamente al filme por haber ganado el Oso de Oro en el Festival de Cine de Berlín.

Tras su exhibición en ese encuentro fílmico la cinta recibió el Premio FIPRESCI por su valentía “personal y artística”, demostrando ser una obra que trasciende las restricciones estatales que obstruyen la libertad de expresión, para mostrar un reflejo honesto de una nación.

Relacionados

Anunciate en Filmweb