La pertinencia histórica de “La sombra del caudillo” en el cine mexicano

noviembre 19, 2016

Por: Redacción

Gustavo Ambrosio Bonilla.-

No hay mejor novela que diseccione los vicios, luchas, agravios y corruptelas del círculo político mexicano en las épocas post revolucionarias, que “La sombra del Caudillo”, de Martín Luis Guzmán,  llevada al cine por Julio Bracho.

Aunque los sucesos narrados por ambas disciplinas artísticas se ubican en la época post revolucionaria, no cabe duda que los hechos ahí retratados son una muestra fiel de las herencias arrastradas en cuestión cultural y ética del sistema político mexicano actual, lleno de podredumbre y desazón.

La historia narra la lucha encarnizada entre el ambicioso Hilario Jiménez (representación de Plutarco Elías Calles interpretada por Ignacio López Tardo) e Ignacio Aguirre (Francisco Serrano, encarnado por Tito Junco) por ser los sucesores en la presidencia de la República precedida por “El Caudillo” (Álvaro Obregón), quien no duda en jugar sucio para beneficiar a su delfín, el general Jiménez.

La novela fue publicada en España en 1929, pues Martin Luis Guzmán tuvo que huir de México por su desacuerdo con la elección del llamado “Jefe Máximo”. Desde allá se enteró del asesinato de Francisco Serrano el 3 de octubre de 1927 por oponerse a la reelección de Álvaro Obregón, “El caudillo”.  Pese al intento de boicotear su publicación en nuestro país, el libro salió a la venta y el escritor y ex villista Luis Guzmán se ganó el odio perpetuo de Calles.

Años más tarde el prestigiado director de cine, Julio Bracho, quien había realizado trabajos como “¡Ay, qué tiempos Señor Don Simón!”, y “La virgen que forjó una patria”, decidió llevar a la pantalla grande la truculenta historia en el sexenio de Adolfo López Mateos.

Después de eso, el gobierno y los militares censuraron la película y confiscaron todos los rollos un día antes del estreno; durante más de 30 años duró el bloqueo por considerarla “ofensiva para los militares y políticos”. La carrera de Bracho se vio afectada y se le negaron financiamientos, hasta que prácticamente lo inhabilitaron como realizador.

Año tras año, se pedía el regreso del filme para poder ser proyectado. Finalmente, tras el argumento de “se perdieron las copias”, se convirtió en la mítica película “maldita” del cine mexicano.

Julio Bracho moriría con su carrera socavada en 1978, pero en los ochentas, copias en video clandestinas comenzaron a circular. Ya para el 25 de octubre de 1990, la cinta fue exhibida en un formato 16 mm, diferente en la que fue filmada (35 mm), con autorización de Carlos Salinas de Gortari.

Afortunadamente, tras el boicot, ahora tanto la película como el libro se pueden conseguir fácilmente y están dispuestos a ser parte del imaginario colectivo y cultural de la sociedad, muestra de ello son las diversas ediciones publicadas de la novela, así como los numerosos DVDs disponibles en tiendas de discos y de películas.

Además, el director de cine Felipe Cazals tendrá como personaje, en su nueva película “El ciudadano Buelna”, al autor de esta historia basada en hechos reales: Luis Martin Guzmán, quien será interpretado por Andrés Montiel.

No cabe duda de la pertinencia de esta historia en la actualidad nacional, campañas y elección para presidente de México, como se reflejó en la prohibición hecha por los gobiernos de Calles y luego del priismo, en cualquiera de sus dos versiones, cinematográfica o literaria.

“La sombra del caudillo” tiene una relevancia reflexiva para un público ávido de respuestas ante una siniestra maquinaria política, pues desenmascara a los actores del poder, muestra las raíces del partido que gobernó por más de setenta años, recuerda la herencia corrupta de entonces filtrada a todos los niveles partidistas de hoy en día, y aterriza en una realidad al parecer lejana, pero más cercana de lo que aparenta.

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