“La Nena” presenta el desamor entre una madre y una hija

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Hace meses no asistía al teatro -por motivos de salud-, una escapada esporádica por la cercanía a mi hogar y el apoyo de un amigo. Tuve la suerte de asistir a un gran montaje intitulado La Nena, de uno de los más destacados dramaturgos contemporáneos, Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio (LEGOM). El citado autor domina y aborda prácticamente todos los géneros, sin embargo, destaca su manejo del humor, fino pero negro, lo que produce en el espectador la ambivalencia risa-sufrimiento.

En La Nena, un encuentro de desamor -casi llegando al odio-, entre una madre y su hija. La primera, aparentemente, padece de cáncer terminal en el hígado, a ciencia cierta no queda claro porque la noticia de la comunica su sirvienta, además el diagnóstico procede de un doctor quien perdió su licencia décadas atrás. Un encuentro físico, un desencuentro sentimental; reproches, injurias sin piedad alguna; el alcoholismo de la madre frente a la indiferencia de la hija; frustraciones, remembranzas de hechos traumáticos. En fin, una relación, como se dice en forma coloquial, de perros y gatos.

La dirección está a cargo del joven Omar Olvera, pulcra, acertada, un gran trazo y aprovechamiento del espacio. Compenetrado con los personajes, con su psicología, a pesar de la trama nunca los lleva a exabruptos, la clama envuelve el caos emocional.

Se inclina por una escenografía realista –Pedro Pazarán-, sin embargo todo el escenario está invadido por naranjas, ahí se altera el realismo, el simbolismo de los cítricos queda a la deriva-al menos para mí-, desde mi particular punto de vista podría prescindir de ellos, nada se modificaría y la estética se sobre pondría.

Un vestuario sencillo: la madre un camisón, la hija ropa casual; una iluminación casi fija, no por falta de creatividad sino por la limitaciones del espacio.

Las actuaciones corren a cargo de Evangelina Martínez (la madre) y Laura Castro (la hija). Evangelina sencillamente impresionante, la actriz le da su tiempo a esa mujer mordaz, al personaje la maldad le brota por toda la piel, su histrionismo y experiencia hacen de su participación un deleite actoral; se compenetra con el género, proyecta la amargura y sobre todo la soledad -más emocional que física, logra proyectar lo anterior con una mezcla de arrepentimiento e intento de reivindicación lo cual enriquece al personaje, sólo una histrión alcanza esos niveles.

Por su parte, Laura Castro alterna con Evangelina acorde con los requerimientos del texto, no se amedrenta frente a la primera actriz, en forma natural asume la indiferencia ante su madre en forma creíble. Es grato encontrar juventud y madurez, es de esperarse los productores le den más oportunidades.

Lamentablemente asistí cuando está por terminar la temporada en el bello y agradable Hostal Regina, quede esta nota como constancia del excelente montaje de La Nena, de LEGOM.

Por: Alejandro Laborie Elías

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