Sin imágenes para hacer cine: La mente ciega de Alejandro Hernández Murillo

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Kansšiži. Así se llama la última obra de Alejandro Hernández Murillo, premiada Mejor Película experimental en el International Montly Film Festival en marzo 2017. También escritor, el director de 44 años nos habla de lo que implica el fenómeno que le afecta: la afantasía.

- En tus libros como en tus películas, tienes un estilo muy proprio. ¿Cómo lo defines?

Mi estilo es el drama. Hice una película de terror basada sobre una leyenda japonesa, ‘Espectros’, pero realmente el género que me conviene es el drama.

Hablo de la soledad, la demencia, el suicidio, las enfermedades psiquiátricas y físicas. De hecho, mis papás son médicos y cada año recibía el manual Merck que lista todas las enfermedades conocidas. Es mi libro de cabecera. Me da ideas para crear personajes”.

- Creo que tú también tienes una enfermedad...

No es una enfermedad, es una condición. Se llama afantasía y es la imposibilidad de crear imágenes en tu mente. Por ejemplo, no puedo cerrar los ojos e imaginar que estoy en la playa. Y si veo la foto de una persona, tampoco logro conservar su rostro. Sus facciones se borran. Eso plantea problemas cuando debo reconocer a alguien en las calles... Hasta mis parientes dicen que soy arrogante porque no les saludo cuando nos encontramos, pero es solo que no les reconozco”.

- ¿Cómo influye esta condición sobre tu escritura de guiones?

No puedo visualizar lo que estoy escribiendo. Entonces, mi manera de redactar es muy sensorial. Narro lo que sienten los personajes, las emociones que generan sus acciones. Pero ellos mismos se limitan a una descripción física básica, sin muchos detalles.

Cuando tengo que elegir actores, la verdad es que no sé lo que estoy buscando. Debo pedir la ayuda de alguien para que me diga: ‘él se parece más a tu personaje’, y yo sólo me encargo de comprobar si actúa bien. Además, como director siempre hago muchos ensayos porque necesito ver las escenas para decidir dónde poner la cámara”.

- Ahora, la obra fílmica que da que hablar es Kansšiži, tu última película.

En marzo ganó el premio de la Mejor Película experimental del International Montly Film Festival de Londres, y ahora está en la selección oficial del AM Egypt Film Festival, que empieza el 28 de agosto.

Nació de una idea sencilla. Estaba de vacaciones por Europa y un amigo, Ignacio González, me aconsejó grabar lo que se me ocurría. Así empecé, sin saber que iba a contar. Filmaba los lugares que visitaba, escenas de calles. Pero tuve que meter un personaje, entonces comencé a grabarme caminando, cara fija. Al principio me era incómodo: no me gustan los selfies, siempre se me han hecho una tontería. Pero poco a poco llené la cámara de videos y creé la historia”.

- Justamente, ¿Qué cuenta esta película al nombre tan extraño?

"‘Kansšiži’ es un término que inventé en uno de mis libros. Significa un ser que está vació por dentro, que no tiene razón para vivir. Mi película trata de un hombre que anda buscando a su hija y a su esposa que le abandonó. Juntos, tenían el plan de viajar por el mundo así que él empieza este viaje en búsqueda de las mujeres que ama.

Es un estilo experimental y muy anticonvencional, además de ser sin presupuesto. Entonces no podía proponer el rol a cualquier actriz. Escribí un perfil psicológico de la esposa en cinco páginas, lo presenté a Suliana González, algunos la reconocerán: fue Miss México 2000, ella lo analizó y aceptó”.

- Entonces, ¿dirías que hacer una película de calidad sin presupuesto es posible?

Claro que sí. Yo sólo tenía una cámara pequeña. Si no tienes luces, evita las escenas de noche; si no tienes micrófono, trabaja el sonido en la edición, entre otros factores. Sólo necesitas imaginación. Y mira que yo no tengo la capacidad de visualizar. Pero si metes una intención narrativa, planos bien hechos, una buena composición: ya tienes todo lo necesario para hacer una película.

Los directores principiantes creen que necesitan dinero y les da miedo que su película se vea mal, no profesional. Les preocupa mucho lo que opinan los demás. Yo, con esta afantasía, no siento empatía así que no me importa la opinión de los otros. puede ser una ventaja”.

Por: Aurore Bayoud