“La delgada línea amarilla”: Una conmovedora road movie para reír y llorar

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Fernando Díaz Juárez.-

La entrañable y conmovedora historia de cinco hombres que se embarcan en el azaroso trabajo de pintar líneas en una carretera, cada cual con sus problemas y dolorosos recuerdos familiares, ha llegado a cartelera en 142 pantallas bajo el nombre de “La delgada línea amarilla”, dirigida por el mexicano Celso García.

De acuerdo con el realizador, la idea de hacer el filme -producido por Guillermo del Toro, Bertha Navarro y Alejandro Springall- nació en 2008, cuando hizo un viaje en carretera de Guadalajara a San Luis Potosí.

Durante el trayecto se topó con una cuadrilla de hombres que, bajo la llovizna, pintaban líneas en el pavimento para dividir ambos carriles.

Esa imagen de cuando corren a resguardarse de la lluvia se me quedó muy grabada; me gustó mucho y consideré que había algo para contar. Me pregunté de dónde venían esos hombres, de qué hablaban mientras trabajan, con qué sueñan”, ha dicho García.

Esta comedia dramática narra la historia de “Antonio” (Damián Alcázar), un hombre maduro que luego de trabajar durante varios años como velador en un deshuesadero de carros, es sustituido por un perro guardián.

Solo, atormentado por el recuerdo de una esposa muerta y un hijo al que no ha visto en más de una década, se reencuentra con el ingeniero (Fernando Becerril) para el que alguna vez trabajó en la construcción de una obra.

Linea amarilla 2

Tras verlo sin muchos ánimos lo emplea de nuevo en una misión casi titánica: le encomienda pintar las líneas amarillas de 245 kilómetros de carretera en sólo 15 días, antes de que comience la temporada de lluvias.

En ese viaje el testarudo y malhumorado “Antonio” no está solo; le acompañan tres hombres que cargan sus respectivos costales con sueños y problemas.

“Gabriel” (Joaquín Cosío) es un trailero que ha dejado de manejar debido a su escasa visión; “Mario” (Gustavo Sánchez Parra) está recién salido de la cárcel pero quiere regenerarse; el joven “Pablo” (Américo Hollander) huyó de casa debido a problemas familiares; y “Atayde” (Silverio Palacios) extraña su casa y a su esposa.

A pesar de sus personalidades tan dispares, en medio de risas y situaciones cómicas, los cinco deben convivir para pintar la carretera bajo un sol abrasador y con temperaturas casi asfixiantes, no sin sortear los regaños de “Antonio” y tener la compañía de una simpática perra a la que bautizan como “Canela”.

Muchas veces nos cruzamos  con estos hombres cuando vamos en la carretera, y en dos segundos los dejamos de ver, nunca más volvemos a saber nada de ellos.

Creo que valía la pena contar una historia de ellos, hacerles un homenaje por su trabajo y también hablar del lado masculino, pues pocas veces se aborda la parte sentimental de los hombres en el cine mexicano”, dijo Celso García.

Se trata de una road movie en la que no todo es miel sobre hojuelas, y su final trágico conmueve a más de un espectador, haciéndolo transitar por distintos estados de ánimo.

De acuerdo con el cineasta, “La delgada línea amarilla” es el fruto de seis intensos años de trabajo: desde 2008, cuando tuvo la idea de realizar la película, hasta 2014, que finalmente pudo filmarla durante seis semanas en los alrededores de San Luis Potosí.

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